Un asunto de familia
Londres marcó su juventud y su padre ya le apartó una vez de la política madrileña, los dos factores, el británico y el familiar, que han dejado ahora fuera de juego a José Manuel Soria.
Una semana después de que su nombre apareciera en los papeles de Panamá, en realidad por una empresa offshore afincada en el paraíso fiscal de Las Bahamas, José Manuel Soria volvió a darse de bruces con dos capítulos que marcaron su vida, para bien y para mal. El exministro de Industria renunciaba al puesto que ocupaba en funciones desde las elecciones del 20-D y también dimitía como diputado y presidente del PP canario. Un asunto familiar –desconocido u opaco, según quién hable– ha devuelto a Soria a Canarias, por algo ligado al Reino Unido. Dos factores, el familiar y el británico, con los que tuvo grandes alegrías en su niñez y juventud y que le han obligado a descabalgarse de una carrera política a la que quizá aún le quedaban capítulos de éxito.
De Solchaga a Canarias
Tras abandonar todos sus cargos, el plan de Soria ahora es “cerrar” su casa de Madrid y regresar a Canarias. No es la primera vez que vuelve de una manera inesperada. Ya le ocurrió en 1990, cuando el repentino fallecimiento de su padre, José Manuel Soria Segovia, le hizo abandonar el gabinete del ministro socialista de Economía y Hacienda, Carlos Solchaga, en el que trabajaba. Soria llegó allí recién aprobadas las oposiciones de técnico comercial del Estado, uno de los cinco cuerpos de élite del funcionariado de los que Mariano Rajoy se ha rodeado durante toda la legislatura. “Es un buen economista, aunque muy facha”, dijo de él Solchaga, según recoge en su libro Hechos probados el periodista canario Carlos Sosa, bestia negra del exministro por sus investigaciones y sus enfrentamientos con él en los tribunales.
Aunque de una formación distinta en la que años después escalaría hasta llegar a vicepresidente de Canarias, ministro y, según dicen las malas lenguas, aspirante a suceder a Mariano Rajoy en el Partido Popular, se atribuye al gabinete de Solchaga el escenario donde Soria empezó a cogerle gusto a la política. Una afición que se vio interrumpida de manera abrupta por el fallecimiento de su padre. Se disculpó ante el ministro y abandonó su oficina para regresar a Las Palmas y encargarse de los negocios familiares, herederos de una larga tradición de productores hortofrutícolas y exportadores del producto estrella de Gran Canaria durante los años del bloqueo internacional a la España franquista: el tomate. En este regreso a su tierra asomaba el asunto de familia que ha terminado ahora con su carrera política. Cuenta Sosa que Soria trató de enmendar aquel año de 1990 un negocio “que estaba entrando en barrena por la paulatina pérdida de pujanza del tomate canario y por la heterodoxa gestión de su hermano Luis”, el mismo que figura junto al exministro en los documentos que han ido apareciendo a raíz de la filtración de los papeles de Panamá.
De manera más amplia, Soria volvió para interesarse por un negocio familiar que tiene su núcleo en la localidad de Telde, a 20 kilómetros de Las Palmas, donde su abuelo materno, José López Valerón, pasó en la primera mitad del siglo XX de cultivar la tierra a exportar sus tomates y los de otros labriegos de la zona al Reino Unido. Este segundo factor, el británico, marcó la vida de muchos exportadores de tomates canarios y también está en el centro de la polémica que ha terminado con la renuncia del exministro.
Soria no es el primogénito, sino el quinto de seis hermanos. Antes que él nacieron cuatro mujeres, que, salvo alguna polémica por la compra de terrenos, quedaron al margen de las riendas de los negocios familiares. Paradójicamente, estos tienen origen en la madre, Doña Pilar López, como se la conocía en Telde y Las Palmas. Fallecida en 2010 en la mejor residencia de la ciudad –por la que llegaban a pagarse 70.000 euros anuales–, era la hija de José López Valerón, un respetado productor de tomates que, como otros muchos en la isla, prosperó después de la Segunda Guerra Mundial. Parte de su éxito residió en que pasó de labrar la tierra a exportar sus tomates y también los de otros agricultores, que acudían con carretillas llenas a sus instalaciones. Entre ellos, la familia de María Carmen Benítez, la mujer del exministro, hija también de terratenientes, procuradora y a quien, según Sosa, precede el latiguillo de “por qué no llevo yo tus cosas” que le ha convertido en la procuradora más conocida de Gran Canaria, trabajando para todo tipo de empresarios e instituciones sobre las que su marido haya tenido influencia.
