Marejada en el Partido Popular
Crecen las voces que piden celebrar primarias para elegir nuevo líder. La amenaza de un congreso abierto por primera vez en la historia puede poner punto final al liderazgo de Rajoy en el PP
Cuando el expresidente del Gobierno José María Aznar reclamó la celebración de un congreso abierto del PP se hizo un espeso silencio en la reunión del comité ejecutivo. Apenas habían transcurrido 24 horas de las elecciones del 20-D y el que fuera todopoderoso líder popular ponía el dedo en una llaga que nadie quería tocar. Flanqueado por los entonces presidentes en funciones del Congreso y del Senado, Jesús Posada y Pío García Escudero, respectivamente, apartado de la mesa presidencial, Aznar defendió que los militantes “puedan definir el futuro de nuestro proyecto y elegir la dirección del partido”.
Mariano Rajoy le agradeció sus palabras, disimulando el malestar que le produjo que suscitara una cuestión de la que no quería hablar en esa cita, destinada a lamerse las heridas, tras perder nada menos que 60 escaños, y exigir sentido de Estado al PSOE de Pedro Sánchez para que hiciera posible su investidura.
Pero le guste o no al todavía inquilino de La Moncloa, la cuestión del congreso nacional del partido gravita como una amenaza para su liderazgo, sobre todo si la aritmética parlamentaria le deja fuera de la vivienda que ha ocupado en los últimos cuatro años. Por lo pronto, Rajoy ha anunciado que piensa presentarse a la presidencia del PP en dicho cónclave, que no se celebrará hasta que se despeje la gobernabilidad del país. Esto retrasa cualquier decisión incluso hasta la posible repetición de los comicios, con lo que quedaría garantizada su nueva candidatura electoral, salvo una rebelión interna que ni Aznar ni Esperanza Aguirre están en condiciones de encabezar, pues tienen la facultad de cerrar filas en torno a Rajoy cada vez que se pronuncian críticamente.
Eso no ha evitado que en cientos de juntas locales y en muchas provinciales del PP no se dejara de hablar durante la campaña de la “presión del efecto renovador” que han ejercido el resto de las formaciones políticas “y que aquí sigue pendiente”, admiten fuentes populares. En este sentido, recuerdan que en 2011 Rajoy “se enfrentó a Alfredo Pérez Rubalcaba y Cayo Lara”, en cambio, en 2015, “lo hizo contra Pedro Sánchez, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Alberto Garzón”. Una nueva generación de políticos en la que ninguno de ellos supera la barrera de los 45 años.
Tampoco faltan en el actual grupo parlamentario los que se muestran críticos con el actual estado de cosas y piensan que se debe ir ya a un congreso que cambie el liderazgo. Algunas de sus señorías asumen los postulados de la Red Floridablanca, cuya dirección está formada por un elenco de jóvenes politólogos, expertos en política internacional y comunicación que se declaran liberales conservadores y muchos de los cuales han pasado por la escuela FAES. En todo caso, las caras más reconocibles son las del consejo asesor, formado por el exembajador Javier Rupérez; el exdiputado Eugenio Nasarre; el también habitual colaborador de FAES y de Aznar José María Marco, además del historiador Florentino Portero y del catedrático de Teoría del Estado Manuel Pastor, también de la órbita popular.
Este grupo cree que el PP “va camino de la irrelevancia, sin proyecto político y sin un discurso claro y reconocible en términos ideológicos”, por lo que a su juicio se hace indispensable un congreso abierto que “bajo la fórmula un afiliado/un voto permitiera iniciar la ineludible renovación, recuperar la vocación de mayoría y aunar en torno a un proyecto político y no en torno al poder”.
Entiende Floridablanca que es necesario un nuevo candidato en caso de adelanto electoral puesto que la lógica “invita a pensar que si el programa y las últimas listas electorales no consiguieron el respaldo de una mayoría suficiente de españoles, la confianza del elector no va a recuperarse sin acometer cambios sustanciales”, y que el origen del problema está en la “incapacidad del PP de hacer política, de ser consecuente con sus ideas y de presentar un proyecto esperanzador para España”.
