Paz armada en la pelea por el poder en el PSOE

11 / 01 / 2016 Luis Calvo
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Los críticos están dispuestos a forzar un congreso si la dirección no acepta convocarlo por sí misma

El espíritu autodestructivo y suicida que caracteriza al PSOE cuando las cosas vienen mal dadas se ha dejado ver en su máxima expresión en las últimas semanas. Con un resultado desastroso en las generales, pero que les permitía ser la llave del próximo Gobierno, el partido ha optado por centrarse en la lucha orgánica. En lugar de trasladar una imagen de responsabilidad hablando con los partidos a su derecha e izquierda, los socialistas han preferido mostrar a un montón de barones territoriales tratando de mover una silla a la que se aferra como a un clavo ardiendo el secretario general. El detonante fue el anuncio unilateral de Ferraz de que se aplazaba el congreso socialista que estaba previsto a finales de febrero o principios de marzo. Esa era precisamente la cita en la que los principales barones territoriales del PSOE, comandados por la andaluza Susana Díaz, pensaban desbancar a Sánchez de la secretaría general.

Un espectáculo “lamentable”. El enfrentamiento, público, a través de los medios, fue tal que Patxi López, miembros de la ejecutiva de Sánchez llegó a tildarlo de “lamentable”. Desde entonces, el PSOE se ha mantenido en una calma tensa, una paz armada en la que nadie quiere volver a dar el primer paso, pero no piensa ceder en sus exigencias.

Los plazos son fundamentales. Los críticos quieren que el liderazgo de Sánchez se someta a los militantes antes de que se convoquen nuevas elecciones. Para ello el Comité Federal, el máximo órgano socialista entre congresos, debe convocar la cita con 60 días de antelación. Este solo se reúne a petición de la ejecutiva o de un tercio de sus miembros. Y cada día que pasa es un día más de liderazgo que disfruta Sánchez, un día más cerca del argumento de que en plena precampaña no es un buen negocio cambiar de candidato. 

Por eso, en caso de que Ferraz se niegue a convocar al Comité Federal, los principales barones parecen dispuestos a forzarlo para finales de enero o principios de febrero. Disponen de las firmas suficientes. Solo con Andalucía, Valencia, Castilla La Mancha y Extremadura suman cerca de la mitad de los militantes socialistas de todo el país. La idea es celebrar el congreso después de unas hipotéticas elecciones catalanas adelantadas a principios de marzo de forma que la campaña de los candidatos orgánicos no interfiera con la electoral del PSC, pero antes de que empiece la carrera para unas generales anticipadas. Es necesario contar con las votaciones de los militantes y con tiempo necesario para que el nuevo (o viejo) candidato haga campaña en todo el país. 

¿Y quién se enfrentaría a Sánchez en ese congreso? Aunque sigue sin dar un paso adelante, buena parte del partido mira a Susana Díaz como la única posibilidad para afrontar otro proceso electoral sin seguir perdiendo apoyos. “Ella por los menos gana donde se presenta”, explicaba hace unos días un dirigente crítico con la actual dirección que recordaba que Sánchez quedó cuarto en Madrid, su circunscripción, por detrás de Podemos y Ciudadanos. Pese a todo, el secretario general ya ha dejado claro que se presentará seguro a la
 reelección, algo que elimina la posibilidad de que Díaz sea proclamada por aclamación. Ya en 2014 la presidenta decidió dar un paso atrás precisamente por el empeño de Eduardo Madina en que los militantes votaran a su secretario general.

La lucha interna del PSOE no ha dejado lugar para la autocrítica. Desde la última legislatura de Zapatero los socialistas han perdido 5,5 millones de votos, casi la mitad de sus papeletas y caído por debajo de Podemos en varias autonomías. Para muchos dirigente, sin lealtad a ninguno de los bandos, el problema no es quién liderará el PSOE el próximo año, sino qué quedará de él para liderar. 

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