Rajoy confía en un PSOE debilitado
El presidente en funciones, Mariano Rajoy, no quiere depender de los apoyos de Ciudadanos ni ceder su cabeza a Albert Rivera para posibilitar un nuevo Gobierno.
“Sánchez no lo va a conseguir. Va a haber elecciones y van a tener que hacer lo que no quieren hacer ahora y más debilitados”, esto es, permitir un Gobierno del PP. Quien hablaba así era Mariano Rajoy a sus eurodiputados el pasado 18 de febrero en Bruselas antes de participar en una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea. Los suyos estaban muy preocupados por la deriva de los acontecimientos. Ya se habían puesto en marcha las negociaciones entre Pedro Sánchez y Albert Rivera. De hecho, el acuerdo se firmó con gran alharaca en la Sala Constitucional del Congreso de los Diputados el 24 de febrero, apenas seis días después de que Rajoy pronunciara esas palabras. La sesión de investidura planeaba en el horizonte y numerosos dirigentes populares se resistían a pensar que la izquierda no aprovechase la ocasión. “Siempre que ha podido, ha pactado para desalojarnos del poder y esta vez no iba a ser distinto”, creían muchos de los lugartenientes de Rajoy. Pero esta vez lo fue.
El presidente del Gobierno en funciones fue un firme convencido de que el pacto a tres que pretendía Sánchez era un imposible e íbamos a nuevas elecciones. Pero no solo. Porque su predicción añadía dos vaticinios más: tras los nuevos comicios los socialistas tendrán que rendirse a la evidencia y convertirse bien en socios de Gobierno en un Ejecutivo de concentración o facilitar, al menos, su investidura, y, por otro lado, quedarán más debilitados que ahora.
En cierto modo “se ha vuelto al punto de partida”, explica uno de los eurodiputados que asistió a esa reunión en Bruselas parafraseando lo que les dijo entonces Rajoy. Sin embargo, no parece que todo sea producto de la intuición presidencial sino de mensajes que, en este sentido, les han ido llegando de los “entornos socialistas”, como definen la vía de diálogo con el primer partido de la oposición, que existir, existe. A la ya conocida interlocución que Rajoy mantiene con dos de sus antecesores en Moncloa, Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero –un vínculo infinitamente más fluido, más engrasado, que con José María Aznar, que es inexistente– surge de forma recurrente el nombre de Alfredo Pérez Rubalcaba. En este sentido, un veterano dirigente del PP explica que tras las elecciones del 26 de junio tendrán “dos socios: Ciudadanos y el PSOE. Eso sostienen muchos dirigentes del PSOE como Alfredo [Pérez Rubalcaba]. Los socialistas ya no tendrían ni media excusa para no hablar” con ellos, aduce. Otro explica que “es inevitable buscar una salida que no lleve a una nueva repetición de elecciones y eso es lo que piensa Rubalcaba”.
El aludido ya explicó su posición en una carta abierta que publicó El País. Si bien se mostró contrario a la fórmula de la gran coalición, consideró inevitable un ejercicio de diálogo y de acuerdo entre las fuerzas políticas, sin concreciones, para poder configurar un Gobierno “con mayoría suficiente”, y añadió que PP y PSOE están condenados a entenderse en el tema catalán.
Precisamente, ambas formaciones tiemblan ante la perspectiva de una nueva repetición electoral tras el 26-J. La idea generalizada es que esta vez, sí o sí, debe haber Gobierno “y eso va a hacer posible lo que no lo fue tras el 20-D. Los socialistas no se van a atrever a hacer lo que nos han hecho hasta ahora”, repite Rajoy en reuniones internas ante una dirección que va asimilando como propio ese augurio.
Además, según los cálculos que Pedro Arriola le ha hecho llegar a Rajoy, el PSOE saldrá “más debilitado” de esta consulta, frente a un tándem Podemos-IU que amenaza con quitarle la hegemonía de la izquierda. Si Sánchez pierde un solo diputado más, su liderazgo será historia, y qué decir tiene si Pablo Iglesias consigue el sorpasso.
Solo hay un nubarrón en el escenario de futuro que el líder del PP tiene sobre la mesa presidencial: que Albert Rivera insista en pedir su cabeza. Por eso Rajoy no quiere apoyarse solo en Ciudadanos, no quiere depender de ese líder emergente que le leyó la cartilla en la sesión de investidura del 1 de marzo y aventó los casos de corrupción. Otra cosa es que se una a un acuerdo entre los dos grandes partidos, un pacto que “demostrase que este país ha superado las dos Españas”, dicen en Génova.



