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La engañifa

09 / 04 / 2015 Fernando Savater
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¡Gracias!

ETA no ha renunciado a su actividad delictiva por un pacto con las autoridades, ni tampoco por un gesto de generosidad hacia sus víctimas, sino debido a la diligencia policial y judicial.

A falta de otros méritos, hay que reconocerle al entramado de servicios auxiliares de ETA una sorprendente capacidad para vender urbi et orbi los sufrimientos de sus pupilos y la nobleza de su causa. Como el terrorismo de ETA resulta difícil de publicitar directamente, la propaganda se centra en los presos: ¡qué escándalo, aún siguen presos pese a que ya no hay violencia terrorista! Queriendo ocultar lo obvio, que la violencia terrorista ha acabado precisamente porque están en la cárcel buena parte de los que cometían las peores fechorías. La banda asesina y extorsionadora no ha renunciado a su actividad delictiva por un pacto con las autoridades ni tampoco por un gesto gracioso de generosidad hacia sus víctimas, ni menos aún de arrepentimiento: el cese del terrorismo activo se debe a que la diligencia policial y judicial tanto en España como en Francia ha puesto fuera de combate a ETA. Ahora solo les queda a quienes durante años han rentabilizado el terror y la coacción intentar sacar provecho de su debilidad forzada, obteniendo algún beneficio político del actual “pacifismo” que les imponen las circunstancias.

La última engañifa urdida por el entramado etarra y presentada en limpio por su habitual “cara angélica”, el servicial Brian Currin, es una iniciativa ante el Parlamento de Bruselas pidiendo la excarcelación de Arnaldo Otegi y el acercamiento del resto de los “presos políticos” vascos a las cárceles que prefieran. Se trata de un texto firmado por 24 figuras públicas conocidas, desde el inevitable Pérez Esquivel hasta el chistoso filósofo Slavoj Zizek, la mayoría de las cuales sospecho que tendría serias dificultades para situar a Euskadi en el mapa y no digamos para analizar con un mínimo de conocimiento lo ocurrido durante el periodo de violencia etarra.

Fíjense en el comienzo del panfleto de marras: “Pedimos la libertad inmediata del hombre que supo arriesgar por la paz y la democracia, de quien apostó por la palabra cuando parecía que nadie lo haría”. De modo que Otegi se arriesgó más por la paz y la democracia que los políticos constitucionalistas que ETA asesinó, que los miembros de las Fuerzas de Seguridad muertos en actos de servicio defendiendo las instituciones del Estado de Derecho, que los profesores, periodistas, empresarios y tantos otros que perdieron sus trabajos y tuvieron que marcharse de Euskadi para no renunciar a sus principios y caer víctimas de los totalitarios. O aún más, Otegi se arriesgó más que los que no se marcharon y aguantaron a pie firme las amenazas y presiones, mientras veían caer a su alrededor colegas y amigos. Otegi apostó por la palabra cuando nadie lo hacía, o sea que puede dar lecciones en este campo a quienes se sentaron en el Parlamento Vasco a discutir políticamente, elegidos por cientos de miles de ciudadanos que fueron a votar en comicios invariablemente ensangrentados por ETA sin dejarse amedrentar y convencidos de que la vía institucional es el camino para resolver las diferencias entre personas civilizadas. ¡Qué hubiera sido de nosotros en el País Vasco si no llega a estar Arnaldo Otegi!

Pues bien, ya que de apostar por la palabra se trata, yo apuesto por dos para calificar a los firmantes de ese manifiesto y sus promotores, que por cierto no se excluyen forzosamente: ignorantes y sinvergüenzas.

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