Se busca presidenta
Las negociaciones para ver quién presidirá la Generalitat van a ser a cara de perro. La CUP sabe que sus votos son necesarios y quiere un presidente duro, lo más radical posible y, a poder ser, mujer
La resaca electoral catalana se ha convertido en la peor pesadilla del presidente catalán, Artur Mas. Los 62 diputados que obtuvo su candidatura, Junts pel Sí, le dejan en la peor posición posible: los votos de la oposición suman 63, sin contar los 10 de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), una fuerza de ultraizquierda anticapitalista que no parece dispuesta a darle sus votos para investirle nuevo president. El cabeza de lista de la CUP, Antonio Baños, lo ha reiterado varias veces: su formación votará No a la investidura. Un miembro de la CUP confirma a TIEMPO ese posicionamiento. “Lo que se está hablando dentro de la formación es que sería necesario escoger a alguien sin vinculaciones con partido político alguno y, de esa manera, libre de sospechas de corrupción”, dice este dirigente. Desde la CUP no se ahorran críticas hacia la candidatura de Junts pel Sí y los partidos que la componen, Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) y Esquerra Republicana (ERC). “En Cataluña, los Gobiernos de CiU, con el apoyo parlamentario de ERC, han llevado a cabo los recortes más importantes de la historia reciente, actuando, de esta manera, como delegados de las políticas del capital contra la mayoría social”, afirma un documento de la CUP de este mismo mes de septiembre.
Carme Forcadell, presidenta de la ANC, nunca ha ocultado que su meta última sería llegar a la presidencia de la Generalitat.
Los radicales independentistas resaltan que lo único en que coinciden todos es en que este es un “momento histórico y excepcional”. “Ahora bien, lógicamente, los intereses de clase que representan son muy diferentes”, dicen. Enfatizan, por otro lado, que “la falta de una potente organización social y política de masas contra la política de clase de los Gobiernos de CiU ha propiciado que el movimiento para la independencia dispusiese de una autonomía política aparente respecto al conflicto social y de clase producido por la crisis”.
En este sentido, la CUP considera que el tema identitario y el tema social van “indisolublemente unidos”. Si se tiene que alcanzar la independencia es para hacer tabla rasa, para establecer un nuevo orden. Y aquí entran en juego determinados valores: la CUP aboga por la democracia directa, por el intervencionismo del Estado, por el control de la producción por parte de los trabajadores, por la estatalización de las fuentes de energía, por la intervención de las entidades financieras que reciban ayudas del Estado, por la prohibición de las deslocalizaciones y de los despidos, por la creación de planes de empleo con contrataciones directas de las administraciones para reducir el paro y por la salida del euro y de la Unión Europea.
¿Puede Artur Mas sentarse a negociar estos extremos? Difícilmente, admiten todas las fuentes consultadas. Pero también es verdad que en una mesa de negociación, y cuando se trata de aplicar la teoría a la práctica, todos los sueños comienzan a difuminarse y a adaptarse a las circunstancias.
Tres condiciones. Pero también es cierto que los radicales ponen sobre la mesa tres condiciones indispensables para poder llegar a un acuerdo. Afirman que son unas “condiciones de mínimos”, aunque las semanas próximas pueden hacer variar los planteamientos. El calendario ya está trazado: en veinte días hábiles debe quedar constituido el Parlamento. La fecha del 9 de noviembre es el tope para que se invista al nuevo president. El candidato debe obtener mayoría absoluta. En caso de no alcanzarla, hay dos meses de plazo para otras votaciones en las que ya solo se necesitaría una mayoría simple. Si en esos dos meses nadie consigue salir elegido, se deben convocar nuevas elecciones inmediatamente, que podrían ser en enero o febrero de 2016.
“Aún no hemos iniciado las conversaciones, pero esperamos que todo se solucione. Nosotros partimos de la base de que las elecciones las hemos ganado fuerzas favorables al sí a la independencia, hemos obtenido 500.000 votos más que las fuerzas favorables al no y a partir de aquí, creemos que quien debe gobernar es Junts pel Sí”, explica a este semanario un miembro de la dirección de Convergència.
