Vestigios que sobreviven al dictador
Los monumentos alegóricos del franquismo se pueden contar con los dedos de la mano, aunque tienen gran visibilidad
Si el dictador levantase la cabeza vería que ya no quedan apenas recuerdos de su legado dentro de las Fuerzas Armadas. El Ejército pasaba por ser la última institución en la que se podían ver algunos objetos alegóricos del Caudillo y su régimen en forma de placas, escudos, vidrieras, estatuas, monolitos conmemorativos del bando nacional y alguna que otra escultura ecuestre en pleno siglo XXI. Más de 400 objetos de origen franquista se ocultaron o retiraron la pasada legislatura. La culpa la tuvo la Ley de la Memoria Histórica, que obligó a todos los ministerios a realizar un exhaustivo inventario. Y sobre Defensa se posaron todas las miradas. De esos 400 objetos franquistas, solo una docena plantearon problemas logísticos para su desmontaje o se catalogaron como parte del patrimonio histórico, por lo que fue el Ministerio de Cultura el que tuvo la última palabra. El más controvertido de ellos fue la vidriera que hay en el comedor de gala de la Academia de Infantería de Toledo, colocada en 1948 y en la que aparece un escudo franquista de grandes dimensiones. El problema que planteó el Ejército de Tierra es que su proceso de demolición y colocación de una nueva vidriera costaba 240.000 euros, un gasto excesivo para los tiempos de crisis. Otra vidriera con el águila de San Juan que fue amnistiada fue la de la sede del Banco de España en Alicante, mientras que en el edificio del Estado Mayor de la Defensa se indultó un mosaico exaltador del bando nacional que se colocó en su entrada.