Mucho antes que esto, la actividad de la familia de su madre era el origen de un hilo que, también con éxito, terminaba en Londres con su yerno, José Manuel Soria Segovia, un “peninsular” según se le define en Canarias, oriundo de Castilla y León y que llegó al archipiélago como empleado de Iberia. Fue destacado en el aeropuerto de Gran Canaria, situado en la bahía de Gando, en el término municipal de Telde. Allí conoció a Pilar López, hija de una ya próspera familia, cuyos hermanos y sobrinos siguen gozando de reconocimiento social y también político –una prima del exministro fue concejala del PP de Telde y otro forma parte de la dirección del partido en la localidad–. El papel del yerno de Soria fue enlazar el negocio canario con Londres. Mientras la familia materna de Soria formaba parte de la entonces extensa red de productores de tomate canarios, su padre se afincó en Londres para convertirse en intermediario entre los productores y los mayoristas británicos. “Al padre de Soria se le está poniendo de exportador, cuando realmente era receptor de los tomates de la familia de la mujer”, puntualiza Manuel Rebollo, historiador e investigador sobre el tomate canario. De esa actividad vino la creación de la empresa que ha delatado ahora a los hermanos Soria, Oceanic Lines. Soria padre trabajaba con la Federación Provincial de Asociaciones de Exportadores de Productos Hortofrutícolas de Las Palmas (Fedex), mediando a cambio de comisiones entre los productores y las navieras que llevaban los tomates a Reino Unido.
De aquella época es una primera cuenta bancaria en suelo británico. “En 1947- 1948, el acuerdo económico que se aplicaba era que todo lo exportado tenía que pagarse en pesetas, no en libras”, a través de una cuenta que controlaba el Estado, explica Rebollo, que añade que, además de este dinero, los exportadores canarios en Londres necesitaban también disponer de dinero para pagar adelantos por el abono o el sueldo de los peones. Lo consiguieron comprometiendo su producción de antemano con mayoristas británicos, que pagaban a través de cuentas en el Reino Unido. Décadas después, con la entrada de España en la UE y la libre circulación de capitales, algunas de las cuentas de estos exportadores quedaron como “extrañas”, inactivas, recuerda Rebollo. Otras quizá continuaran.
Vida en Londres
Muchas décadas antes del hallazgo de la empresa de los Soria en un paraíso fiscal, la familia quizá no hubiera podido imaginar que Londres iba a ser el origen de tal disgusto de familia. Según la narración de Carmelo Santana, uno de los exportadores que llegaron a mitad del siglo pasado a la capital inglesa, Londres ofrecía éxitos y satisfacciones. Es autor del libro Entre Canarias y Londres. Recuerdos de la vida de un exportador, a cuya presentación en Las Palmas acudió Soria. En él, además del reconocimiento que tenía el tomate de Canarias en aquellos años en Europa, evoca la comunidad canaria en la ciudad, especialmente en los alrededores de Covent Garden, el mercado de frutas alrededor del cual todos los canarios pusieron sus oficinas. De esa comunidad formaron parte destacada el abuelo López Valerón y José Manuel Soria padre. El hijo fue la tercera generación, la que se crió en Londres –no en vano su hermano Luis nació allí– y se educó en colegios tan buenos como las por entonces holgadas economías de los exportadores permitían. Santana se declara amigo de la familia y recuerda en su libro sus juegos con José Manuel y Luis Soria cuando eran niños en los camarotes de los barcos que les llevaban de Londres a Las Palmas con escala en Oporto, Madeira y Lisboa. Describe al padre del exministro como un “luchador nato” enfrascado “siempre en negocios relevantes” y con un “buen gusto” que se notaba en su costumbre de “vivir en grandes mansiones” o “educar a sus hijos en los mejores colegios ingleses”. Según Rebollo, Soria estuvo escolarizado en Cambridge. Su padre, dice Santana, fue tan “adelantado a su época” como para enrolarse junto a su esposa en una vuelta al mundo “en una época en la que muy pocos se atrevían a hacerlo”. Tanto arrojo no contrastó con el alejamiento progresivo de las oficinas de los exportadores hacia el papel de mediación a través de la empresa Oceanic que, décadas después, los Soria descubrieron que también figuraba en un paraíso fiscal. La evolución de esta actividad corrió paralela a la evolución, más negativa, de la producción hortofrutícola en Canarias. En cuestión de décadas, se pasó de 200 compañías exportadoras a apenas diez. La empresa matriz, dirigida por el tío del exministro, Tomás López Valerón, no aguantó el paso de las generaciones y hace unos años cerró, estando los primos del exministro a su cabeza, incapaz de competir con la mecanización del sector, en el que los pequeños productores negocian ya directamente con los grandes transportistas.
Al mismo tiempo que languidecía el negocio familiar origen de la fortuna de los Soria, su hijo más aventajado entraba en política. Sosa cuenta que en 1995 llegó a la alcaldía de las Palmas “envuelto en un halo de eficacia, de carisma, de ejecutividad y de visión empresarial en las instituciones”. Venía de presidir el Cabildo y todavía tenía ante sí años como vicepresidente canario y ministro de Industria a lo largo de una trayectoria plagada, según enumera el periodista en su libro, de casos perdidos ante la Justicia por reportajes sobre dudosas recalificaciones o cuestionables concesiones de contratos públicos. Nada le tumbó, fue escalando en el PP, gracias entre otras cosas a que supo ganarse la amistad de Rajoy, quizá en las vacaciones que ambos compartieron durante años en Canarias, donde el presidente comparte con sus hermanos una casa en la localidad de Mogán. Hasta este asunto familiar y británico que los Soria nunca hubieran querido imaginar.