Este dirigente asegura que “desde el primer momento dijimos que Artur Mas sería el candidato a presidente y lo mantenemos. Esperamos encontrar fórmulas que lo permitan”. Desde las filas de la CUP, en cambio, niegan ese planteamiento, ya que su primera condición es que el candidato a president esté inmaculado. “Artur Mas está manchado por la sombra de la corrupción. Su partido está afectado por varios escándalos judiciales y no ayudaremos a que sea presidente. Es más, ahora que se han sacado de encima a Unió Democràtica, no deberían desaprovechar la oportunidad para hacer limpieza”. Se refiere la fuente, claro, a la ruptura de la histórica coalición Convergència i Unió, en la que los democristianos de Unió se mostraron siempre en contra de la independencia. Evidentemente, si el candidato fuese una figura de consenso y prestigio ajena a la política, el problema de sospechas de corrupción quedaría solucionado. Pero esa misma premisa elimina automáticamente también a cualquiera de ERC. Incluso el cabeza de lista de la candidatura, Raül Romeva, sería eliminado, ya que ha estado vinculado a ICV. “Además, desde la CUP se han tendido puentes hacia Catalunya Sí que es Pot, la coalición que aglutina a ICV y a Podemos, por si se aviene a alguna clase de pacto”. Esa coalición de enrevesado nombre es la única que no se opone frontalmente a la independencia y que es partidaria de un referéndum independentista, aunque el líder de Podemos, Pablo Iglesias, es partidario de pedir el No en la consulta. Sin embargo, esa coalición, por el mero hecho de estar integrada también por ICV, no votaría jamás a Romeva, puesto que se le considera “un traidor” (había sido europarlamentario de ICV durante diez años y ahora ha fichado por Mas, el mayor e histórico enemigo de los ecosocialistas). Otra fuente de la CUP asegura que “no es descabellado iniciar primero un acercamiento a Sí que es Pot y luego negociar con Junts pel Sí. Con los de Podemos e ICV se negociaría la preparación de un referéndum para dentro de dos años, es decir, para 2017 y sumar 11 diputados más”.
Una mujer. Por si fuera poco, hay otro escollo que sería la segunda condición de la CUP: “Queremos un president duro, muy duro, y Mas no lo es. Cuanto más duro, mejor, para los tiempos que se avecinan de confrontación con el Gobierno español. Si no es muy duro, que no cuente con la CUP”. Esta premisa tiene su justificación en la estrategia de abierta insumisión que la organización extremista quiere imprimir al nuevo gabinete. En esa estrategia juega un papel importante la “desconexión” con el Gobierno español: entre las medidas que tendría que tomar estarían la de desobedecer el techo de deuda pública impuesto por el Gobierno español, obviar la Ley Wert, no aplicar la reforma laboral, ni la de las pensiones, ni la de la Ley de Administraciones Públicas o la paralización inmediata de los desahucios.
Por último, hay una tercera y no menos importante condición: “¿Y por qué no una mujer? En la CUP se ha hablado de esa posibilidad y es la que más adeptos tiene”, explica la fuente citada. Tiene su razón de ser: en el ideario político de la CUP recogido en su programa electoral para el 27 de septiembre, enumera nueve puntos, entre ellos la “independencia total”, la reclamación de los “Països Catalans”, la declaración de no pagar la deuda, el mantenimiento de los servicios públicos y, como quinto punto, “una República Catalana decididamente igualitaria y feminista”. El cénit de su estrategia sería, pues, el conseguir que una mujer presidiese por primera vez la Generalitat. En algunos círculos se ha dejado caer el nombre de Carme Forcadell, la expresidenta de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). “Y ella encantada, porque su meta desde tiempo era optar a ser presidenta”, subrayan las fuentes citadas. Forcadell tiene handicaps: primero, había sido concejala de ERC en Sabadell, aunque hace tiempo que está desligada del partido; sin embargo, durante los últimos años ha sabido maniobrar al frente de la ANC para intentar contentar a todos. Pero, por otro lado, esta entidad es criticada por el núcleo más duro de la CUP.
