No hay agua para todos en España

15 / 09 / 2015 Luis Algorri
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Los embalses de Entrepeñas y Buendía están prácticamente secos mientras continúan los trasvases del Tajo hacia el Segura, para indignación de los manchegos

Manifestación en Sacedón (Guadalajara), en cuyo municipio está la presa del embalse de Entrepeñas.

Alguien que vaya ahora mismo a ver el embalse de Buendía, entre las provincias de Cuenca y Guadalajara, se encontrará con un paisaje muy parecido al que se ve en las películas del Oeste (los vaqueros polvorientos que atraviesan el desierto de Arizona) o en los documentales de National Geographic que dan imágenes del Kalahari en época de sequía. Polvo. Vacío. Tierra cuarteada por el sol. Matojos sedientos aquí y allá. Solo falta la calavera de un búfalo amarilleando al sol. Nada más que si uno se acerca a la presa, ubicada cerca del pueblo que da nombre al embalse (Buendía) verá algo de agua, no mucha. Y con un aspecto nada tranquilizador.

Otro tanto le sucederá a quien se acerque al embalse de Entrepeñas, que está a muy pocos kilómetros de Buendía: su presa está cerca de Sacedón, en Guadalajara. El espectáculo es el mismo.

Es verdad que estamos en la peor época del año, justo después de agosto, y que todos los embalses de España se acercan a su punto mínimo anual. Pero es que lo de estos dos embalses es alarmante. Buendía contenía el pasado domingo, 6 de septiembre, menos de 235 hm3 de agua, cuando su capacidad es de 1.639 hm3. Es decir, contiene apenas el 13% del agua que cabe en él. Está casi 10 puntos porcentuales por debajo del agua que tenía hace ahora mismo un año, y siete puntos por debajo del promedio de la última década. Mejor ni comparamos su estado de ahora mismo con el que tenía en 2013, cuando, después de un año muy lluvioso, Buendía alojaba, a finales de agosto, aproximadamente el doble de agua que ahora. La gente iba a hacer fotos con la clara sensación de que no volvería a ver tanta agua en Buendía en el resto de su vida. Y tenía menos de la tercera parte del total de su capacidad.

Ahora está prácticamente seco y sigue bajando: en la última semana, Buendía perdió casi 11 hm3 de agua.

Su vecino de Entrepeñas está todavía peor. A Entrepeñas lo alimenta un todavía joven y pequeño río Tajo y cabe allí más o menos la mitad del agua que cabe en Buendía: 835 hm3. Tiene ahora mismo 123, es decir, alrededor del 14%, y también sigue bajando por efecto, fundamentalmente, de la evaporación.

Un mar sin agua. Pero, como todo el mundo sabe en la zona, el calor (y los riegos locales, y el consumo) no es, ni mucho menos, la única causa de que Entrepeñas y Buendía, las dos joyas del sistema de embalses que hace décadas se llamó campanudamente el mar de Castilla, estén ahora mismo convertidos en dos secarrales con un charco al fondo. Lo que se lleva buena parte del precioso líquido que da vida a la comarca es el trasvase Tajo-Segura, una de las obras de ingeniería más grandes que jamás se han hecho en España y que lleva el agua de Entrepeñas y Buendía hasta el embalse de Talave, al sur de Albacete. Son casi 300 kilómetros de acueductos, tuberías, canales y embalses intermedios (como el de Alarcón) cuya función es llevar el agua desde donde supuestamente sobra (el Alto Tajo) hacia donde se necesita, como es Murcia y Alicante.

Pero ¿de verdad sobra el agua en el Alto Tajo? Naturalmente, los vecinos de la comarca (y de toda Castilla-La Mancha) dicen que eso no es así de ninguna manera. Que más bien falta

La pregunta que hay que hacerse es qué hacen los embalses de Entrepeñas y Buendía allí donde están. Un embalse se construye, en primer lugar, donde se puede, pero también donde se necesita. Por lo general, en el curso medio de los ríos, para almacenar su agua y usarla cuando se precise, o para regar extensiones de secano, o para obras eléctricas. Y siempre para regular el curso de los ríos, que la naturaleza puede volver incontenibles.

