Tiempo al tiempo

20 / 01 / 2016 Carsten Moser
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Los resultados de las elecciones generales del 20-D obligan a los partidos a un ejercicio de responsabilidad. ¿Estarán a la altura de las circunstancias?

Una encuesta en Internet pronosticaba unos días antes del 20-D un 25% para el PP, un 20% para el PSOE y para Podemos, y un 15% para Ciudadanos. Casi da en la diana: aunque los populares alcanzasen al final un 28% y los socialistas un 22%, los dos partidos que hasta ahora se han turnado en la presidencia del Gobierno de España desde la Transición no pueden ocultar que han tenido unos resultados catastróficos, perdiendo, en comparación con las elecciones de 2011, 63 escaños el primero y 20 escaños el segundo. En Alemania, probablemente los responsables máximos de los dos partidos hubiesen presentando su dimisión a las pocas horas del cierre de los locales electorales. Pero España es diferente.

Como se comprobó en el debate posterior al 20-D. Dado que ni el PP más Ciudadanos ni el PSOE más Podemos alcanzan con sus escaños una mayoría en el Congreso, cada partido está empeñado hasta hoy en seguir defendiendo eslóganes vacíos de contenido como “Deseo formar un Gobierno estable” (Mariano Rajoy) o “España quiere izquierda” (Pedro Sánchez) o “Un cambio de sistema es inaplazable” (Pablo Iglesias) o “Empieza una nueva etapa de ilusión” (Alberto Rivera). En vez de fijar prioridades políticas razonables y empezar un diálogo serio sin líneas rojas y con voluntad de llegar a compromisos y consensos, se enzarzan en diálogos de sordos.

Parecen olvidarse de que España tiene problemas con necesidad de soluciones urgentes: como el tema catalán, que ni pintaba bien antes de las elecciones generales ni después. Los independentistas siguen en sus trece, los que abogan por la unidad  también y los seguidores de la alcaldesa Ada Colau piensan que con un referéndum en Cataluña se solucionaría todo. Malos augurios para un tema que demanda líderes políticos a nivel nacional que dejen de lado sus particulares fobias y demuestren altura de miras.

Había estos líderes en la época de la Transición. ¿Los hay ahora? Son más urgentes que nunca, por ejemplo para reformar la Constitución en temas que están sobre la mesa desde hace años: como la sucesión a la Corona, una nueva definición entre Estado y comunidades autónomas así como el reconocimiento de rango  superior del Derecho europeo. O para seguir en la senda de las reformas estructurales que fomenten la competitividad de la economía española en un mundo siempre más global. O para llegar a acuerdos que aseguren la sostenibilidad de las pensiones, la excelencia en el sistema educativo, más inversiones en investigación y ciencia  así como una mayor cohesión social, sin poner en riesgo la reducción del déficit público. O para definir el papel de España en la futura gobernanza de la Unión Europea, en la lucha contra el terrorismo del Estado Islámico y en sus relaciones con la Comunidad Iberoamericana, más necesitada que nunca de que Madrid le eche una mano, dadas las convulsiones políticas, económicas y sociales por las que están pasando países como Venezuela o Brasil.

Obtener votos en elecciones generales es una cara de la moneda, gestionar los resultados de las mismas la otra. Las próximas semanas dirán si los nuevos protagonistas del mapa político español dan la talla, tanto en las formas como en el fondo. En un país con cultura de Gobiernos de coalición como Alemania, lo obvio sería un pacto de Gobierno entre populares y socialistas.
¿Y en España? Tiempo al tiempo.

 

*Vicepresidente de la Fundación Euroamérica

Grupo Zeta Nexica