Objetivo: Cerrar Génova

04 / 03 / 2016 Cristina de la Hoz
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El Partido Popular se plantea abandonar su sede central de la madrileña calle Génova por considerar que esa marca está manchada por los recurrentes casos de corrupción.

Foto: Beatriz Gutiérrez

Casi 7.000 metros cuadrados en una de las calles más céntricas de Madrid, ubicada en el distinguido distrito de Chamberí. Siete plantas de despachos amén de varios niveles de aparcamiento subterráneo. Cuartel general de los populares desde que en febrero de 1983 abandonaron el desvencijado inmueble de la calle Silva que Manuel Fraga y los llamados siete magníficos ocuparon como sede primigenia. El cambio vino motivado por el enorme salto cuantitativo que experimentó el que se convirtió en 1982 en el primer partido de la oposición tras la implosión de Unión de Centro Democrático (UCD). En aquellas elecciones generales, Alianza Popular pasó de 10 a 107 diputados y con ello vino la mudanza.

Decir “Génova” es hablar del poder del PP, del edificio donde se ubica el despacho del presidente nacional popular, ahora Mariano Rajoy, que desde la séptima planta abarca unas imponentes vistas de Madrid. Pero para muchos, cada vez más, dirigentes, parlamentarios y asesores del hoy por hoy partido en el Gobierno, decir “Génova” es decir también “corrupción”. Crecen de manera exponencial las voces que piden cambiar de sede, por considerar que la “marca está manchada, nos perjudica”, y esas voces tienen eco en Moncloa, en los grupos parlamentarios, en las organizaciones regionales y hasta entre muchos de los que ocupan despacho en un edificio que suele tener aspecto de estar a medio gas, donde parece sobrar espacio o faltar gente.

Ahora mismo, esa sede es sinónimo “de obras de reforma pagadas en dinero negro”, “de policías y de guardias civiles entrando a por ordenadores de gerentes o tesoreros”, “de sobrecostes en la organización de actos de partido para el enriquecimiento de Francisco Correa y sus empresas” y, sobre todo, pasa por ser “el cortijo de Bárcenas, donde hacía y deshacía los negocietes que hincharon sus cuentas corrientes en el extranjero”, desgranan las distintas fuentes populares consultadas por Tiempo sin las habituales cautelas de anteponer un “supuesto” o “presunto” antes de las acusaciones vertidas. Génova se ha convertido en algo tóxico, en una especie de criptonita que debilita a los populares, marca su agenda y extiende la sombra de una corrupción sistémica, con epicentro en el número 13 de esa calle. No pueden dar un paso sin que les persiga una nueva amenaza de origen judicial. Un ejemplo, mientras el pasado 11 de febrero Mariano Rajoy desgranaba a los periodistas el contenido de su reunión en el Congreso con el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, y proponía un Gobierno de “amplia base”, la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil registraba el despacho del exgerente del PP madrileño Beltrán Gutiérrez, en busca de pruebas sobre una presunta financiación irregular del partido regional.

Los muchos miembros de la dirección nacional que acompañaban a Rajoy en ese momento prefirieron no informarle de estos hechos antes de su comparecencia ante la prensa y la noticia no trascendió –oportunamente filtrada desde el juzgado, a juicio del PP– hasta la tarde de ese mismo día, por lo que el presidente popular se evitó el trago de que le preguntaran al respecto. Bastante tuvo con ser interpelado sobre la delicada situación política de su exalcaldesa valenciana, Rita Barberá.

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