Tordesillas, aldea gala

15 / 09 / 2015 Clara Pinar
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Observadores internacionales, un centenar de policías, manifestaciones a favor y en contra y una consulta popular rodearán este año al Toro de la Vega

Miles de tordesillanos se manifestaron para reclamar respeto para su pueblo y sus vecinos tras los incidentes del año pasado.

Una semana antes de la celebración, el próximo 15 de septiembre, del torneo del Toro de la Vega, en el registro del Ayuntamiento de Tordesillas había inscritas 30 personas dispuestas a intentar matar con una lanza a Rompe-Suelas, el toro de 640 kilos sobre el que están puestas muchas miradas –antitaurinas y animalistas– por toda España. Con la incógnita de si llegarán a sumar 45 como el año pasado, los lanceros previstos para este protagonizarán un festejo taurino que desde hace varios años se ha convertido en el símbolo de la protesta de los activistas animalistas. Organizada por el Partido Animalista contra el Maltrato Animal (Pacma) y liderada por caras tan conocidas como el actor Dani Rovira o el showman Jorge Javier Vázquez, la oposición al Toro de la Vega encierra contradicciones tales como haber engrandecido un festejo llamado a desaparecer por agotamiento, haber unido a todos sus vecinos, cual “aldea gala” en el cómic Asterix, en contra de la “agresión externa” que cada septiembre perciben contra su pueblo y hacer que el evento cuente, en una localidad de 9.000 habitantes, con un dispositivo de seguridad de un centenar de policías, observadores internacionales, manifestaciones a favor y en contra e, incluso, con la propuesta de un referéndum sobre su continuidad.

“Difamación”, “humillación a los vecinos”, “signo identitario” o “cabeza de turco” son expresiones poco taurinas que, sin embargo, se escuchan estos días en Tordesillas, a medida que los vecinos empiezan a estar cansados de, un año más, ser el centro del activismo antitaurino patrio. Esta localidad vallisoletana estuvo llamada a ser la capital de Castilla y León en el proyecto que dio lugar al Estatuto de autonomía en 1983, fue cuna de la reina Juana I de Castilla –Juana La Loca para el resto de España, pero no para Tordesillas– y el escenario en 1494 del acuerdo por el que España y Portugal se repartieron la conquista del Atlántico y del Nuevo Mundo. Sin embargo, un año más vuelve a ser noticia por la muerte de un toro en un festejo cuya defensa en la localidad no se diferencia ya muy bien de la defensa de los vecinos frente a los insultos que reciben de fuera. Tordesillas con complejo de aldea gala.

Para no perder comba con la actualidad política nacional, la plataforma Tordesillas Toma la Palabra, que sacó una concejala en las elecciones de mayo, apuesta por dejar pasar la “crispación” actual, con “fanáticos a ambos lados”, entre los vecinos y quienes les atacan por el Toro de la Vega y celebrar más adelante una consulta sobre su continuidad.

–¿Para preguntar “Toro de la Vega, sí o Toro de la Vega, no”?

–La pregunta es otra cosa, eso se tendría que consensuar. Puede ser “Toro, sí o Toro, no” o “sufrimiento (animal), sí o sufrimiento, no” –responde Eva Valentín, miembro de Tordesillas Toma la Palabra y que se declara antitaurina. Sin embargo, ante los ataques contra los vecinos de Tordesillas, no ve tantas diferencias con alguien que coja una lanza para matar al Toro de la Vega. “Yo estoy cercana a las posturas que defienden a la gente de mi pueblo, con lo que no estoy de acuerdo es con la gente que ataca a este pueblo por un hecho que pasa una vez al año. Si es un lancero que va a defender a mi pueblo, pues voy a estar con él”, asegura. Por su parte la concejala de esta plataforma, Mercedes San José, afirma: “Nuestra postura no es estar ni a favor ni en contra del toro, pero sí estar a favor de nuestra gente”, en claro distanciamiento de formaciones como IU o Equo, en las que militan algunos miembros de la plataforma, claramente en contra del Toro de la Vega.

El PP, segunda fuerza del ayuntamiento, tampoco se opone. La diputada vallisoletana Arenales Serrano lo defendió el año pasado preguntándose si también habría que dejar de comer pollo “porque también lo han matado” y subrayando que “antes se le cortaban los testículos, ahora ya no se hace”.

