Policía y CNI reducen medios contra ETA
El declive de la banda y el auge del terrorismo yihadista obligan a cambiar de estrategia.
La lucha contra ETA, cinco años después de que la banda abandonara la lucha armada sin disolverse, ha bajado su intensidad considerablemente tanto en la Policía como en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) por la necesidad de dedicar el mayor esfuerzo posible a la lucha contra el terrorismo yihadista.
La Unidad Central de Inteligencia Interior de la Policía contaba antes con varios grupos dedicados a la lucha contra ETA en las provincias vascas que han sido desmantelados. Solo queda en funcionamiento la unidad dedicada a Francia, que ha acometido en algunas ocasiones misiones que afectaban al interior de España. Esto se debe a que la presencia de etarras se da básicamente en el país vecino, donde están escondidos la mayor parte de los terroristas que le quedan a la organización terrorista y donde guarda en zulos sus menguados arsenales. El trabajo de esta unidad sigue siendo eficaz, aunque cada vez hay menos que investigar.
Tras los atentados del 11-M, la Policía se encontró con que los medios que dedicaba a la lucha contra los radicales islamistas no se correspondía con la amenaza real que representaban. ETA aún estaba activa y hubo que hacer malabarismos para aumentar el personal dedicado al terrorismo islámico. Más tarde, con la desarticulación de comandos etarras, que coincidió con el aumento del riesgo de atentados yihadistas, redujo el número de agentes destinados a la lucha contra ETA. La Unidad Central de Inteligencia pasó a dedicarse prioritariamente a controlar a los yihadistas y a buscar fuentes de información que pudieran adelantarle sus planes para atentar. Para ello fue de mucha utilidad que veteranos en la lucha contra ETA pasaran a ocupar puestos destacados en la guerra contra los islamistas.
Recorte de personal
El CNI también ha procedido a un importante recorte de personal en la División Contraterrorista y ha trasvasado a una gran parte de sus expertos a la lucha contra el yihadismo. La escasez de personal ante las amenazas emergentes procedentes de otros campos ha llevado al centro a iniciar la contratación de 500 agentes más –ahora cuenta con 3.500–.
Su despliegue en el País Vasco, como en otras comunidades autónomas, ha variado poco ante la necesidad de dedicar a los agentes anti ETA a misiones contra los radicales islamistas. En Francia mantienen los equipos que llevan las relaciones con los franceses, pero en sus conversaciones ya no hablan solo de la banda terrorista.
Aunque la carga de trabajo es menor, los medios técnicos que el CNI siempre ha utilizado contra los etarras siguen estando activos. Han disminuido las penetraciones clandestinas ejecutadas por la unidad operativa, las operaciones de guerra sicológica y la búsqueda de topos que infiltrar entre los terroristas. Consideran que ETA es un enfermo terminal y su trabajo está más dedicado a descubrir las estrategias de la izquierda aberzale y de su líder, Arnaldo Otegi, de cara a conseguir la independencia del País Vasco.
Ya no se arriesgan colocando micrófonos en sus sedes, según reconocen agentes del servicio de inteligencia. Primero porque el magistrado del Tribunal Supremo adscrito al CNI no las autorizaría para un partido legal; y en segundo lugar, porque hay otros caminos para enterarse de lo que traman, como informadores a sueldo. En la izquierda aberzale no están tan seguros de que el CNI no intente escuchar sus conversaciones. Aseguran que en estos momentos disponen de virus informáticos que pueden instalar en teléfonos móviles, sin que los métodos actuales sean capaces de identificar al quien los instaló.