También Aznar ha vuelto a la carga a través de los Cuadernos de Pensamiento Político que FAES edita trimestralmente. En el número correspondiente al arranque del año, la nota editorial viene a ser un remedo del tan maternal “te lo dije”. Tras subrayar que el resultado de las elecciones “ha evidenciado la pertinencia de las alertas que FAES” ha tratado, sin que al parecer lo haya conseguido, de hacer llegar al PP, recuerda lo que en esa misma publicación escribieron a lo largo de todo el año 2015 para concluir que “si de generar estabilidad se trata (…) nada contribuirá más a esto que un PP que sepa regenerar su relación con los muchos millones de electores que se ha enajenado a lo largo de los últimos años”. Y lo más llamativo de los constantes aldabonazos del que se supone debería ser el think tank del PP, –y cada vez más divorciado del mismo es el aviso de que “presida quien presida” el Gobierno, “ninguno dará continuidad al proyecto” popular, incluso aunque esté al frente Mariano Rajoy, al que no se cita por su nombre.
Pero es el director de publicaciones de FAES, Miguel Ángel Quintanilla, quien se despacha a gusto contra Rajoy en un extenso artículo bajo el título “El ser y el proceder del Partido Popular”. Con la aquiescencia de Aznar, Quintanilla califica de “proceso fallido” el diseño de partido que aborda Rajoy en el congreso de Valencia de 2008, una formación que considera ayuna de convicciones, memoria y hasta moral, en definitiva, una enmienda a la totalidad al liderazgo del todavía inquilino de La Moncloa.
Dice que 2008 supuso el “inicio de un error de desmemoria e, incluso, de contramemoria”. “Ese tipo de política nueva que se ha querido abrazar desde 2008, adaptada a una sociedad aparentemente ordenada alrededor de una gran mayoría de gentes sin convicciones, ha quedado en evidencia”, añade el director de publicaciones de FAES, y no contento con este cuestionamiento global, se viene a fechas aún más recientes para subrayar que “el desfallecimiento del proyecto político popular durante la legislatura iniciada en 2011 tiene su origen precisamente ahí, cuando se aupó a ese nuevo liberalismo paradójico, que decidió desmoralizarse justo cuando se iniciaba la gran batalla de la crisis y del mundo post 11-S”.
Pone también el acento en el que ha sido uno de los grandes errores estratégicos del PP en la legislatura que culminó el pasado 20-D y que así fue reconocido por el propio presidente del Gobierno: la falta de una política de comunicación, de pedagogía pública, con la que explicar las duras decisiones económicas que se tomaron en dicho periodo. Así, FAES se lamenta de la ausencia de un mensaje “capaz de transformar el sufrimiento en sacrificio y de mantener unido al país en torno a una empresa superior mientras las reformas indispensables eran abordadas con alguna intención comprensible”.
Aznar admitió en la reunión de la ejecutiva del pasado 21 de diciembre que Rajoy tiene derecho, como líder político más votado, a formar Gobierno, pero al exinquilino de La Moncloa no se le escapa que esta puede ser una aspiración condenada a la melancolía, por lo que la exigencia de celebrar con prontitud un “congreso abierto” constituye un llamamiento tangible, real, a proceder a un cambio de liderazgo.
Pero es que incluso desde las filas amigas, la necesidad de inaugurar un nuevo PP se va abriendo camino a dentelladas. La última figura popular en hacerlo, con mando en plaza, es la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. Sea o no su Plan de regeneración democrática un peaje que tiene que pagar por el pacto con Ciudadanos, la verdad es que plantea una serie de cuestiones insoslayables para el conjunto de los partidos, en general, y para el suyo en concreto.
Cifuentes se ha convertido en adalid de la consulta a la militancia hasta el punto de que ha advertido que “exigiré primarias” para elegir al líder que salga ya del próximo congreso popular, el XVIII, contra la intención inicial de atrasar el nuevo mecanismo de elección al cónclave XIX, que debería celebrarse en 2019 y que exoneraba a Rajoy de someterse a votación de los afiliados.
La baronesa tiene previsto la presentación de una enmienda al texto de estatutos, aunque falta por aclarar si esas primarias a las que parece abocado el PP serán de aplicación para elegir al líder del partido y también al candidato electoral o si dicho liderazgo llevará implícita la candidatura, tal y como pasa ahora. De este modo se evitaría, además, el riesgo de una bicefalia que nunca se ha ensayado ni en el PP ni en el PSOE.
