Rafael del Pino, rey de aeropuertos y autopistas
En 30 años ha convertido la constructora fundada por su padre en una multinacional de infraestructuras y servicios, presente en 25 países
En Estados Unidos ponen título nobiliario a los empresarios o a las familias multimillonarias. Así, hay reyes de la cerveza, de los supermercados o del chicle. Rafael del Pino Calvo-Sotelo, ingeniero de Caminos, presidente de Ferrovial desde el año 2000, sería en España “el rey de los aeropuertos y autopistas”. Le cuadraría el título por su poderío internacional en la gestión de infraestructuras. Ese título lo ha ganado en los últimos 30 años, tras multiplicar el tamaño de la empresa que recibió de su padre, Rafael del Pino Moreno, ingeniero de caminos y fundador de Ferrovial, una de las “cinco grandes” de la construcción española en el siglo XX. Esta delantera atacante la forman la Acciona de los Entrecanales, la ACS de Florentino Pérez, la FCC de Carlos Slim y Esther Koplowitz y la Sacyr de Manuel Manrique. Hoy juegan todos en primera división mundial, pero con aspiraciones al liderazgo entre las cinco. Rafael del Pino acelera por alcanzar a la ACS de Florentino Pérez, que le gana en facturación e internacionalización y le triplica en plantilla.
Bien es cierto que la suerte ayuda a la ambición de Del Pino. En los últimos años, la FCC de la familia Koplowitz ha pinchado, asfixiada por la deuda, y ha cambiado de dueño. Sacyr ha tenido que frenar su crecimiento, liquidar el negocio inmobiliario y reordenarse. Y Acciona es cada vez más una compañía energética, aunque sigue jugando en la liga de la construcción mundial.
Ferrovial es una empresa singular por muchas cosas, pero sobre todo por no haber tenido ningún patinazo en los últimos 30 años. Fue muy hábil al escapar a la crisis inmobiliaria, liquidar su negocio de vivienda y residencial, justo antes del estallido de la burbuja en 2008. Completó la jugada al salir al exterior a buscar obras y concesiones y a comprar operadores de aeropuertos, justo los años anteriores a que España entrara en crisis. En 1999, mucho antes de la crisis, entró en el negocio internacional de autopistas con la autopista canadiense ETR 407, en Toronto. Fue un auténtico hito para el sector constructor español.
Ferrovial es obra de Rafael del Pino Moreno, todo un personaje de carácter, determinación y ambición. Hablamos de un ingeniero madrileño, fallecido a los 87 años, en 2008, tras una exitosa vida empresarial. Lamentablemente, sus últimos cuatro años de vida no fueron los mejores, al menos físicamente. Los pasó en una silla de ruedas, tras un accidente mientras navegaba en su velero, la gran pasión de su vida. En el año 2004 daba la vuelta al mundo y navegando por el Océano Índico tuvo un accidente que le dejó postrado. Tenía entonces una fortuna que ascendía a los 4.000 millones de euros y era habitual de la lista de millonarios de Forbes.
Ferrovial nació en 1952 en la España pobre de la posguerra, en plena dictadura de Franco, haciendo traviesas para las vías de Renfe. De la traviesa pasó en diez años a la construcción, la obra hidráulica, carreteras y edificación. Amplió los metros de Madrid y Barcelona y en 1968 hizo la autopista Bilbao-Behobia y se quedó con la explotación, aprendiendo un negocio en el que triunfaría más tarde. En los años 70 construía carreteras en Libia y en los años 80 fue una de las constructoras más importantes de la red de autovías impulsada por el Gobierno de Felipe González. También realizó gran parte de las obras del Ave Madrid-Sevilla y de las olimpiadas de Barcelona. Era ya una gran constructora en el último cuarto del siglo XX. Desde ese trampolín, Rafael del Pino hijo, ya como director general y como consejero delegado, daría el salto a una multinacional de la construcción. El vástago se haría con concesiones de aeropuertos y autopistas y servicios en ciudades en Europa y todo el continente americano.
La compañía está hoy presente en 25 países y tiene 69.000 empleados. Sus cifras lo dicen todo: en 2014 facturó 8.800 millones de euros y el ebitda (beneficio bruto) fue de 983 millones. El 69% de su negocio está fuera de España, pero lo más llamativo es que opera varios aeropuertos en Gran Bretaña, entre ellos Heathrow, el aeropuerto principal de Londres, y explota autopistas en Estados Unidos y Canadá. Tiene también fuerte presencia como constructora en Polonia. Pero sigue siendo una grande en España, donde llevan su firma obras como el museo Guggenheim de Bilbao, el CaixaForum de Madrid o la T-4 del aeropuerto de Madrid-Barajas.
