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El sistema

03 / 12 / 2015 José Antonio Marina
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¡Gracias!

En España todavía hay una concepción individualista de la docencia. El maestro establece un lazo casi místico con el alumno, pero que le deja en una soledad deprimente

La palabra sistema no tiene buena fama en este momento. Sugiere una maquinaria implacable, una presencia ubicua y omnipotente, a lo Kafka. En filosofía designa las grandes logomaquias hegelianas, dispuestas a convertirlo todo en arquitectura conceptual. Frente a los grandes sistemas modernos, se impuso la fragmentación posmoderna. ¡Abajo el sistema!¡Viva el aforismo! Confieso que me da cierto reparo confesar que soy un pensador sistemático, que no es otra cosa que tener la convicción de que las afirmaciones aisladas no tienen valor si no pueden ser relacionadas con otras, aplicadas a ocasiones diferentes, justificadas mediante la apelación a los hechos, o a los fundamentos. La coherencia es la propiedad básica de los sistemas. Quiere decir que si hago una teoría del vuelo del gorrión me debe servir también para explicar el vuelo de la paloma, y del águila, y de la mosca.

Un sistema es un conjunto de elementos, relacionados entre sí, que forman una estructura que interacciona con el entorno. Si hablo de este tema es porque estas últimas semanas he estado muy ocupado redactando con mi equipo el Libro blanco de la profesión docente, y al hacerlo me he dado cuenta de que todos hablamos de “sistema educativo”, pero sin prestar mucha atención a lo que decimos. Sin embargo, me parece esencial comprender cómo funciona porque, de lo contrario, estamos desaprovechando una enorme cantidad de posibilidades que emergen del sistema. En España impera todavía una concepción individualista de la docencia. El maestro establece un lazo casi místico con sus alumnos. Eso, que dicho así suena muy bien, puede dejar al docente en una soledad deprimente frente a problemas que le superan. El tiempo del profesor aislado se ha acabado. Quien educa es el centro entero, convertido en una “comunidad de aprendizaje”, en una “organización inteligente”. Como dicen los expertos en teoría de los sistemas, es un “sistema autopoiético”, que se construye a sí mismo.

Esta idea pone en primer plano el poder de la organización. Durante muchos años estuve fascinado por la obra de los pioneros de la inteligencia artificial, entre ellos por Allen Newell y Herbert Simon, que sorprendieron al mundo entero al presentar el General Problem Solver, un programa de ordenador que demostraba por su cuenta complejos teoremas matemáticos. En 1978 le concedieron el premio Nobel de Economía. Quedé muy decepcionado cuando supe que no se lo habían dado por sus trabajos en inteligencia artificial, sino por sus investigaciones sobre la organización de las oficinas.

Solo con los años he comprendido la complejidad y la importancia de la organización, que es lo que hace que los sistemas funcionen. Cuando es mala no solo no aprovecha la bondad de los elementos, sino que acaba por deteriorarlos. Creo que algo así le ha pasado al sistema educativo español, que ha adolecido siempre de una mala organización y gestión. De sabios es aprender de los errores.

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