Toro y política. El Toro de la Vega no es una cuestión política pero está rodeado de ella. Políticos y vecinos locales aseguran que no es un tema que se trate, por ejemplo, en campaña electoral. Quien sí hubiera hablado del Toro de la Vega habría sido el Pacma si no hubiera renunciado a presentar candidato en la localidad por la “violencia” que se percibe en el pueblo, según su presidenta, Silvia Barquero. Sí había papeletas suyas en mayo pasado y obtuvo 18 votos de otros tantos “valientes”, vecinos de una localidad en la que, según Barquero, reina una “ley del silencio” que hace que sus vecinos no se manifiesten libremente en contra del Toro de la Vega. Frente a esta opinión, en Tordesillas Toma la Palabra afirman que entre los vecinos sí se habla de cualquier cosa, pero que el blindaje aparece cuando llegan los “ataques” desde fuera.

Fruto de este descontento fue la manifestación espontánea, convocada a través de las redes sociales, que desbordó el año pasado la Plaza Mayor de Tordesillas con más de 2.000 vecinos que pedían dignidad para su pueblo. Este año hay convocados dos actos, a favor y en contra, pero a muchos kilómetros de distancia. El Pacma se concentrará en la Puerta del Sol de Madrid mientras que en Valladolid se celebrará una manifestación taurina a la que no todos los tordesillanos están dispuestos a acudir. A pesar de que hay carteles en los bares de la localidad, varios vecinos consideran que el motivo
 –la defensa de los toros– excede lo que a ellos les importa, que son los ataques a Tordesillas.

Para añadir más tintes políticos a un festejo “no político”, el año pasado el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, intervino por teléfono en directo en el programa Sálvame para asegurar que si llega al Gobierno promoverá una ley contra el maltrato animal. Sánchez dejó más tranquilo a Jorge Javier Vázquez, presentador del espacio, pero sus declaraciones no hicieron mella en el alcalde de Tordesillas, el también socialista José Antonio González Poncela, que se define como “no muy taurino”. “Hay un compañero, el secretario general, que no estaba de acuerdo con el tema y otros compañeros, no solo de Tordesillas, que están a favor de los festejos taurinos”, un debate que, dice, también existe en la sociedad. “Cuando yo fui a afiliarme al PSOE en ninguna de las casillas tuve que rellenar si era taurino, antitaurino o me daba igual”, dice de una polémica que él da por zanjada.

De 10.000 a 40.000. Así, González Poncela asistirá al festejo un año más como alcalde, pero también como vecino de Tordesillas. También San José, la concejala que asegura que nunca en su vida ha visto “morir al toro” pero que reconoce que el evento es parte de una fiesta en la que, como en cualquier otro pueblo, la gente se encuentra y se lo pasa bien. Sea cual sea el lugar que ambos ocupen en el recorrido que hace el toro desde el centro de Tordesillas hasta el campo en el que se enfrentará a los lanceros, ambos comprobarán un año más cómo ha crecido la expectación ante el festejo. Tradicionalmente, el Toro de la Vega reunía a unas 10.000 personas de pueblos de la comarca. Desde que empezaron las protestas, el número llega a los 40.000 visitantes. “Esto es así desde que los movimientos animalistas empezaron a atacar el torneo, antes era una fiesta provincial, ahora es nacional”, dice el alcalde.

Entre los visitantes de este año habrá un grupo de juristas, veterinarios o antropólogos de universidades de Francia, Inglaterra o Portugal que serán “observadores internacionales”. Los ha convocado el propio ayuntamiento y redactarán un informe para “ratificar que el torneo no es como muchos lo venden”, dice el alcalde, consciente de que “la guerra mediática la tenemos perdida” por las imágenes que cada año salen en televisión. Cuando terminen las fiestas participarán en el II Congreso Internacional sobre el Toro de la Vega convocado por el ayuntamiento.

Igual que el número de asistentes, se ha desbordado el dispositivo de seguridad en un pueblo al que hace unos años le bastaban un par de parejas de la Guardia Civil. Los preparativos corren directamente de cuenta de la Delegación del Gobierno y se espera la presencia de un centenar de agentes que eventualmente separarán a vecinos y activistas, entre los que habrá también este año miembros del Círculo Animalistas de Podemos, según han anunciado en las redes sociales.

