Primarias con final anunciado
No se espera ninguna sorpresa en las primarias del PSOE ni de Ciudadanos para elegir sus candidatos a la presidencia del Gobierno. Tanto Pedro Sánchez como Albert Rivera lo tienen ya todo “atado y bien atado”.
A mediados de abril, un mes antes de las autonómicas y municipales, un dirigente socialista explicaba que, pese al ruido interno que constantemente envuelve el liderazgo del PSOE, Pedro Sánchez tenía ya todo “atado y bien atado” para ser el candidato socialista en las próximas generales. De eso se había encargado durante meses su mano derecha, César Luena, primero con la operación destitución en Madrid de Tomás Gómez y más tarde, forjando alianzas con distintos barones contra su rival sobre el papel, Susana Díaz. “Solo un terremoto electoral podría tirarle de esa silla”, zanjaba con una sonrisa de seguridad. Aunque es probable que más de un socialista se encomendara a todos los santos durante el largo escrutinio del 24-M, lo cierto es que ese terremoto nunca se produjo y, hoy por hoy, Pedro Sánchez es más líder que nunca.
Nadie en el PSOE cree que el secretario general vaya a tener competencia seria en el proceso de primarias que acaba de abrir el partido. Por el momento, además de su precandidatura hay otros dos militantes que pretenden disputarle el puesto. Son Sergio Cebolla, abogado y hasta hace unos días dirigente intermedio del PSOE sevillano, y Pedro Antonio Ibánez, socialista de base en Canarias. Ambos son prácticamente desconocidos para la mayor parte del partido y todos dudan de que puedan conseguir los avales necesarios para formalizar sus candidaturas, cerca de 10.000, el 5% de la militancia. Tienen de límite hasta el día 16 de junio.
No ha habido, ni nadie lo espera por el momento, movimientos entre los dirigentes críticos con la actual dirección que sí podrían ser un escollo importante en el camino de Sánchez. Susana Díaz acaba de solucionar su investidura después de casi 80 días de negociación y no parece pensar más allá de Andalucía a corto plazo. Tampoco parecen dispuestos a presentar batalla sus dos posibles liebres, la exministra Carme Chacón y el diputado vasco Eduardo Madina. La primera suena como posible número uno del Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC) al Congreso en Barcelona (previo paso por primarias) y el segundo no quiere volver a ser la cara de la derrota contra Sánchez como en el congreso del pasado año.
Si en los días que restan no se presenta ningún adversario de categoría y el secretario general es el único en presentar los avales necesarios, su candidatura a La Moncloa sería automáticamente proclamada. Pero incluso si existe, en Ferraz están convencidos de que suman los apoyos necesarios para ganar la contienda. Pese a ser primarias abiertas a simpatizantes, el cálculo es que los resultados acaban reproduciendo de forma más o menos fiel las preferencias de los militantes, que son quienes acaban arrastrando a familia y amigos a votar. Si es así, los aparatos regionales tienen más control sobre el proceso del que se reconoce. Y Sánchez y Luena han sabido ganarse a buena parte de ellos. Los cálculos son que Madrid, a través de la gestora que preside Rafael Simancas, pero también Valencia, Extremadura, Asturias o La Rioja votarían mayoritariamente por el secretario general. A ello hay que sumar el apoyo del PSC, poco partidario del modelo territorial que vende en Andalucía Susana Díaz.
Rivera, incuestionable. Otro que también tiene franco el camino hacia las elecciones generales es el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. La formación naranja celebrará el 4 de julio, al mismo tiempo, las primarias para elegir su candidato a La Moncloa y a la Generalitat de Cataluña. Aunque aún no lo ha confirmado, la coincidencia de fechas para ambos procesos hace pensar que Rivera no se presentará como número uno a las elecciones catalanas y dejará su candidatura, que nadie en el partido cuestiona, para las generales. El problema es que Ciudadanos necesita una cara capaz de aglutinar en Cataluña los mismos votos que habría cosechado Rivera, una cara capaz de conseguir un resultado que sirva de trampolín para La Moncloa. Suena con fuerza Inés Arrimadas, diputada catalana, muy habitual en los medios, pero hasta la confirmación oficial de los candidatos no habrá más que rumores. Ese mismo día Ciudadanos elegirá a los cinco primeros nombres de todas las candidaturas provinciales al Congreso, algo que podría provocar alguna que otra división en el partido naranja.
Aún sin fecha en el horizonte se avecinan también las primarias para elegir al que será el candidato de Podemos a La Moncloa. Con total seguridad será Pablo Iglesias. En este caso, las quinielas eran, más que de nombres, de siglas. El hombre fuerte de IU, Alberto Garzón, lanzó esta semana la propuesta para crear un frente unido de izquierdas capaz de disputarle al PP el puesto de primera fuerza política en las generales. La respuesta de Podemos fue clara: la formación se presentará con “su papeleta, su logo y su nombre” en noviembre. Solo abrió una vía de confluencia para Garzón: que se presente a las primarias de Podemos. Serán los ciudadanos quienes decidan dónde ubicarlo, zanjaron.



