¿Qué quiere Pablo Iglesias?
Podemos cree que su oferta al PSOE es una apuesta ganadora. Acepten o no, llevará a los socialistas a perder la hegemonía de la izquierda.
La imagen del pasado viernes de Pablo Iglesias rodeado de sus ministrables, con una sonrisa en la boca y ofreciéndose salvar al PSOE de la irrelevancia política no fue improvisada ni responde a una ocurrencia de último momento ante el bloqueo institucional que sufre el país. Al contrario. Responde, según cargos medios del propio Podemos, al objetivo último que desde su fundación en 2014 ha tenido la formación morada: sustituir al PSOE como partido hegemónico en la izquierda. A ese objetivo se encaminaban los mensajes de campaña, despreciando a los socialistas, y a ese objetivo se enfocará también toda la estrategia de pactos que desarrolle el partido. Los tres escenarios que contempla la formación tras su propuesta, un Gobierno compartido con el PSOE, nuevas elecciones o gran coalición, acabarían, según este análisis interno, con el PSOE deshaciéndose en favor del ascenso definitivo de Podemos como primera fuerza de izquierdas.
Públicamente, sin embargo, la formación niega una y otra vez que el verdadero objetivo de su oferta sea partir en dos al PSOE. “Si proponemos algo es que tenemos intención de romper al PSOE y si lo propone Ciudadanos, ¿también?”, se preguntaba, con cierto aire victimista, Xavier Domènech, portavoz adjunto de Podemos en el Congreso de los Diputados y líder del ala catalana, En Comú-Podem. Lejos de la “humillación” que desde Eduardo Madina hasta Alfredo Pérez Rubalcaba vieron en la propuesta para formar un Gobierno con Pedro Sánchez de presidente e Iglesias de vicepresidente, la versión que da la cúpula de Podemos a la sorpresa del viernes pasado es muy distinta. Más que un órdago planteado al PSOE, la formación morada explica su oferta en términos de “hacer valer” la opinión, incluso la existencia, de sus cinco millones de votantes.
Tras las elecciones del 20-D, solo trascurrieron cuatro días hasta que, en la tarde del 24 de diciembre, Nochebuena, Iglesias y Sánchez mantuvieran una primera conversación telefónica. En ese momento, el foco estaba en la celebración del referéndum en Cataluña, que un día después de las elecciones Iglesias había elevado a la categoría de línea roja para llegar a un acuerdo con los socialistas. En aquella conversación de Nochebuena, Iglesias y Sánchez se emplazaron a seguir hablando. Pero no lo hicieron. En su lugar, los de Iglesias arguyen que han tenido que tragar mucha saliva al ver cómo desde el PSOE y desde los medios de comunicación se daba por seguro, como algo natural, que Podemos apoyaría sin más la investidura de Sánchez. Todo ello mientras el PSOE no hacía nada a su favor. Así, entre Navidad y el final de las primeras consultas con el Rey, PSOE y Podemos solo hablaron sobre la composición de la Mesa del Congreso, donde los socialistas permitieron a PP y Ciudadanos formar una mayoría absoluta que, de momento, ha impedido que Podemos tuviera cuatro grupos o ha mandado a sus diputados al “gallinero” del Hemiciclo. Todo ello regado con titulares en las primeras páginas de los diarios dando por seguro el apoyo de Podemos a Sánchez, apuntan en la formación morada. “Estábamos siendo llevados por fuerzas desconocidas” hacia el apoyo sí o sí a la investidura de Sánchez, explican, y añaden que la propuesta de un Gobierno de coalición sirvió para reivindicar a sus votantes: “Ya sabemos que pensáis que somos pequeños y que ni siquiera deberíamos estar aquí, pero tenemos una propuesta para hacer valer el peso de los cinco millones de votos”.
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