Panorama desolador en las Fuerzas Armadas
El recorte presupuestario en Defensa provoca una reducción de efectivos que crea malestar en el Ejército.
“El panorama que suscita la reducción de efectivos es desolador. No solo por lo que trae de disminución de capacidades, sino porque tal reducción se ha producido arbitrariamente. No responde ni a un planteamiento serio de objetivo de fuerza, ni a un análisis de potenciales excedentes de plantilla, sino al capricho y la rentabilización por los responsable políticos, en términos de imagen, de un achicamiento militar que, en un país de tan paupérrima conciencia de defensa como España, es acogido favorablemente por la sociedad. Y todo al margen de las necesidades de la defensa nacional”.
Quien así habla, a preguntas de Tiempo, sobre la progresiva reducción de personal en las Fuerzas Armadas, es el teniente general Pedro Pitarch, militar de enorme prestigio, que ocupó, entre otros cargos, la Dirección General de Política de Defensa con el ministro Bono y fue jefe de la División Logística de la OTAN.
El argumento del ministro. La pretensión del ministro de Defensa, Pedro Morenés, es reducir el personal de las Fuerzas Armadas. Cuando llegó al cargo hace tres años y medio había 130.000 militares, tras una etapa en la que el reclutamiento de soldados había sido complicado. No tardó en aprobar planes que reducirán en 20.000 efectivos el número total. El principal argumento esgrimido ha sido el recorte presupuestario que ha sufrido el ministerio estos últimos años, unido a una destacada presencia exterior militar en situaciones de conflicto. Esto hizo manifestar a Morenés que más valía tener un 10% de las Fuerzas Armadas al 100 por 100, que un 100 por 100 al 10%.
El recorte presupuestario ha sido muy importante en los últimos años. En 2007 el presupuesto era de 8.494 millones de euros que en 2015 se han convertido en 5.767. Los programas de compra de armamento se han visto recortados o prolongados en el tiempo, la operatividad de los tres Ejércitos se ha visto considerablemente mermada y solo se ha mantenido intocable el esfuerzo para las operaciones en el extranjero.
En este ambiente es en el que en los planes militares se ha defendido que no era sostenible que el gasto en personal llegara a estar por encima del 70% del presupuesto total. Esta situación no gusta a muchos militares, que guardan silencio en virtud de su profesión.
Pitarch lo explica bien claro: “Es una paradójica perversión de valores. Porque mientras se han reducido las fuerzas, se ha incrementado el número y el volumen de mandos y cuarteles generales. Y así, el cuerpo de las Fuerzas Armadas cada vez aparece más deforme: una creciente cabeza y unos brazos y piernas en disminución. Mientras tanto, la ausencia de una estrategia industrial de defensa seria facilita que la industria de defensa fabrique y venda lo que le sea más rentable. Y como encima se la paga, pues (casi) todos contentos”.
Objetivos y recursos. El embajador de España José A. de Yturriaga Barberán ha escrito un artículo sobre “La defensa que viene”, en la revista del Instituto Español de Estudios Estratégicos, en el que reconoce que, salvo en el caso de unos pocos países “existe un desfase entre los objetivos perseguidos y los recursos disponibles, lo que hace insostenible la defensa tradicional”. Recuerda las palabras del exministro de Defensa Eduardo Serra en las que afirma que la defensa será impopular, pero es indispensable para proteger a las personas y que los Gobiernos no pueden hacer solo lo que quiera la opinión pública: hay que gastar lo que sea necesario, pero muchos políticos han abdicado de sus responsabilidades.
Yturriaga explica que “España se encuentra en primera línea de riesgo por la inestabilidad existente en el mar Mediterráneo y en el Sahel. La Estrategia de Seguridad de 2013 consideraba que la zona de riesgo se extiende del golfo de Guinea al Cuerno de África, incluida la zona intermedia del Sahel donde existe un vacío de poder en el que actúan movimientos islamistas armados inspirados por Al Qaeda”.


