Operación infierno

28 / 10 / 2016 José María Vals
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El PSOE prepara su hoja de ruta como partido de oposición. Quiere una comisión de investigación sobre la financiación del PP y plantará batalla en los presupuestos, la reforma laboral e incluso en la cuestión territorial.

Hasta ahora –confiesa un ex alto cargo de varios Gobiernos socialistas– los alrededores de la sede del PSOE en la calle Ferraz de Madrid solo se llenaban de militantes con banderas y pancartas cuando ganábamos elecciones. Pero ahora vienen a protestar por lo que está haciendo su propio partido. Es una situación nueva, nada agradable, por cierto”. La cara de amargura con la que este viejo militante, curtido en mil batallas, hace esta confesión a TIEMPO es todo un símbolo de los tiempos convulsos que vive un Partido Socialista enfrascado en tener diseñada cuanto antes una hoja de ruta “que nos lleve a recuperar la fe en nosotros mismos y a parar la sangría de votos que sufrimos”.

En datos y hechos concretos, la hoja de ruta tiene dos objetivos fundamentales. El primero y más evidente, frenar el tobogán que está sufriendo el PSOE en todos los procesos electorales y que, según dicen a TIEMPO fuentes muy cercanas a la Ejecutiva socialista, sigue cuesta abajo y a gran velocidad. Hay una cifra que pone los pelos como escarpias a una parte importante del aparato del partido: si ahora se celebraran nuevas elecciones, el PSOE obtendría entre un 15% y un 17% de los votos, según corroboran incluso algunas encuestas internas. Téngase en cuenta que en las generales del pasado 26 de junio obtuvo el 22,7% de los sufragios y que en diciembre de 2015 había obtenido un 22,01%, pero que la subida del PP entre ambas hizo bajar en cinco el número de diputados del PSOE (de 90 a 85). Con ese 15% a 17% de sufragios, la hecatombe electoral del PSOE podía ser de tal magnitud que, además de poner en bandeja al PP que sacara una diferencia de más de 50 diputados a la segunda fuerza política (que no sería el PSOE), traería consigo un nuevo mapa político que pondría en serio peligro algunos Gobiernos autonómicos en los que los presidentes son socialistas gracias a los apoyos recibidos en las investiduras por fuerzas tan dispares como Podemos o Ciudadanos. Y dentro de ese saco de posibles pactos rotos figura también el de Andalucía, donde Susana Díaz, a la que no pocos militantes acusan de todos los males del PSOE, fue investida presidenta con los votos de Ciudadanos después de 81 días de negociaciones.

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