Eso no implica que Cifuentes se sume a las tesis de los que cuestionan la dirección de su jefe de filas. En una reciente entrevista a un medio digital aseguraba no ver “mejor candidato que Rajoy” en un escenario de repetición electoral, al tiempo que soltaba una puya nada disimulada a Aznar al recordar que “él no nombró sucesor mediante un congreso abierto”. Bien es cierto que Aznar practica también cierta desmemoria selectiva cuando al hablar de los malos resultados del PP saca de la ecuación el daño que ha hecho a su partido la corrupción, con apellidos que al exlíder popular le deben resultar más que conocidos: Correa, Blesa, Bárcenas, Mata, Rato...
el propio Rajoy habló de su futuro más inmediato en una extensa entrevista a RNE tras dejar claro que su intención es “trabajar para hacer un Gobierno de amplio apoyo parlamentario que afronte los retos importantes que tiene nuestro país”. Interrogado sobre si estaría dispuesto a apartarse en caso de que no consiguiera la investidura para dar paso a otro dirigente popular, indicó que “el problema no es de personas, sino de partidos. El señor Sánchez lo que quiere es ser el presidente del Gobierno sin haber ganado las elecciones, lo demás le trae sin cuidado y busca los votos y los apoyos en cualquier partido y está dispuesto a ceder en lo que sea”. Además, negó el presidente en funciones que nadie de su partido le hubiera pedido que hiciera esa reflexión y, respecto a la celebración del cónclave popular, dijo ser partidario de celebrarlo cuando “se termine esta situación”, en alusión a ver despejado el horizonte de la gobernabilidad.
En todo caso se especula con la posibilidad de que Rajoy hubiera hecho llegar a su círculo político más cercano, del que forma parte, entre otros, la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que está dispuesto a ofrecer su cabeza por mor de un pacto que, ante todo, frene al independentismo catalán. Posición que desmienten fuentes de Moncloa al señalar que la intención del líder del PP es “luchar hasta el final y, si hay elecciones, repetir de cabeza de lista”.
Otra cosa es que Rajoy tenga que hacer mudanza y regresar a su casa de Aravaca (Madrid) obligado por el pacto de izquierdas que pretende Sánchez. Fuera del Gobierno “vamos a un escenario mucho más abierto”, admiten fuentes populares. Si bien Moncloa viene a ser una garantía para que no le salgan competidores en la carrera por la reelección en el partido, con la pérdida del poder ejecutivo “no se puede descartar nada”. El PP abriría la puerta a la renovación del liderazgo aunque a Rajoy le toque decir que tiene intención de seguir en la vida política, incluso de jefe de la oposición.
Desde Nuevas Generaciones no hay un cuestionamiento, al menos público, de Rajoy, pero sí de los procedimientos internos del partido. Fue la organización juvenil del PP la que llevó a la conferencia política que celebraron en julio pasado dos textos que refrendó la dirección sobre la necesidad de incorporar un sistema de elección directa o primarias, que es un término que no les gusta demasiado. Un dirigente de Nuevas Generaciones lamenta que “entre las virtudes del PP no está la de adelantarse a los demás en sus modelos de participación interna” y replica que, ante los que dicen que es hacer seguidismo del PSOE, “ese es el sistema de los conservadores franceses o de los republicanos estadounidenses”.
Además, los jóvenes populares quieren extender a las provincias el modelo de congresos asamblearios que ya existen en el ámbito local, conscientes de que el elevado número de militantes declarados del PP
–que según los días pueden bascular entre 700.000 u 800.000 porque llevan años sin hacer un purga de los censos– dificultaría la funcionalidad de los cónclaves a mayor escala. Asimismo, para evitar retrocesos, pedirán que uno de sus miembros esté en la ponencia de estatutos.
Desde aquella conferencia política, “el debate oficial interno está parado”, lamentan, bajo el argumento de que se abordaría en el XVIII Congreso, ahora retrasado sine die. Más allá de la cuestión de las primarias, el PP puso sobre la mesa de aquella conferencia muchas de las cuestiones que Cifuentes ha incorporado en su Plan de regeneración democrática, como la limitación de mandatos, el endurecimiento del sistema de incompatibilidades para los cargos públicos o el cambio de la ley electoral.
Es evidente que la baronesa madrileña les ha ganado por la mano y ha puesto en un brete a organizaciones como la gallega, pendiente de si Alberto Núñez Feijóo se presenta a un tercer mandato al frente de la Xunta. Conscientes de que “no es fácil repetir mayoría absoluta”, dicen fuentes del PP regional, Feijóo recibe presiones de los suyos para que vuelva a ser candidato en las autonómicas de octubre de este año. Sin embargo, admiten que “Cifuentes presiona con lo de los ocho años” y a nadie se le escapa que el mandatario gallego siempre aparece en las quinielas como el sucesor natural de Rajoy para hacerse cargo de las riendas del partido a nivel nacional. En definitiva, al todavía jefe del Ejecutivo se le abren frentes por todos lados que solo su investidura ayudaría a cerrar y eso es, precisamente, lo que no tiene garantizado, mientras la amenaza de un congreso abierto por vez primera en la historia puede poner punto y final a su liderazgo en el PP.



