Una nefasta relación personal

16 / 02 / 2016 Cristina de la Hoz
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La falta de interlocución entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez es fruto de un escaso trato basado en la desconfianza y el rechazo personal.

Mariano Rajoy recibe en La Moncloa a Pedro Sánchez, cuando fue nombrado secretario general del PSOE, en julio de 2014.

No fue un calentón al albur de la marcha del debate. Aquel 14 de diciembre en que se celebró el único cara a cara electoral entre los líderes de los dos principales partidos, el candidato socialista, Pedro Sánchez, llevaba en mente cuestionar la actuación de Mariano Rajoy en la lucha contra la corrupción acusándole de falta de decencia o de honestidad. Se inclinó por la primera opción y se quedó “muy a gusto”, tal y como él mismo confesó a su círculo más estrecho. Aquel enfrentamiento –con Rajoy tildándole de “ruin”–, constituyó la foto fija de una relación nefasta entre ambos que se retrotrae a los inicios de Sánchez al frente del PSOE y que el paso del tiempo no ha contribuido más que a empeorar.

Los motivos responden a una falta de sintonía personal más que política. De hecho, Rajoy mantuvo una buena relación con el antecesor de Sánchez, Alfredo Pérez Rubalcaba, a quien en su momento intentó convencer para que no dejara el liderazgo del primer partido de la oposición.

Semejanzas. Hay quien ha comparado en los entornos de Moncloa y Ferraz la relación del líder del PSOE y del presidente en funciones con la que mantuvieron en su momento Felipe González y José María Aznar, basada en la desconfianza y hasta en el rechazo personal. “Se llevan igual de mal”, subrayan fuentes populares, las mismas que deslizan que le resulta a Rajoy más fácil la interlocución con otros destacados socialistas como los propios González y Rubalcaba, antes citados, o con José Bono, aunque esta afirmación también tenga mucho de ataque contra Sánchez.

Lo cierto es que la mala relación personal incide de forma muy notable en las dificultades de diálogo de ambos dirigentes, tal y como se ha puesto de manifiesto en el complicado escenario político abierto tras las elecciones generales. Es improbable que con otros liderazgos PP y PSOE se hubieran puesto de acuerdo para dar una respuesta conjunta a la gobernabilidad del país, pero, al menos, habrían mantenido un cauce de comunicación. Ni siquiera quisieron escenificar el acuerdo alcanzado para la Mesa del Congreso de los Diputados, que preside Patxi López. Albert Rivera, como mediador necesario de ese acuerdo, intentó una foto conjunta que el popular y el socialista declinaron, una muestra más de esa “guerra fría” de la que habla el líder del partido naranja.

Desde Moncloa se quejan de que Sánchez acudió a su cita del pasado día 23 de diciembre con un “no” colgado de la boca. Apenas se sentaron ambos en los sofás blancos de las visitas, el líder del PSOE dejó muy claro que “no tenía nada que negociar ni hablar con Rajoy”, recuerdan fuentes gubernamentales, por lo que la reunión no transcurrió precisamente en el mejor de los ambientes y apenas dio para 20 minutos. La interlocución se cortocircuitó, al menos durante un mes, y en esto las versiones no son coincidentes. El vicesecretario de Comunicación del PP, Pablo Casado, reveló el lunes 8 en rueda de prensa que Rajoy y Sánchez tenían previsto haberse reunido el 18 de enero, pero que el socialista canceló el encuentro sin motivo. Desde Ferraz lo niegan. Ese día, el aspirante socialista a la presidencia del Gobierno visitó en Murcia a los trabajadores en huelga de la empresa de zumos Juver, viaje organizado desde varios días antes.

Un acercamiento relativo. “En Moncloa están algo desesperados”, dicen desde Ferraz, y aprovechan para recordar que cada vez que ha habido una aproximación en asuntos de Estado “ha sido Pedro Sánchez el que ha levantado el teléfono”, bien para hacer un frente contra el terrorismo yihadista bien para advertir a los independentistas catalanes de que la unidad de España no se rompe. Bien es cierto que el secretario general del PSOE sacó a Rajoy de su agenda de encuentros destinados a la formación de un futuro Gobierno por entender que el PP no entraba en su ecuación aritmética. Hasta el día que recibió el encargo del Rey, el martes 2 de febrero, para ir a una sesión de investidura. Dijo entonces que hablaría con el PP “porque representa a siete millones de españoles”. El acercamiento se ha producido, pero Sánchez no reconoce a Rajoy como interlocutor para alcanzar una fórmula de Gobierno, ni siquiera si necesitase la abstención del PP para que prosperara un acuerdo con Ciudadanos.

Ante las dificultades para el diálogo de los líderes surgen los contactos de los segundos y terceros niveles. “Los Hernando” esto es, Rafa Hernando por el PP y Antonio Hernando por el PSOE, están condenados a hablar sobre muchas cuestiones que afectan al Congreso de los Diputados, donde son portavoces de sus respectivos grupos parlamentarios. Más de fondo es la interlocución de dos personas muy próximas a los máximos líderes de uno y otro partido: se trata del director de gabinete de Rajoy, Jorge Moragas, y del que ocupara el mismo puesto en Moncloa con José Luis Rodríguez Zapatero y ahora asesor de Sánchez, José Enrique Serrano. Cenaron el 21 de enero para sondearse mutuamente sobre la posibilidad de una abstención que haga posible la investidura del partido adversario. Tampoco llegaron a ningún acuerdo.

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