Por un puñado de votos
A falta de apenas dos semanas para las elecciones generales del 20 de diciembre, todo hace indicar que la campaña será más decisiva que nunca a la hora de inclinar la balanza entre las diferentes opciones políticas. El Partido Popular parte como favorito, pero la corta distancia que reflejan las encuestas respecto a PSOE, Ciudadanos y Podemos deja abierta cualquier posibilidad
Madrid,el gran campo de batalla del 20-D
Nervios en el Partido Popular ante la posibilidad de que Albert Rivera supere en votos al presidente del Gobierno en la circunscripción madrileña.
por Cristina de la Hoz
No intentaré gobernar si no soy el cabeza de lista más votado”, solemnizó Mariano Rajoy el pasado lunes 30 de noviembre en una entrevista en Telecinco. Sus palabras, dirigidas fundamentalmente al líder del PSOE, Pedro Sánchez –a quien creen dispuesto a rubricar lo que llaman en el PP “un pacto de perdedores”–, pueden convertirse también en un arma de doble filo que se vuelva contra el actual inquilino de La Moncloa. Y es que en el cuartel general de los populares no dudan del triunfo electoral, que, por otro lado, arrojan todos los sondeos sobre intención de voto, incluso los que señalan un práctico empate técnico PP-PSOE-Ciudadanos, pero sí de salir triunfadores en una circunscripción tan potente y significativa como Madrid.
Madrid es la lista en que se miden directamente los aspirantes a ocupar despacho en La Moncloa además del feudo incontestable de los populares desde 1989 hasta mayo de este año, en que perdieron el Gobierno del ayuntamiento y a poco estuvieron de hacerlo en la comunidad. Sondeos propios y otros de entidades empresariales y financieras han arrojado el dato nada desdeñable de que Albert Rivera pudiera resultar el más votado independientemente del triunfo electoral del PP. Si es así, la afirmación con que arranca este reportaje debe contemplarse desde un prisma nuevo tanto para el PP como para Ciudadanos (C’s), las dos fuerzas políticas que parecen condenadas a entenderse tras el 20-D.
En el cuartel general del PP, en la calle Génova de Madrid, se manejó durante meses la hipótesis de que la emergente Ciudadanos podría pedir la cabeza de Rajoy como condición innegociable para un acuerdo (ver Tiempo, número 1.702), tal y como hizo, por ejemplo, con el expresidente de La Rioja Pedro Sanz. Un destacado dirigente genovés es categórico al respecto: “Si piden la cabeza de Rajoy, yo soy partidario de que nos fuéramos a la oposición”.
“Imposiciones, pocas”, arguyen en Génova, a sabiendas de que Ciudadanos elevará a la enésima potencia el nivel de exigencia solo para facilitar la investidura de Rajoy. No cabe duda de que un Rivera con más votos que Rajoy en Madrid le sitúa en mejor posición para imponer sus tesis, con un candidato popular que sufriría un fuerte desgaste.
Consuelos populares. Uno de los pocos consuelos que le queda al PP para que no se confirmen los malos augurios que algunos trackings y sondeos han dejado entrever, dentro de la enorme volatilidad del momento, es la todavía poca movilización del voto joven. Solo el 50% de los jóvenes ejerce su derecho al voto “frente al 90% de los más mayores”, explican los que manejan en Génova los datos demoscópicos. Otro punto más a favor lo constituye el hecho de que tenemos un electorado envejecido, que supera los 50 años de edad y que, a la hora de votar, es más refractario a los cambios.
Los populares se aferran también a otros dos datos: por un lado, el importante porcentaje de indecisos, de ciudadanos que aseguran que irán a votar pero dudan a quién, que a veces supera el 30%; y, por otro, las dificultades objetivas que las empresas demoscópicas encuentran para atribuir a uno u otro partido un buen puñado de escaños, entre 25 y 30, cifra nada desdeñable puesto que puede cambiar sustancialmente la composición del futuro Parlamento.
El mecanismo de voto útil que funcionó en Cataluña a favor de C’s, dicen en Génova, no es de aplicación a las legislativas. Sin embargo, el sondeo de La Vanguardia del 29 de noviembre augura un cuádruple empate a nueve escaños entre C’s, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), el Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC) y la nueva marca de Convergència, Democracia y Libertad, con la formación de Rivera a la cabeza. Una foto-finish de infarto que demuestra cómo Ciudadanos va imponiéndose en zonas muy urbanas.
La estrategia del PP a la hora de afrontar estas elecciones de resultado incierto se centra en intentar sacar la mayor ventaja posible al segundo partido. Muy lejos de aspirar a ese 35% que, según el sociólogo Pedro Arriola, permite rozar la mayoría absoluta, ahora luchan para que una distancia de entre seis y siete puntos con la segunda fuerza política “impida un pacto de perdedores”, idea recurrente en el imaginario del partido en el Gobierno. Creen posible superar la barrera de los 130 escaños y Rajoy se empleará a fondo en regiones como Madrid, Valencia y Andalucía. La España más rural, aducen, sigue siendo terreno abonado para PP y PSOE.
Precisamente, convencidos de que la alianza de Ciudadanos con la presidenta socialista andaluza, Susana Díaz, pasará factura a la formación de Rivera, Rajoy ha elegido esta comunidad para arrancar la campaña. Un mal resultado para Díaz, aunque no sea candidata, además mermará mucho sus aspiraciones de futuro en la política nacional en sustitución de Pedro Sánchez.