¿Es ese el caso de Entrepeñas y Buendía? No. Y esto bien lo sabe el río Guadiela, a quien cabe imaginar como uno de los más desdichados de España porque se le exige una aventura imposible. El Guadiela nace en las estribaciones de la Serranía de Cuenca, muy cerca del pueblo de Carrascosa y también al lado de Solán de Cabras, pueblo célebre por su agua. Es un arroyito que va creciendo poco a poco, que pasa por algunos pueblos (Puente de Vadillos, Priego); que recibe algunas voluntariosas ayudas de pequeños afluentes, como el río Cuervo, y que, apenas 100 kilómetros después de su nacimiento, cuando apenas es aún un río de tamaño muy mediano, se encuentra con una exigencia irrealizable: llenar el embalse de Buendía, un monstruo de 1.639 hectómetros de capacidad (cabe mucha más agua en Buendía que en todos los embalses de Cataluña juntos), el cuarto pantano más grande de España. ¿Y eso tiene que hacerlo solo el Guadiela? No puede. No ha podido ni podrá jamás. El embalse de Buendía no ha alcanzado nunca más allá de la mitad de su capacidad. Sería demasiado pedir al pobre río.

Con Entrepeñas, el hermano pequeño de Buendía, pasa casi lo mismo. El río Tajo es aún pequeño cuando llega ante su presa. Jamás ha podido ni podrá llenar los 835 hectómetros que caben en él, es decir, más agua que en la de todos los embalses de la Comunidad Valenciana y Murcia juntos. Es el decimocuarto embalse más grande de los 356 que hay en España.

Dos gigantes. ¿A quién se le ocurrió construir esos dos gigantes en un sitio donde llueve muy poco y donde los ríos que los alimentan apenas han logrado pasar de la categoría de arroyos grandes?

El trasvase Tajo-Segura se pensó para llevar agua a la sedienta cuenca mediterránea. La idea surgió a principios del siglo XX. Se pensó comenzarla durante la Segunda República, pero se desestimó. Se volvió sobre el asunto en los años 60... y las primeras gotas de agua llegaron al embalse de Talave en 1979, cuatro años después de que muriese Franco, que, según la imagen que dejó en la gente, se pasaba la vida inaugurando pantanos. Como dicen en la región de Murcia, “el agua es para todos”. Sí, pero para que sea para todos primero tiene que haberla. Si no, no es para nadie. Y la cantidad anual de agua que viaja de Entrepeñas y Buendía hacia Murcia y Alicante no ha hecho más que crecer, al mismo ritmo que lo hacían las necesidades agrícolas y turísticas de Levante. En los primeros años, raramente se llegaba a los 300 hm3 anuales de trasvase. A mediados de los 90 la demanda se disparó y esa cantidad se dobló: ya en el 2000 se superaron los 600 hm3. En 2013, ya con el actual Gobierno del PP, se estableció que esa cantidad, 600 hm3, sería la máxima posible que se trasvasaría cada año. Aún más: si los dos embalses originarios, Entrepeñas y Buendía, no alcanzaban entre ambos la cantidad de 400 hm3, no se trasvasaría una gota.

Eso sí que fue escribir en el agua. En julio, el Gobierno ordenó el trasvase de 20 hm3. En agosto, de otros 15. En ambos momentos, sobre todo en el segundo, el agua embalsada en los dos gigantes del Alto Tajo estaba claramente por debajo de los 400 hm3 mínimos que marca la ley. El Gobierno de Castilla-La Mancha, presidido por Emiliano García Page, decidió llevar el trasvase ante los tribunales, porque una cosa es la solidaridad, otra lo que los manchegos llaman “expolio” y una tercera el flagrante incumplimiento de la ley por las mismas personas que la han promulgado.

Lo que está claro es que el agua no es de izquierdas ni de derechas. El Gobierno del PP tuvo que imponer disciplina tanto en Castilla-La Mancha como en Murcia cuando gobernaba en ambas comunidades y ambas se enfrentaban por un agua que en las dos se tiene por tan valiosa como el petróleo, o más. Ahora, la izquierda manda tanto en Castilla-La Mancha como en la Comunidad Valenciana (la tercera directamente interesada), y ya hay representantes del Gobierno valenciano que han dicho que el trasvase “no necesita ser consensuado porque no se puede discutir”.

Si no hay agua. Como cada año –pero este más–, vuelven las manifestaciones a los pueblos manchegos, que se sienten robados y desecados para regar campos de golf, y también en los murcianos y valencianos, donde saben que necesitan el agua tanto como aquellos que la ven partir cada vez que el ministerio manda que se levante la compuerta.

España se encamina lenta pero certeramente a una escasez pluviométrica cada vez mayor, y esa escasez de ve acelerada por el cambio climático. Entrepeñas y Buendía fueron construidos, inequívocamente, para alimentar el trasvase Tajo-Segura: otro sentido no tiene levantar allí dos de los más grandes embalses de España. Pero para que esa idea funcione tiene que haber agua. Y suficiente para todos. Si no la hay, ¿qué pretenden unos y otros repartirse?

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