Conjuro de amor
El expresidente del Castellón, que acudió a una nigromanta que le proporcionase un conjuro de amor, debe ser celebrado como uno de los últimos románticos
Una de las noticias más emocionantes de los últimos días, aunque con el ajetreo electoral no ha gozado de todo el relieve que merece, es la de ese buen señor que penetró por las malas en la casa de una vidente para intentar recuperar el dinero que le había pagado por sus servicios. El airado caballero, que era nada menos que expresidente del Castellón y hombre acomodado, padecía mal de amores y visitó a la nigromanta para que esta le proporcionase un conjuro que garantizara el éxito de su pasión. Y ella le recomendó un hechizo que consistía en lavarse durante cuarenta días con un agua en la que había sumergido diversas flores de reconocido poder afrodisíaco y después frotarse con tierra cogida de un cementerio (claro, como el cliente quería hacer una calaverada...). Por estos consejos mágicos le cobró 165.000 euros, lo cual, bien mirado, tampoco es dinero.
Aunque parezca increíble dadas las garantías del conjuro, el resultado fue nulo. Lo cual indujo al amante frustrado a ir a casa de la vidente (la cual con sobrenatural presciencia se había escondido bajo el colchón de la cama) y tratar de recuperar manu militari el dinero invertido. Conclusión: intervino la Guardia Civil, que detuvo al asaltante y cuatro cómplices, así como se incautó del efectivo en litigio, el cual fue la mitad para Hacienda (¡eso sí que es auténtica prestidigitación!) y el resto devuelto a la vidente. En mi opinión, el enamorado hizo mal en confiar más en la magia que en la psicología, de otro modo le hubiera ofrecido el dinero a su Dulcinea en lugar de a la bruja y probablemente habría obtenido mejor resultado. Pero, aunque el final fuese desastroso, le tengo simpatía: ¿no es bonito que en este siglo pragmático y virtual, en el que los videntes tienen Facebook y se anuncian por la tele junto a las gangas vendidas por Internet, alguien aún crea en conjuros de amor y hechiceras artesanales del plan antiguo? El expresidente del Castellón debe ser celebrado como uno de los últimos románticos y merecería un Espronceda que le cantase en rima consonante.
Quizá como me he enterado de este caso durante la campaña electoral, le he encontrado parecidos con lo que les pasa a muchos votantes. Ellos también creen fervorosamente en los conjuros económicos o sociales que les proponen los candidatos, sobre todo aquellos que tienen varita mágica y consultan a las estrellas de la utopía cuando predican al pueblo. Depositan su papeleta como quien se baña en agua milagrosa o se frota con la ceniza de ahorcados en luna llena. Después, cuando sus esperanzas redentoras se ven defraudadas y se dan cuenta de que los hechizos no funcionan y el dinero público desaparece fraudulentamente, se abalanzan indignados contra los que les prometieron maravillas y exigen su castigo o la debida reparación. Pero ya es tarde: les dirán que fueron ellos los que consintieron voluntariamente en el engaño y que ahora no tienen derecho a quejarse de nada salvo de su propia credulidad. Al final, como siempre, terminará cobrando Hacienda, que vive fundamentalmente de los románticos...



