Pánico ante la repetición electoral

29 / 04 / 2016 Luis Calvo
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Todos los partidos preparan sus aparatos para una nueva campaña. Algunos de sus líderes se juegan la cabeza.

Decían los convencidos de que tarde o temprano habría un acuerdo de Gobierno que evitase la repetición de elecciones que a ninguno de los partidos implicados le convenía volver a pasar por las urnas. Todos tenían mucho que perder ante una nueva cita con los votantes. El miedo, razonaban, haría que después de todo el teatro, de las idas y las venidas, acabara llegando el acuerdo. Esta opinión hasta hace poco era generalizada tanto dentro como fuera de los propios partidos.

A falta de un milagro que evite en el último minuto de la prórroga la vuelta a los colegios electorales, la segunda premisa ha resultado ser falsa. La primera, sin embargo, se mantiene. En todos los partidos sigue enraizado el miedo a lo que puede pasar después de una cita electoral que pocos querían, pero nadie ha conseguido evitar. Hay miedo entre los diputados, en lo más profundo de los aparatos y, sobre todo, entre los líderes. Más de uno se juega su cabeza en función del resultado.

Ante este panorama, todos los partidos han volcado sus esfuerzos hacia el interior. Ya no se habla de convocar mesas a dos, tres o cuatro sino a los fieles a los mítines. No se afanen en negociar pactos de investidura, sino debates televisivos. Todos están ya, antes incluso de que se formalice la convocatoria electoral, en modo de campaña y preparan toda la artillería con vistas al 26 de junio. El ejemplo más claro fue el del último día de las consultas del Rey. Ante la propuesta de acuerdo puesta sobre la mesa por Compromís (ver recuadro en página 19), el portavoz socialista, Antonio Hernando, salió casi eufórico. El PSOE aceptaba buena parte del acuerdo (27 de las 30 medidas), pero exigía un Gobierno monocolor y carta blanca para los Presupuestos durante dos años. El entusiasmo duró poco. El rechazo unánime de Podemos y todas sus confluencias (Compromís incluido) dio paso a la otra cara del PSOE. Solo unas horas después, Pedro Sánchez salía para certificar un nuevo fracaso. “Ni puedo ni debo someterme a una nueva investidura. Quedamos abocados a la celebración de nuevas elecciones”, reconoció. Y aprovechó para lanzar el primero dardo: si no hay Gobierno es por “el bloqueo del señor Rajoy y el señor Iglesias”.

La decepción se marcaba en la cara del líder socialista. No es para menos. De todos los damnificados por la celebración de nuevas elecciones, Sánchez es, sin duda, quien más arriesga su propia supervivencia política. En Ferraz dan por hecho que nadie le disputará al secretario general el puesto en las primarias que el partido tiene previsto convocar para el próximo 14 de mayo. Al menos nadie de peso, con posibilidades de lograr los avales necesarios. Será un día más con vida para un candidato que lleva meses cuestionado internamente. Ya en mayo del año pasado hubo quien aseguró que no pasaría de las elecciones autonómicas. El mensaje se repitió en las catalanas y en las generales. Y a todas ellas sobrevivió. Pese a todo, su situación es cada día más complicada.

La última bala

En el PSOE reconocen (especialmente entre los críticos, pero también algunos de sus fieles) que el secretario general cada vez tiene más cara de Joaquín Almunia. Se ha instalado en el partido la convicción de que si Sánchez no consigue mejorar de forma significativa sus resultados no pasará de la noche electoral. Muchos creen que ese mismo día, o a la mañana siguiente como tarde, la presidenta andaluza, Susana Díaz, pedirá la dimisión del candidato.

Para evitar una nueva debacle electoral Sánchez se ha encomendado a uno de sus hombres de confianza, Rodolfo Ares. El veterano político no ha hecho más que ganar puntos durante la ardua negociación de investidura y será una pieza fundamental en el equipo de campaña que dirija el secretario de Organización socialista, César Luena. Lo mismo ocurre con otros dos de los pilares del equipo negociador del PSOE, Antonio Hernando y Meritxell Batet. Ambos serán fundamentales en la nueva campaña.

El objetivo, sin embargo, puede ser incluso más complicado que el pasado 20 de diciembre. Entonces, por primera vez en la historia, el espacio a la izquierda del PSOE logró más votos que los propios socialistas. Entre Izquierda Unida y Podemos sumaron 6,1 millones de votos (600.000 más que el PSOE). Las características del sistema electoral hicieron que tuvieran, en cambio, 71 escaños entre los dos, 19 menos que el PSOE. Eso puede cambiar en junio. Pablo Iglesias y Alberto Garzón negocian ya la forma jurídica con la que acudir juntos a la nueva cita electoral. Para ello el secretario general de Podemos tendrá que rendir las últimas resistencias del sector de Íñigo Errejón, cada vez más alejado del núcleo duro del secretario general. IU, cada vez con más fuerza para negociar, no aceptará nada que no sea una coalición electoral. Ni colocar ciertos nombres en la lista de Podemos, ni negociaciones aisladas territorio a territorio (con excepción de las llamadas confluencias que ya concurrieron juntas en diciembre) como proponían los fieles a Errejón. El problema es que para registrar este tipo de propuestas electorales el plazo tras la convocatoria electoral es muy estrecho. Se abrirá el día 3 de mayo y se cerrará diez días después, el 13. Si ese día no están inscritas no podrán presentarse juntos.

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