El aprendizaje de los políticos
Necesitamos que toda la sociedad aprenda, no solo los alumnos. También los docentes, los profesionales, la Administración pública, los empresarios y los políticos
Investigo sobre una noción que debería popularizarse: la “sociedad del aprendizaje”. Decimos que hemos entrado en la “era el conocimiento”, como si el conocimiento se comprara en el supermercado, o estuviera empaquetado en Internet. En lo que hemos entrado es en la era del aprendizaje continuo. Aprender es el recurso de la inteligencia para adaptarse a entornos cambiantes o a necesidades cambiantes. Cuando las sociedades eran estables, una breve etapa de formación servía para toda la vida, pero vivimos tiempos acelerados y no tenemos alternativa: aprender o ser marginados. Repetimos como eficaz conjuro una fórmula que nos llevará al éxito: I+D+i. Investigación, desarrollo, innovación. Y lo hacemos como si esas tres cosas cayeran del cielo o brotaran de la tierra. Para que la fórmula tenga sentido hay que añadirle un factor definitivo: la A de aprendizaje. Quedaría así Progreso= A (I+D+i). Hay que aprender a investigar, a gestionar el desarrollo, a innovar. Bill Clinton lanzó la “learning society”, Michel Fullan, uno de los grandes expertos en reformas educativas, dice que estamos asistiendo a una “espectacular revolución del aprendizaje”. Franklin Covey y otros autores hablan de la learning explosion, posibilitada por miles de innovaciones digitales. El documento sobre este tema del Departamento de Educación de Gran Bretaña se titula solemnemente The Learning Age, a renaissance for a new Britain. El premio Nobel Joseph Stiglitz acaba de escribir un grueso volumen titulado Creating the Learning Society. Y no sigo con la enumeración para no cansarles.
Necesitamos que toda la sociedad aprenda, no solo los alumnos. También los docentes, todos los profesionales, la Administración pública, los empresarios y los políticos. Hoy quiero referirme a este último grupo, porque el trimestre que nos espera va a estar saturado de un espectáculo político repetitivo, monótono, déjà-vu, y eso me fuerza a hacerme la pregunta: ¿aprenden nuestros políticos? Henry Kissinger, avisado y escéptico, dice en sus memorias que ningún político aprende nada mientras está en el poder. Sale del cargo con el mismo “capital cognitivo” con que entra. Fullan, a quien ya he mencionado, escribe: “El aprendizaje de los políticos, una premisa fundamental del pensamiento de la complejidad (sistemas que aprenden unos de otros), es algo que pocos Gobiernos tienen en cuenta”. En España, ese enrocamiento casi autista se ha denominado “síndrome de La Moncloa”. Pero sospecho que hay también un “síndrome de la oposición”, que supone otro enrocamiento a la contra. Entonces, si no aprenden cuando están en el poder ni cuando están en la oposición, ¿cuándo lo hacen? Este no es un artículo crítico, sino preocupado. Homer-Dixon, de la Universidad de Toronto, se pregunta: “¿Tendremos capacidad de generar el talento suficiente para resolver los colosales problemas con que nos enfrentamos?” La única solución es estar dispuestos a aprender continuamente.