Las protestas empezaron en 2006 y arreciaron en 2012. En estos años, los vecinos de Tordesillas han venido denunciando insultos de “asesinos” y maldiciones de todo tipo –“las redes sociales vienen calentitas desde julio”– y han visto cómo les lanzaban piedras, vertían aceite y ponían maderas con clavos en el recorrido del encierro. El año pasado se produjeron los peores incidentes, cuando antidisturbios de la Guardia Civil tuvieron que mediar entre vecinos del pueblo y los 200 activistas desplazados hasta Tordesillas para que no llegaran a las manos. Allí estaba Luis García Carrión, lancero y matador de tres toros, en 1973, 1975 y, ya retirado, en 2001. El año pasado, se encaró con personas que le decían que tenía que prohibirse el Toro de la Vega –“¿porque me lo digas tú?”, les increpaba– y la Guardia Civil le advirtió de que le detendría si no paraba.

García Carrión, a quien el segundo toro que mató estuvo a punto de matarle a él, defiende un festejo en el que empezó a participar como tanta gente que crece y se cría en Tordesillas. Armado con la “sangre fría” que es necesario tener para acercarse al toro, un día se fabricó una lanza con una vara de 2,5 metros y una hoja de ballesta de unos 70 centímetros, con la que en los años 70 del siglo XX mató a dos toros. Fue “hábil” y consiguió clavar la lanza en el costado para llegar al corazón o los pulmones del toro. En ese caso, la muerte es segura y el animal solo puede seguir con vida uno o dos minutos más.

Otras salvajadas. García Carrión, que hasta hace unos años enseñaba a chavales que querían participar en el Toro de la Vega, lo defiende como una tradición que su pueblo no tiene por qué perder. Y menos porque lo digan los animalistas. Además, le parece más civilizado que otros festejos. “Para mí es más salvajada una corrida de toros”, dice en base al argumento casi unánime en Tordesillas de que el Toro de la Vega está libre en el campo y no encerrado en una plaza. También son recurrentes entre los aficionados las acusaciones al Pacma de estar financiado por grupos animalistas holandeses y de pagar, a su vez, a los activistas “perroflautas” para que vayan a reventar el Toro de la Vega.

Hace años, el lancero García Carrión presenció en Manganeses (Zamora) cómo los jóvenes del pueblo tiraban una cabra por el campanario, algo ya prohibido y que a él le pareció “un espectáculo dantesco”. Tampoco le gustó, tiempo después, el llamado Toro de Coria, en Cáceres, donde tras clavar dardos al animal se le acaba matando de un disparo en la cabeza. “No me gustó la manera de matar al toro”, dice.

–¿No le da pena lancear al toro del Toro de la Vega?

–Más pena me da que maten a una mujer o el atentado de Hipercor –dice este lancero retirado que cree que si se celebrara una consulta en el pueblo el 95% de sus habitantes pediría mantenerlo. También el alcalde está abierto a, si en algún momento hay demanda social, plantearse la continuidad del Toro de la Vega. No de momento. “Cuando hay una demanda social en un pueblo se sabe, y aquí no hay una demanda social”, dice González Poncela.

Mantener el Toro de la Vega para que cada vez participe menos gente y sea de fuera de Tordesillas. Eso sí, con mucha expectación, gracias a la publicidad gratis que le dan las protestas en contra.

Desde 2011, solo un tordesillano ha matado al toro. El resto han sido de fuera, algo que durante cierto tiempo molestó a algunos vecinos. Para García Carrión es la evolución de un festejo que cree que dejará de celebrarse por agotamiento, por falta de lanceros, antes que por las protestas. “Se va perdiendo poquito a poco, porque lleva ya 500 años. Morirá por viejo”, admite. Por el contrario, no servirá de nada que una ley lo prohíba. “Habría una revolución en el pueblo –dice en este caso–. Lo haríamos de estrangis y nos pondrían una multa”.

No parece que vaya a ser el caso de Enrique Abril, un veinteañero de Tordesillas, nieto y sobrino de lanceros y que este año ya está inscrito en el registro del ayuntamiento. Ha pagado cinco euros de fianza para recoger el brazalete del torneo, que es lo que le interesa. Con o sin polémica, él no piensa acercarse al toro.

Grupo Zeta Nexica