¡Es la educación, estúpido!
Todos los expertos están de acuerdo en que la educación es un factor clave para combatir la desigualdad e impulsar una transformación social profunda
Para Hillary Clinton, candidata del Partido Demócrata en las próximas elecciones presidenciales de su país y esposa del expresidente Bill Clinton, que hizo famosa la frase “¡Es la economía, estúpido!”, la brecha de la desigualdad solo ha ido de mal a peor en Estados Unidos de América, que tiene “algunos de los ciudadanos más dinámicos, mejor educados y más ricos del mundo”, a la vez que “otros están atascados en una pobreza generacional”. Lo mismo se puede afirmar para Europa. La pregunta es: ¿cómo parar este proceso?
Si hay un punto en el cual los expertos están de acuerdo, es en que la educación es un factor clave para combatir la desigualdad e impulsar una transformación social profunda. Pero a la hora de la verdad, la mayoría de los gobernantes se olvidan de sus promesas y tratan el sistema educativo y los problemas derivados de la relación entre formación y desempleo como un gasto y no como una inversión. Seguramente, por no ser conscientes de que uno de los factores más relevantes que define la competitividad de la economía de un país es la calidad de su capital humano, directamente correlacionada con:
1- La enseñanza primaria, que debe ser capaz de transmitir desde edades tempranas que la vida es un cúmulo de oportunidades, que la tolerancia a lo diferente es hoy más importante que nunca en un mundo siempre más globalizado y que la convivencia en democracia es muy complicada sin valores compartidos.
2- La enseñanza secundaria, que debe promover las virtudes de la sociedad del conocimiento, de la revolución tecnológica, de las nuevas plataformas de comunicación, de la ciencia y de los trabajos en equipo.
3- Las universidades: que pocos centros de estudios superiores europeos jueguen un papel relevante en el mundo del conocimiento tiene sus razones en una apuesta por campus con ofertas universales en vez de especializadas en búsqueda de la excelencia, una insuficiente colaboración entre la universidad y la empresa y un déficit en el intercambio de proyectos comunes a nivel internacional.
4- La formación profesional, que en la Europa del Sur sigue siendo el patito feo del mundo educativo, porque existe la percepción en la opinión pública que una carrera universitaria aporta mucho más prestigio social, cuando un titulado en FP suele contribuir tanto al desarrollo de la economía como cualquier otro graduado. Las experiencias en Alemania, Austria o Dinamarca así lo demuestran.
5- La formación continua, ahora más importante que nunca, porque en un mundo en el que los avances tecnológicos van a velocidad de vértigo, el profesional que crea que tras sus estudios ha terminado formación no tendrá futuro.
No solo los Gobiernos, también la sociedad civil tiene una enorme tarea para asegurar que a través de la mejor formación del capital humano se logre erradicar la desigualdad de oportunidades. En España es necesario cambiar el orden de las prioridades, mientras la educación siga rezagada en muchos discursos a un puesto secundario y solo pase a los primeros lugares de la lista cuando hay que recortar el gasto público, la transformación social hacia más igualdad y justicia seguirá siendo un sueño. Por ello me permito una recomendación a los indecisos: voten en las elecciones al partido que más apuesta por “¡Es la educación, estúpido!”.