Rafael del Pino Calvo-Sotelo, segunda generación de esta saga, es un caso paralelo al del banquero Emilio Botín, presidente del Banco Santander, fallecido hace un año, en septiembre de 2014. Son vidas paralelas, aunque arrancan su aventura como gestores con diferentes edades: Del Pino, con 37 años, y Botín, con más de 50. Pero las similitudes son asombrosas. Los dos heredan empresas ya grandes en España, una constructora y un banco, y los dos en 30 años las convierten en multinacionales. Un directivo de Ferrovial, que convivió con los dos Del Pino, confirma al cien por cien la similitud: “Heredan las empresas de dos padres que se llaman como ellos, son muy duros y exigentes, les ponen al frente de dos empresas de tamaño respetable como Ferrovial y Banco Santander. Doblan a sus padres en audacia, atrevimiento, y no andan con contemplaciones para crecer, ganar cuota de mercado, pisar a la competencia e internacionalizar sus empresas. Rafael y Emilio son idénticos en la determinación para diversificarse e internacionalizarse en un mundo global.” Y pone dos ejemplos: “Emilio Botín se lanza a remunerar cuentas corrientes al 11% en los años 80 del siglo pasado cuando nadie pagaba esa barbaridad a los clientes de la banca, y Rafael del Pino, a comprar operadores de aeropuertos, algo inaudito para las constructoras españolas. Y lo hace en Gran Bretaña, un territorio desconocido. Si eso no es atrevimiento, venga Dios y lo vea”. Y una coincidencia más: Del Pino y Botín arrumban enseguida a la vieja guardia de sus empresas y fichan talento joven, tan audaz o más que ellos.
Del tal palo tal astilla, se suele decir. Del Pino padre fue ingeniero de caminos, y lo mismo el hijo, pero uno y otro lo que tenían era mucha ambición, o sea, madera de empresarios. El padre será autodidacta en la gestión empresarial, que suple con durísimo carácter y determinación, y el hijo se formará en Harvard, la mejor escuela de negocios del mundo, pero también en el tajo y desde abajo. En los años 70, el padre manda al hijo a Libia a hacer carreteras en el desierto, “para que aprenda”, frase literal que dijo después su padre para explicarlo.
Uno y otro son iguales y diferentes. El padre se inventó una constructora de la nada en la pobreza de la posguerra y la autarquía del franquismo, pero luego supo subir al tren del desarrollo y creó una empresa grande, mientras que Rafael hijo, más formado y con idiomas, puso los cimientos de una multinacional. Cuando en el año 1995 Ferrovial compra Agroman a Banesto, Rafael del Pino hijo es el joven ambicioso que empuja a su padre. El vástago está ya al mando aunque el padre siga al timón. Tiene en la cabeza duplicar el tamaño, y por eso nace Ferrovial-Agroman, operación a la que sigue la salida a bolsa de Ferrovial en 1999. La empresa de la familia Del Pino pasa a estar en la cabeza del ranking de las constructoras de España y a asomar la cabeza internacionalmente.
Después se suceden los hitos de la expansión. En el año 2000 desembarca en Polonia con la compra de la empresa Budimex, la reflota y la convierte en la primera constructora polaca. En 2003 compra una empresa en dificultades, se trata de Amey, una firma británica de servicios, infraestructura del transporte, servicios sociales y medioambientales, que también reflota y es hoy un referente en el Reino Unido. El mismo año compra en España Cespa, empresa de servicios urbanos y medioambientales. En pocos meses, con Amey y Cespa, nace Ferrovial Servicios, una división de negocio con presencia y tamaño. Y en 2005, el salto a Estados Unidos, al comprar la firma texana Webber, a pocos meses de que Cintra, la filial de autopistas, se adjudicase la Chicago-Skyway. A esto suceden enseguida dos autopistas más en Texas, la Tarrant Express y la LBJ, que también se adjudica Cintra. Después protagonizaría una nueva salida a bolsa tras fusionar a Ferrovial con su gestora de autopistas Cintra.
Pero el golpe espectacular de Rafael hijo sucede en 2006. Ferrovial compra en Gran Bretaña el operador de aeropuertos BBA, hoy llamado Heathrow Airport Holdings. Es la operación más ambiciosa nunca realizada por una empresa española en este sector. Ferrovial pasó a tener siete aeropuertos en Gran Bretaña. Operaba Heathrow, el primero del Reino Unido, que da servicio a Londres, y otros seis aeropuertos: Gatwick, Stansted, Southampton, Aberdeen, Glasgow y Edimburgo. Las cosas se torcerían en esta operación cuando la autoridad de la Competencia del Reino Unido intervino por presuntas razones de posición de dominio y peligro de monopolio en el mercado y obligó a Ferrovial a vender tres aeropuertos. Así, tuvo que vender en 2009 Gatwick, que es el segundo aeropuerto británico por tráfico de pasajeros, y luego Stansted y Edimburgo. Ferrovial no era nueva realmente en el negocio aeroportuario, ya que en los años 1998 y 1999 compró aeropuertos en México y Chile, y luego se hizo con el de Bristol (Gran Bretaña) y tomó una participación en Sidney. También compró los de Nápoles y Budapest, que luego vendió.




