Survivalistas: preparados para el fin del mundo

30 / 09 / 2015 Luis Calvo
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En España hay quienes se preparan para cualquier eventualidad que pueda poner en jaque a la sociedad

Uno de los refugios construidos por el ingeniero Antonio Alcahud.

El pasado 23 de septiembre se superó de nuevo una fecha límite para la humanidad, la enésima profecía del fin del mundo en los últimos años. En esta ocasión ni siquiera estaba claro cuál sería el motivo, pero miles de personas anunciaban a través de las redes el fin de los días. Como en todas las anteriores, no pasó absolutamente nada. El día 24 volvió a salir el sol y todo continuó como siempre. Pero, aunque la enorme mayoría de la población permanece ajena a los desastres anunciados, existe un pequeño grupo en España que se prepara para lo peor. Y la mayoría no piensa en la llegada del anticristo o en una invasión extraterrestre, sino en cataclismos naturales, cambio climático, guerras o colapso económico de la sociedad.

Lo cierto es que España sigue siendo de los países menos precavidos en cuanto a la preparación de emergencias, a años luz de nuestros vecinos. En Europa es bastante común tener lista una mochila con artículos básicos para las primeras 72 horas y a los niños se les entrena sobre cómo actuar en caso de emergencias. Las autoridades preparan protocolos ante cualquier eventualidad, incluso relativamente remota como una tormenta solar. Hay unos mínimos de preparación que comparte buena parte de la sociedad. Pero también hay un lado más extremo de personas convencidas de que su vida puede acabar dependiendo de que estén preparados para lo peor y organizan su día a día sin perder de vista un posible (muchos lo ven seguro) colapso de la sociedad.

Los preppers o survivalistas son ya una institución en muchos países. En Estados Unidos existen programas de televisión basados en la supervivencia en condiciones extremas y cada vez aumenta más el negocio que rodea el fenómeno, desde la venta de objetos o ropa específica hasta la construcción de búnkeres para resistir a una crisis de forma autónoma. Aunque sin el volumen de otros países, también en España ha aumentado el negocio. Desde finales de la década pasada, al calor del calendario maya que erróneamente interpretado auguraba el apocalipsis para 2012, surgieron en nuestro país cada vez más negocios relacionados.

Miguel Ferrero es el propietario de NoName Sport, una empresa que imparte cursos de supervivencia en la localidad madrileña de Tres Cantos. Ha notado un aumento significativo en los últimos años. “Cada vez más gente quiere saber actuar de forma autónoma”, explica. Ferrero pertenece a su vez a un grupo que se prepara para cualquier eventualidad. Son médicos, militares, ingenieros... que no confían en los planes públicos de emergencia. “Si Madrid se bloquea por una nevada, imagínate si pasa algo grave”, reflexiona. Disponen de varios lugares donde refugiarse fuera de las ciudades en caso de emergencia y saben cómo sobrevivir sin “las comodidades de la vida normal”.

Refugios. No son los únicos que se preparan. Antonio Alcahud, ingeniero ya jubilado, se dedicó durante un tiempo a la construcción de este tipo de búnkeres en España, un mercado que pese al parón de la construcción se sigue alimentando por la creciente inestabilidad política de los últimos años. Cuestan entre 70.000 y 150.000 euros, “como un apartamento”, explica Alcahud. Aunque suelen estar preparados para acoger a unas 25 personas, los hay de todos los tamaños, de entre 15 y 500 personas, fundamentalmente concentrados en las afueras de las grandes ciudades, especialmente Madrid y Barcelona. Son espacios estancos y autónomos, con energía y agua propias, capaces de resistir amenazas nucleares, químicas y biológicas, además de grandes inundaciones.

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