Pactos para un país fragmentado
El PP se dejó el 24-M en las urnas todas sus mayorías absolutas autonómicas y una buena parte de las municipales. En algunos territorios es fácil que conserve el poder.
Las elecciones del 24-M se saldaron sin ganadores claros, pero con un gran derrotado incuestionable. El PP fue el partido más votado, pero perdió por el camino casi 2,5 millones de votos municipales y un porcentaje importante en la mayoría de las autonomías. Pero el problema no son los votos, sino el poder territorial que garantizaban. En solo una noche cayeron las ocho mayorías absolutas autonómicas que el PP ponía en juego. Incluso feudos que nadie se atrevía a cuestionar sufrieron el empuje de los nuevos partidos.
La España que sale de las urnas ya no es de mayorías absolutas. Solo el PP gallego, que sufrió un revés importante en el voto municipal, conserva desde 2012 más del 50% de los escaños en su Cámara. Sin mayorías absolutas llega el momento de los pactos. Y el escenario se asemeja mucho a un todos contra el PP.
Solo Ciudadanos está dispuesto a respaldar a los populares, pero para votar a favor exigen en sus socios varias condiciones recogidas en el compromiso por la regeneración democrática de partido: separar a cualquier imputado, limitación de mandatos, prohibir las donaciones o condonación de deudas o la obligatoriedad de primarias internas, entre otras. Esta última era hasta hace muy poco una línea roja que Génova se negaba en rotundo a traspasar. Algunos dirigentes de los grandes partidos creen que las condiciones podrían ser menos exigentes para lograr una abstención de Ciudadanos. Eso le bastaría al PP para retener los Gobiernos de Murcia, Castilla y León y La Rioja. En ninguna de las tres comunidades puede formarse una mayoría alternativa al PP sin que el partido de Albert Rivera participe en ella.
Más complicado tienen los populares retener el Gobierno de la Comunidad de Madrid, donde sí necesitan un voto afirmativo de Ciudadanos para investir a Cristina Cifuentes como presidenta. Sin él, se da casi por seguro que un pacto entre el PSOE y Podemos acabaría situando al frente de la comunidad a Ángel Gabilondo. Más si cabe cuando la candidata de Ahora Madrid a la capital, Manuela Carmena, necesita el voto de los socialistas para convertirse en alcaldesa.
Pactos de izquierdas. Más allá de esas cuatro comunidades es complicado que el Partido Popular sea capaz de rascar algo de poder autonómico. En las nueve restantes (s0lo 13 de las 17 celebraron sus elecciones el domingo) se empiezan a fraguar pactos de izquierdas de mayor o menor complejidad. El denominador común en este caso es Podemos. Y también tiene condiciones.
Los de Pablo Iglesias pretenden hacer de la lucha contra la corrupción (y los presuntos corruptos) uno de sus caballos de batalla. Ya en Andalucía, la falta de un compromiso para que los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán abandonaran de forma inmediata la política fue uno de los escollos que mantienen en vilo la investidura de Susana Díaz. El otro, el giro de 180 grados en las políticas de recorte.
Iglesias, sin embargo, ha dejado una puerta abierta a cualquier pacto de izquierdas al marcar claramente su prioridad en las negociaciones: echar al PP de las instituciones. Pese a todo, los socialistas tienen claro que Podemos intentará arañar todas las medidas sociales de su programa posibles para poder presentarse a las generales con objetivos cumplidos.
Su peso real dependerá de cada comunidad. En Extremadura, donde Guillermo Fernández Vara ha recuperado el primer puesto, bastaría con que se abstuvieran, un servicio más barato en términos de negociación que el voto a favor. Ese voto sí será necesario, sin embargo, en el resto. Podemos tiene la llave del Gobierno socialista en Asturias y Castilla-La Mancha. En la segunda se da por hecho el pacto para que no gobierne el Partido Popular. Si en dos meses no hay acuerdo, lo haría la lista más votada.
Un tercer partido será necesario en la Comunidad Valenciana (Compromís) o Baleares (Més per Mallorca), y los regionalistas en Cantabria (Partido Regionalista de Cantabria), Aragón (Chunta Aragonesista) y Canarias (Coalición Canaria). La única comunidad en cuyo Gobierno no participará ninguno de los dos grandes partidos, si no hay sorpresas, es Navarra, donde es probable que Podemos respalde junto a Bildu el Gobierno de Uxue Barkos.
Aunque todas las quinielas tienen favoritos, nadie descarta que las idas y venidas de la negociación retrasen o incluso bloqueen las investiduras. La cercanía de las generales obligará a todos los partidos a hilar muy fino para no desencantar a sus votantes.
Más fácil será en los ayuntamientos donde el día 13 de junio comenzará el proceso de investidura. Si no se consiguen formar mayorías alternativas que superen el 50% de los concejales, acabará gobernando el número uno de la lista más votada. No hay lugar para aplazamientos. Esa misma semana todos los pueblos y ciudades tendrán alcalde o alcaldesa. Cuándo podrán departir por primera vez con sus presidentes autonómicos es otra historia.



