Madrid vuelve a hablar catalán en la intimidad

01 / 08 / 2016 Clara Pinar
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El PP regresa al intercambio político con Convergència, en pleno acelerón independentista en Cataluña. 

Igual que la política española ha dado muchas vueltas en los dos últimos años, la historia del partido que tradicionalmente ha agrupado al nacionalismo catalán de derechas también ha sido mareante. Convergència acaba de superar su último recodo: abstenerse para permitir que la popular Ana Pastor fuera elegida presidenta del Congreso de los Diputados y obtener a cambio un grupo parlamentario propio en la Cámara Baja, por el que percibirá dos millones de euros al año. Al mismo tiempo, en Barcelona votaba junto a la CUP el plan de “desconexión” que terminará en un referéndum de independencia.

Convergència, o su sucesor recién nacido, el Partit Demòcrata Català (PDC), ha conseguido de momento contener a la CUP en Cataluña y ser, por primera vez desde antes de la mayoría absoluta de Mariano Rajoy en 2011, socio necesario en Madrid. No como hace años, cuando CiU salvaba investiduras y era constante la hipótesis de la entrada de su portavoz en Madrid, Josep Antoni Duran i Lleida, en Gobiernos del PP o del PSOE, pero a un nivel aceptable después de lo que ha llovido desde 2014.

Si en la negociación de investidura tras el 20-D sus diputados, entonces de Democràcia i Llibertat, sabían que no contarían con ellos, ahora permiten que Pastor presida el Congreso. A cambio de la cortesía del PP, que, lejos de negarles un grupo propio, para el que no cumple los requisitos, ha postergado la decisión. El PSOE también votará a favor si así lo estiman los servicios jurídicos.

La ayuda de los diputados convergentes para la formación de la Mesa del Congreso enfrentó a la dirección del PDC con el portavoz en Madrid, Francesc Homs. Después se impuso el pragmatismo. La presidenta del Consejo Nacional de PDC, Mercè Conesa, decía en a La Vanguardia que su partido “nunca pactaría con el PP” pero que, en lo referente al Congreso “quizá se ha exagerado demasiado”. “A efectos prácticos es anecdótico”, dijo ajena al malestar que esta cercanía con el PP ha provocado en Ciudadanos, el único partido que tiene comprometida su abstención a Rajoy. “No entendemos cómo se puede hablar de cortesía parlamentaria ante un grupo que está haciendo lo que hace en el Parlamento” catalán, criticó su vicesecretario general, José Manuel Villegas.

La colaboración del PDC en Madrid se queda en la Mesa y el grupo propio en el Congreso, algo impensable hace dos años, cuando la antigua Convergència abrazó el independentismo con la celebración de un referéndum ilegal, según el Tribunal Constitucional. En este tiempo, se alió con Esquerra Republicana, se divorció de Unió y dejó caer a su líder Artur Mas para cerrar un acuerdo de investidura de Carles Puigdemont con la CUP.

Procés propio

 A medida que los convergentes atravesaban su propio procés y cambiaban de nombre elección tras elección, fueron convirtiéndose en una fuerza apestada en Madrid. Pero dos años después, echan una mano. Ha sido al PP y a Mariano Rajoy como antes lo fue a Felipe González, José María Aznar o José Luis Rodríguez Zapatero. Uno de los partidos del bipartidismo vuelve a apoyarse en los herederos de Jordi Pujol, que en 1996 firmó con Aznar el Pacto del Majestic, más competencias para Cataluña a cambio del apoyo a su investidura. Entonces Aznar llegó a decir que hablaba catalán en “círculos no muy amplios”.

De momento, en el PDC insisten en que votarán No a la investidura de Rajoy pero que están “dispuestos a hablar” con el PSOE. Está por ver cuándo volverá a tensarse la cuerda, cuando en septiembre Puigdemont afronte su cuestión de confianza y, quizá, tenga que hacer más concesiones a la CUP para salvarla.

 
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