Soria, obligado de nuevo a dar un paso atrás
El PP da por “zanjada” la primera polémica por la que dirigentes principales censuraron en público a Rajoy.
La candidatura del exministro de Industria José Manuel Soria para ocupar una de las 25 direcciones ejecutivas del Banco Mundial no duró ni una semana. En cinco días, el exministro y amigo del presidente en funciones, Mariano Rajoy, vio cómo la trayectoria que había quedado aparcada después de que en abril se viera obligado a dimitir por los antiguos vínculos de su empresa familiar con varios paraísos fiscales volvía a reconducirse.
Tras una salida del Gobierno a la que se resistió hasta el último momento, viajó a Washington para estudiar un curso de Economía Internacional en Harvard. Allí se encontraba Soria el pasado mes de julio, cuando un grupo de turistas canarios se fotografiaron con él en la universidad. El diario Las Provincias publicó unas imágenes en las que se ve al exministro con vaqueros, camiseta, zapatillas de deporte y mochila al hombro. Un atuendo muy distinto al que confiaba que luciría meses después. En julio ya se había iniciado el proceso de selección por el que el Gobierno iba a proponerle para ocupar una de las sillas de director ejecutivo del Banco Mundial, que se parece mucho a una puerta giratoria y que ha sido puesto en tela de juicio, no solo por la opinión pública en general, sino por dirigentes de su propio partido. El resultado es que el exministro se veía obligado a dar un paso atrás por segunda vez en cinco meses.
Antes de esto, durante unos días el Gobierno y la dirección nacional del PP intentaron justificar la candidatura como un procedimiento de promoción reglado y normal para un funcionario como Soria, que pertenece al Cuerpo de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado.
Derecho de funcionario
La tesis de que se había sometido a una promoción a la que tiene derecho como funcionario dejaba abiertas algunas fisuras. En la decisión intervinieron dos secretarios de Estado, cuando según el sindicato mayoritario de funcionarios CSI-F, lo habitual es que sea un rango no superior al de directores generales, y aunque los procesos de selección de este tipo no suelen atravesar las paredes de cada ministerio, fuentes de La Moncloa no descartaban que Rajoy no lo conociera “tratándose de quien se trataba” y admitían cierta “discrecionalidad” en la selección, es decir, que no se basó solo en criterios objetivos. Frente a la exigencia del CSI-F
de que esa promoción debería haber sido pública y haberse conocido los candidatos, el Ministerio de Economía defiende que se siguió el procedimiento habitual en estos casos, comunicarlo solo a las asociaciones de técnicos comerciales y diplomados. La igualdad de oportunidades parece que se quebró sin embargo cuando, según publicó Elconfidencial.com, De Guindos frenó una convocatoria que fue abierta en el mes de enero y la reabrió en junio, una vez que Soria había dimitido.
En la misma noche del viernes en que se conoció la candidatura de Soria, la vicepresidenta de Castilla y León decía que sentía “vergüenza ajena”. Parecía que Rosa Valdeón se sumaba al reducido club de disidentes de las decisiones de Rajoy, pero no fue así. Los presidentes de Castilla y León, Madrid o Galicia, Juan Vicente Herrera, Cristina Cifuentes y Alberto Núñez Feijóo, mostraron su rechazo. También el expresidente extremeño José Antonio Monago, o el candidato del PP vasco, Alfonso Alonso. El partido respiró aliviado después de la renuncia de Soria. “Es la mejor solución”, resumió el expresidente del Congreso Jesús Posada.
Como en su dimisión como ministro, Soria se resistió hasta el final para dar un nuevo paso atrás. Nada más hacerlo, el PP dio por “zanjado” un asunto que por segunda vez envolvía al amigo del presidente y comprometía al Gobierno. La novedad es que, por primera vez, Rajoy ha tenido que vérselas con buena parte de su partido.



