Yihadistas en Ceuta y Melilla

13 / 10 / 2015 Fernando Rueda
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El control de la población musulmana de las dos ciudades españolas es cada vez más difícil: 15.000 personas cruzan diariamente la frontera con Marruecos por unos pasos que carecen de sistemas de identificación y seguridad eficaces

La presión migratoria en las fronteras de Ceuta y Melilla con Marruecos se ha multiplicado por tres en los últimos años. Hay 3.000 yihadistas en Marruecos que han regresado de combatir en Siria e Irak. Existen varias mafias dedicadas a la venta de identificaciones falsas para atravesar por los cuatro pasos fronterizos de las dos ciudades. Son tres de los datos que han producido una grave preocupación en la Policía y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), debido en gran parte a la escasez de medios con que se cuenta para controlar el tráfico de personas que diariamente trata de pasar desde el país vecino.

Los golpes que reciben los grupos yihadistas en España no paran de producirse, gracias a que España es uno de los países europeos más capacitados en la lucha contra el terrorismo islamista. Tras el 11-M, la Policía Nacional, la Guardia Civil y el CNI se pusieron las pilas y aumentaron considerablemente su número de efectivos y los medios para hacer frente a la amenaza. Ese esfuerzo ha sido reconocido por los países aliados de Occidente, que tienen en alta estima su capacidad para obtener información de esos peligrosos grupos. Incluso el servicio secreto de Marruecos ha establecido una relación con sus colegas españoles nunca vista hasta ahora. Para ellos, la amenaza islamista es muy grande y han encontrado en España un importante aliado, incluso por encima de su tradicional amistad con el espionaje francés.

Sin embargo, el peligro no ha hecho más que crecer durante el último año, aumentando el riesgo de un atentado en suelo español. Según fuentes policiales, Ceuta y Melilla se han convertido en dos ciudades en las que el control de la población musulmana es cada vez más complicado, lo que conlleva que los islamistas que se ocultan en ellas disponen de mayor capacidad y facilidad a la hora de conspirar para cometer atentados.

El número de sospechosos ha aumentado de forma exponencial y, lo que es peor, en los conflictivos barrios de El Príncipe y la Cañada de la Muerte, existe tal sobrepoblación que los servicios de seguridad no son capaces de identificar a muchas de las personas que allí viven, muchas de las cuales podrían no ser ciudadanos marroquíes normales en busca de una solución alternativa a la pésima vida que llevaban a su país.

Regresar para atentar. Marruecos estima en unos 3.000 el número de sus ciudadanos que han luchado con el Estado Islámico (EI) y Al Qaeda en las guerras de Siria e Irak y que han retornado al país. Muchos de ellos podrían haber regresado para cometer atentados en África y Europa.

Los servicios de información e inteligencia han detectado la presencia de cientos de ellos en ciudades como Tánger, Nador o Tetuán, cercanas a Ceuta y Melilla, lo que hace prever su deseo de llegar a España o a otros países europeos pasando las fronteras de esas dos plazas.

La lucha antiterrorista tiene en los cuatro pasos fronterizos existentes un agujero de seguridad. De entrada, son más permeables que otros porque tienen un tráfico de personas mucho más alto, desbordante en algunos momentos, lo que dificulta sobremanera el trabajo de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado españoles. Diariamente son 15.000 personas las que atraviesan las fronteras, muchas de las cuales son ciudadanos que llevan todo tipo de productos para vender en las ciudades españolas.  

Hasta hace cinco años existía un sistema de control de visitantes que garantizaba la identificación y control de cada una de las personas. Se trataba de un sistema automático de identificación que, sin embargo, fue desmontado sin ser sustituido por otro de iguales garantías. El método que se aplicaba consistía en tarjetas que se entregaban a esos miles de porteadores que diariamente llevaban sus productos a Ceuta y Melilla, que los entregaban en las tiendas españolas y luego regresaban a Marruecos para intentar hacer más viajes y aumentar sus ingresos. Este comercio mueve al año 1.500 millones de euros y da trabajo a tantas personas que es imposible regularlo.

Sin garantías. El secreto de este tipo de control estaba en el contenido de las tarjetas que llevaban obligatoriamente esos miles de porteadores. Incluían la foto del hombre o mujer, sus datos personales y un chip con su huella digital. Al llegar a la frontera, cada porteador tenía que introducir en una peana su tarjeta, poniendo al mismo tiempo su huella dactilar, lo que demostraba que era la persona que había recibido la autorización para llevar a cabo ese trabajo. Cuando realizaba esa sencilla operación, quedaba grabada la información en una base de datos de la Policía, que mostraba automáticamente el tránsito de cada día.

Así, la Policía sabía instantáneamente quiénes no habían regresado a Marruecos y evitaba que algunos cedieran su identificación a otra persona que quería pasar a Ceuta y Melilla sin ser detectada. En este momento, sin ese sistema, se carece de las garantías necesarias para evitar que yihadistas se cuelen sin control en España.

MAFIAS AL SERVICIO DEL YIHADISMO

Un negocio floreciente en Marruecos es el de ofrecer identificaciones originales a personas que quieren pasar a España y quedarse a vivir ilegalmente, según han detectado las fuerzas de seguridad alauitas. Las autoridades del país de Mohamed VI entregan a los residentes en ciudades como Nador un documento especial que les permite pasar a Ceuta y Melilla con mayor facilidad. Estas mafias los compran para venderlos a personas procedentes de otras regiones para que puedan entrar en España. Muchos de ellos son yihadistas deseosos de prolongar sus actividades terroristas en España.

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