Teresa Romero: un año después del ébola

05 / 10 / 2015 Antonio Rodríguez
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La enfermera del hospital Carlos III sigue de baja tras su contagio. Su caso fue portada en todo el mundo

Teresa Romero y su marido, Javier Limón, en Becerreá (Lugo), después de que la enfermera fuese dada de alta

“No queremos hablar con ninguna revista”. Javier Limón, el marido de la enfermera contagiada por ébola Teresa Romero, que con tanta vehemencia censuró el trabajo de la sanidad madrileña mientras estuvo aislado en el hospital Carlos III y su mujer luchaba por vivir, cuelga el teléfono en cuanto se le pregunta por el estado de ambos un año después.

Romero sigue de baja médica, buscando un anonimato que no consigue después de ser portada en todo el mundo tras convertirse en la primera persona con ébola fuera del continente africano. Su caso provocó una enorme psicosis en España y Europa ya que en aquel momento no había una vacuna contra esta enfermedad. Romero estuvo entre la vida y la muerte, pero logró salir adelante tras recibir varios tratamientos experimentales, concretamente el plasma de dos convalecientes de la enfermedad y el antiviral Favipiravir, según desveló la revista The Lancet Respiratory Medicine en junio. Todos los posibles contagiados superaron la cuarentena y solo hubo que lamentar una muerte, la del perro Excálibur, que vivía en el domicilio de Limón y Romero y que fue sacrificado al día siguiente del positivo de la enfermera. La localidad en la que residen, Alcorcón, les regaló una perra llamada Alma, procedente de una protectora de animales de esta ciudad, con la que suplir la ausencia del citado can.

Tras un mes ingresada, Romero recibió el alta el 5 de noviembre del año pasado. Le han quedado como secuelas un fuerte cansancio, problemas de visión en un ojo y desajustes con el tiroides, aunque desde el Carlos III se cree que irá a mejor. Tanto ella como su marido salen poco de casa y donde más se dejan ver es en Becerreá (Lugo), la localidad natal de la enfermera.

El mayor dolor para esta auxiliar de enfermería, piensan sus compañeros del hospital, es que ha quedado “como la mala de la película”. Sobre todo con su actuación previa al ingreso, tras admitir en sede judicial que no informó a la médico de familia sobre su trabajo con uno de los misioneros contagiados de ébola que fueron repatriados a España, o por su decisión de ir a la peluquería cuando ya tenía síntomas de estar enferma. Tampoco ayudó su decisión de aislarse de casi todas las personas que la ayudaron aquellos días, sobre todo de su amiga Teresa Mesa, una empleada del Metro que hizo de portavoz de la familia mientras el matrimonio estuvo ingresado en el hospital, y a la que Limón retiró dicho papel ante los medios de comunicación en cuanto contrató al abogado José María Garzón.

En el terreno de la gestión política, la actuación de las autoridades sanitarias acabó con la carrera política de la entonces ministra de Sanidad, Ana Mato, y del consejero del ramo en la Comunidad de Madrid, Francisco Javier Rodríguez, quien provocó gran revuelo con sus polémicas declaraciones sobre Romero. “Para explicarle a alguien cómo quitarse o ponerse un traje no hace falta un máster, pero unos tienen mayor capacidad de aprendizaje que otros”, dijo para sorpresa de muchos sanitarios. O también: “Si yo no lo hubiera hecho mal, a lo mejor esta mujer no estaría hablando”, comentó de Romero cuando ella aún estaba ingresada y no podía defenderse.

Al final, el juez instructor Juan José Escalonilla archivó hace quince días la demanda por injurias que Romero presentó contra él y por la que la enfermera le pedía una indemnización de 150.000 euros, al entender que si bien las declaraciones del exconsejero del PP fueron “totalmente inapropiadas y desconsideradas”, en última instancia Rodríguez “no faltó a la verdad o, en todo caso, no hizo desprecio temerario”. Romero recurrió este fallo al día siguiente de hacerse público. El mayor avance en este último año es que se ha logrado descubrir una vacuna contra el ébola con una efectividad del 100%, según anunció la OMS en julio tras la aplicación de la nueva vacuna a 4.000 personas de Guinea Conakry. La epidemia se cobró en este país junto a Sierra Leona y Liberia más de 11.000 vidas en 20 meses.

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