Rajoy, en modo campaña

12 / 04 / 2016 Cristina de la Hoz
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La agenda del presidente del Gobierno en funciones viene marcada por actos de partido, convenciones y reuniones con portavoces parlamentarios, alcaldes y presidentes de diputaciones provinciales.

“En Moncloa estamos convencidos de que, con los elementos que hay sobre la mesa, vamos a elecciones”, admiten fuentes próximas a Mariano Rajoy. Coherentes con este pensamiento, la maquinaria electoral del PP, que no terminó de desmantelarse tras el 20-D, se ha puesto en marcha de nuevo, y con ella Rajoy ya está en modo campaña. Buena muestra de ello son las propuestas presentadas el pasado día 2 en Sevilla sobre la conciliación de la vida familiar y profesional y la racionalización de los horarios laborales, que no estaban en el programa con el que concurrieron a las últimas generales, lo que desvela cómo Génova ha dado el pistoletazo de salida a la campaña con la mirada puesta en el 26-J.

Convenciones programáticas y distintos actos con portavoces parlamentarios, con presidentes de las tan denostadas diputaciones provinciales a las que PSOE y Ciudadanos quieren echar el cierre, con alcaldes, afiliados y votantes conforman la agenda de Rajoy para las próximas semanas, ayuna de citas gubernamentales y en la que no consta, hoy por hoy,
 reuniones con Pedro Sánchez y Albert Rivera, ni juntos ni por separado, ni, tampoco, con el presidente de la Generalitat catalana, Carles Puigdemont.

Frente a las primeras informaciones que apuntaban a que el PP daba cierta verosimilitud a la posibilidad de que el líder del PSOE culminara con éxito la cuadratura del círculo que supone embarcar a Rivera y a Pablo Iglesias en el mismo proyecto, en Moncloa creen que no ha cambiado nada por muchas mesas de trabajo tripartitas que se formen. Si bien capítulos como la lucha contra la corrupción o la regeneración democrática son susceptibles de un acuerdo que aúne a Ciudadanos y Podemos, en política económica y social y en cumplimiento de los criterios de déficit están alejados años luz. Rivera no quiere a Iglesias en el Gobierno, pero el líder del partido morado tiene el mismo nivel de aprensión hacia él.

El pasado 31 de marzo, tras la reunión de Sánchez con Iglesias que inauguraba, al menos en el tono, una nueva era en las relaciones entre ambos, el equipo capitaneado por Jorge Moragas y dirigido por José Sánchez Arce, escribía: “Tras el paseo-reunión que han mantenido entre cámaras y fotógrafos, el líder de Podemos ha abogado por la vía del 161 para un Gobierno de España, es decir, una coalición a la valenciana (paella radical) entre el partido socialista, el pablismoleninismo y la izquierda comunista”.

A su juicio, esta fórmula abocaría a un Gobierno “títere” en manos de los radicales, amén de la ruptura de la unidad de España, de la soberanía nacional y del sistema constitucional; el empobrecimiento económico, el “paro masivo”, el aislamiento internacional, el “alineamiento con los regímenes bolivarianos y teocráticos” (Irán) y la involución histórica.

Aunque un hipotético Ejecutivo tripartito no salía mejor parado. “Una vía que nace muerta en la medida en que dos de sus integrantes se han reafirmado en su mutua autoexclusión”, indicaban en un documento de consumo interno elaborado por el equipo de “unidad de ideas” que creó el director de gabinete de Rajoy para las elecciones de diciembre del pasado año y que ha alargado su vida útil para afrontar la más que probable campaña del 26 de junio.

Y añadía que un Gobierno a tres supondría la “inestabilidad política permanente”, la lucha de “egos y protagonismos”, la “incoherencia ideológica” en la acción gubernamental además de la “imposible” convivencia en la que el único punto de unión sería “su identidad negativa y excluyente”, esto es, “un Gobierno anti-PP y contrarreformista”.

En el PP interpretan que el objetivo de socialistas y podemitas es “meterse presión mutuamente para hacer al contrario responsable de la repetición de elecciones”, aunque, a tenor de los sondeos, no parece que esta sea la mejor de las opciones para Iglesias, que se hunde en las encuestas, ni para Sánchez, que mantiene sus exiguos resultados del 20-D. El riesgo demoscópico, con un electorado que castiga las divisiones internas, podría ser la espoleta que aproximara a PSOE y a Podemos, pero Moncloa desdeña la posibilidad de un giro de guion a la catalana.

Respecto a Ciudadanos, en el comité de dirección del PP se ha instalado la idea de que Sánchez “usa a Rivera para garantizar su tranquilidad interna y situarse en la centralidad política”, pero el líder de la formación naranja, dicen, “está metido en una trampa” tendida por los socialistas “de la que quiere salir con sus llamamientos al PP”, aunque sea a costa de cuestionar el liderazgo de Rajoy.

Nos encontramos pues, según los populares, en los “minutos basura” de esta legislatura nonata, en la que, la única salida que le queda al presidente en funciones es la repetición electoral, mientras que PSOE y Podemos no quieren correr con el desgaste de la culpa por la ausencia de un pacto de la izquierda que, por otro lado, no suma. Es Albert Rivera el que parece salir mejor parado del trance, con un buen ascenso en las encuestas, pero cabe recordar que antes del 20-D también aparecía como tercera fuerza política, a muy poca distancia del PSOE, y las urnas le colocaron en la cuarta posición. 

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