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David Sackett, el padre de la aspirina diaria

11 / 06 / 2015 Luis Sánchez Merlo
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No solo impulsó que la praxis médica se basara en ensayos clínicos sino que también criticó la falta de rigor que imperaba en la realización de muchos de ellos

Un buen amigo, médico en Santander, lleva tiempo insistiéndonos para que tomemos todos los días media aspirina. Esta prescripción se ha convertido ya en una rutina en pacientes que han sufrido un infarto o un ataque al corazón, o en quienes tienen riesgo –aunque sea bajo– de sufrirlo. Ahí estamos.

Pero el sencillo hallazgo se lo debemos a un hombre de aspecto campechano y bonachón, que consiguió demostrar la importancia de este medicamento en la prevención de infartos. David Sackett –más conocido como el padre de la medicina basada en la evidencia– acaba de fallecer, víctima de un cáncer, a los 80 años en Ontario (Canadá).

Nacido en Chicago, hijo de artista, pasó su niñez postrado en la cama, convaleciente de una polio, de la que finalmente lograría recuperarse.

Su práctica como médico internista lo convenció de que un buen número de las decisiones médicas y de los tratamientos prescritos se sustentaban únicamente en la experiencia, por lo que, en la mayoría de los casos, se desconocía realmente si las medidas tomadas habían sido las correctas, desde un punto de vista científico.

Por ello, Sackett no solo impulsó que la praxis médica se basara en ensayos clínicos sino que también criticó la falta de rigor que imperaba en la realización de muchos de ellos. Algo que puso en guardia a la comunidad médica, ante los conflictos de intereses que a veces subyacen a los trabajos de investigación.

Y así, frente al trasnochado concepto de “medicina basada en la autoridad”, Sackett defendió la medicina basada en la evidencia (MBE), que supone un tratamiento menos subjetivo, puesto que integra la experiencia clínica del médico con estudios solventes. Parece que esta forma de ejercer la medicina, en cierto modo novedosa, se está imponiendo, poco a poco, en todo el mundo desarrollado. Según Sackett “la autoridad de los años y de la supuesta experiencia será sustituida por la autoridad basada en los ensayos clínicos”.

Pero sus tesis no han dejado de levantar polémica, como cuando denunció la inutilidad de la educación tradicional a la hora de ayudar a los pacientes hipertensos a tomar sus medicinas, o cuando mostró su escepticismo hacia el bypass –tan popular en enfermos propensos a infartos– ya que, en su opinión, sus efectos negativos superan a los positivos. Esta afirmación generó gran controversia pues, en determinadas circunstancias, el bypass es absolutamente necesario.

Quienes han ido más lejos en sus críticas se amparan en una reducción de la libertad clínica y un sesgo utilitarista para abaratar los costes.

Sin embargo, el tiempo le ha ido dando la razón porque los ensayos clínicos de calidad de los últimos años permiten aconsejar el mejor procedimiento diagnóstico y la mejor opción terapéutica ante una patología determinada. En definitiva, que las decisiones se toman con un uso racional, explícito, juicioso y actualizado de los mejores datos objetivos aplicados al tratamiento de cada paciente. Y es que, hoy en día, los médicos ya llevan desde hace años programas en los móviles que les dan los diagnósticos y tratamientos en las consultas y con los que consultan para saber cuáles son –basados en la evidencia científica– los mejores protocolos para diagnósticos, tratamientos o medidas preventivas que necesite el enfermo al que están atendiendo. Los más rigurosos médicos insisten en que es obligatorio, para una buena práctica clínica, olvidarse del famoso “ojo clínico” o del “según mi experiencia profesional” y practicar medicina basada en la evidencia.

Hombre humilde y con sentido del humor, lo que, sin duda, más ha llenado de admiración a sus colegas es que –20 años después de haber terminado su formación– Sackett repitió su residencia como médico aduciendo que “aún no era un doctor suficientemente bueno”.

Para el médico de Santander, eso de que la media aspirina diaria prevenga el infarto de miocardio no es evidencia 1A, lo que en esa ciencia equivale a la verdad absoluta. Sin embargo y por si acaso, la toma de la dosis cotidiana se ha convertido para todos nosotros en una tarea 1A. 

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