Elogio de lo inactual
Quien piensa que por estar al tanto de los trending topics conoce el presente, peca de una ingenuidad que lo hace presa fácil de cualquier embaucador.
El frenético culto a la actualidad nos está haciendo víctimas de una nueva enfermedad social: la hiperactividad cognitiva. Es la necesidad de estar recibiendo y emitiendo continuamente informaciones breves sobre la actualidad. Su falta produce una cierta comezón, una irritante inquietud. Dicen las estadísticas que los españoles consultan su móvil unas cien veces al día. Muchos amigos admiten que ya no leen los periódicos, que se consideran muy bien informados con los tuits que circulan por las redes sociales. Como la actualidad es, por definición, efímera, hay que “actualizarla” continuamente, y eso convierte leer un libro en una tarea anacrónica.
Los filósofos medievales, que eran muy agudos analizadores de la mente humana, distinguían entre la studiositas, a la que definían como “entusiasmo por el conocimiento”, de la curiositas, que era la “inquietud errante del espíritu”, un cierto tipo de concupiscencia informativa. Elogiaban a aquella, y denostaban a esta.
La distinción me parece acertada. Tomemos el tema político. Lo que interesa es el peloteo de opiniones, disputas, recriminaciones, insultos, enfrentamientos, negociaciones, trampas. La vidilla. Metidos en este infiernillo emocional, ¿quién va a tener tiempo para enterarse de las cosas? Distraídos por el oleaje, no atendemos al mar de fondo. Lo malo es que este perpetuo cotilleo nos da la impresión de “estar en el ajo”, o de “estar en la pomada”. Y esto es un espejismo peligroso. Quien piensa que por estar al tanto de los trending topics conoce el presente, peca de una ingenuidad que lo hace presa fácil de cualquier embaucador. No salgo de mi pasmo al ver a opinadores profesionales que no hacen más que repetir lo que acaban de ver en su tableta. Me gustaría preguntarles cuándo tuvieron por última vez la oportunidad de leer un libro con calma.
La actualidad es un criterio que pretende inútilmente bastarse a sí mismo. Es la fosforescencia del presente. Estar a la última no es estar en ningún sitio. El sentido crítico necesita salirse de la actualidad, precisamente para poder juzgarla. Necesita saber. Les recomiendo que lean Contra el rebaño digital, de Jaron Lanier, un experto en informática que en 2011 fue designado por la revista Time una de las cien personalidades más influyentes del mundo. Considera que el error central de la cultura digital –que él ayudó a crear– es “dar más importancia a la red que a las personas reales conectadas en la red, cuando en realidad la propia red carece de sentido”. Lo concreta en una expresión afortunada: “Afirmar que un contenido agregado es más importante que las fuentes que ha empleado”. Un blog de blogs es ensalzado más que un simple blog. Pero no hay ninguna garantía de que el resultado sea mejor. La opinión agregada de cinco millones de ignorantes solo nos proporciona un dato sociológico: lo que piensan cinco millones de individuos. No añade nada a la veracidad del contenido.
Vivir en la actualidad, insistir tan tenazmente en la innovación, como si todo lo anterior fuera despreciable, pensar que por manejar el último gadget, la última aplicación, se adquiere alguna competencia importante, son espejismos que afectan, como dice Lanier, al “rebaño digital”. ¿Cuál es la solución? Liberar a la tecnología de la obsesión por la actualidad e introducir en ella lo inactual. Por ejemplo, me parece una gran muestra de superficialidad el desdén hacia el estudio de la historia. La historia es, por supuesto, lo más inactual que pueda pensarse, pero, sin embargo, es lo más necesario para entender el presente. Consigna: vivir en el presente, pero no en la actualidad.



