Buitres en el cielo de Somalia
Mientras se escriben (o se leen) estas líneas, cientos de miles de personas caminan como espectros por los pedregales de Somalia, sin comida ni agua. Se dirigen a la ciudad de Mogadiscio, a los campos de refugiados de Kenia (Dollo Ado y Dadaab tienen tanta población como Valencia), a Yibuti, a cualquier sitio, en oleadas fantasmales. Muchos no llegan: se desploman en el camino. Somalia está sufriendo la sequía más espantosa que se ha visto desde la Segunda Guerra Mundial, y la tercera parte de la población puede morir de hambre y sed. Es un festín para los buitres que dan vueltas en el cielo, pero sobre todo para los que hay en tierra: los bandos aletargados en una eterna e irresoluble guerra civil que se dedican a comerciar (o, sin más, a saquear) los camiones de ayuda internacional que hasta hace poco ni siquiera dejaban pasar, porque eran infieles.