Lo que los radicales le echan en cara es que, a pesar de las masivas movilizaciones que consiguió, las reivindicaciones se quedaron en el plano político, porque exigía la independencia, pero no reivindicó ninguna mejora en el plano social. “Le han faltado las herramientas analíticas, la valentía política y la capacidad organizativa para reunir el lado social y el nacional en un solo eje, y con una dirección más diversa y radical”. En otros círculos de la CUP, no obstante, se cree que Forcadell, al frente de la ANC, era prisionera de presiones de Convergència y de Esquerra. Fuera de la ANC, y con el apoyo de la organización radical, se blindaría ante esas presiones. En algunos sectores también se puso sobre la mesa el nombre de otra mujer: Teresa Forcades, la monja que milita en Procés Constituent. Es cierto que esa organización se alió con Podemos, ICV y Guanyem en las municipales, teniendo como rival a la CUP, pero su talante independentista está fuera de toda duda. Forcades dejó los hábitos en el mes de junio para poder presentarse a las elecciones del 27 de septiembre. A finales de julio, sin embargo, los militantes de Procés Constituent votaron a favor de no presentarse a estos comicios. En estos momentos, pues, Forcades está compuesta y sin empleo político.
“Su nombre ha sonado en algunos círculos como una posible candidata. Tiene a su favor que es muy conocida, su talante soberanista, no está salpicada por ningún escándalo, no despierta rechazo en la mayoría de los demás partidos... y es mujer, lo que no deja de tener una importancia capital”, afirma una de las fuentes de la CUP. También suena Muriel Casals, economista, profesora universitaria y presidenta de la plataforma ciudadana Òmnium Cultural. No milita en partidos tradicionales y ha defendido activamente el soberanismo y el derecho a decidir.
Blindar a Mas. La búsqueda de un presidenciable nuevo, sin embargo, trastocaría el débil equilibrio al que habían llegado CDC y ERC para conformar la lista de Junts pel Sí, así como el reparto de poderes. En las conversaciones que habían mantenido, decidieron que Mas sería el candidato a presidente del Gobierno catalán y que a Esquerra le pertenecería ocupar una vicepresidencia de ese Gobierno y la presidencia del Parlamento autonómico. El reparto se haría en un porcentaje del 60% para Convergència y el 40% para ERC. Pero con Mas fuera del Ejecutivo, habría que replantear los lotes de cada uno. “A Mas podría dársele un premio de consolación y la presidencia del Parlamento no sería una mala idea. También puede pasar a presidir algún organismo institucional”, explica otra de las fuentes consultadas. Sin embargo, ese “premio de consolación” tiene sus más y sus menos. “Si no se le permite optar a presidente de la Generalitat por su vinculación a casos de corrupción, de la misma manera se le debe vetar para presidir la cámara legislativa. Lo que vale para el Gobierno debe valer también para el Parlament”, critica un miembro de la candidatura de la CUP.
En Junts pel Sí, no obstante, confían en que la situación se enderece. “Mas es el artífice de esta situación y llegará hasta el final. No abandonará. Ha contraído un compromiso y cumplirá su parte, que es dejar a Cataluña en la meta de la independencia. Durante estos años, ha desafiado al Estado español y se ha jugado su carrera política hasta el punto de que está imputado por haber convocado la consulta del 9 de noviembre del 2014. Lo menos que se merece es un reconocimiento y que le dejen acabar lo que empezó”, resaltan fuentes de CDC. Además, los convergentes apuntan a que su candidatura fue la más votada, “por lo que tenemos derecho a proponer al candidato que creamos idóneo. Lo que es absurdo es que una fuerza minoritaria pueda decidir lo más importante: el presidente del Gobierno. Además, los ciudadanos no entenderían que por una cuestión así, que dentro de unos meses se verá como anecdótica, se pueda poner en peligro y hacer descarrilar todo el proceso”. En la cúpula de Convergència se aprovecha también para sacar pecho: “Partíamos de una base de 50 diputados. De ellos, hay que restar los que correspondían a UDC y que se separaron. Pues bien, resulta que ahora hemos logrado 62, por lo que hemos ganado un buen puñado de representantes y, además, hemos logrado más de 1.600.000 votos. ¿Es que no cuentan esos votos? ¿Es que no hemos ganado democráticamente y tenemos todo el derecho a proponer a un presidente? ¡Pero si además proponemos a la persona que hizo posible este plebiscito!”.
De ahí que toda la estrategia de Junts pel Sí se dirija ahora a blindar a Artur Mas. La condición de la CUP es que no sea él. La condición de Convergència Democràtica y Esquerra Republicana es que sea él. “El panorama es complicado”, admiten en Junts pel Sí. En la manga guardan algún as, como el poner sobre la mesa un órdago. “Por la cabeza de Mas no ha pasado el retirarse en estos momentos, pero tal y como están las cosas, todo puede pasar”.



