Los Seals españoles
El Ejército de nuestro país cuenta con unidades especiales como la que envió Washington para acabar con Bin Laden. Los más conocidos, los boinas verdes, fueron los que desalojaron a los marroquíes de Perejil.
Los Grupos de Operaciones Especiales (GOE) conforman la unidad más dura, aguerrida y disciplinada del Ejército de Tierra, incluso por delante de la Legión. A los integrantes de los GOE se les conoce en la terminología castrense como los guerrilleros -como recuerdo de sus precursores en la Guerra de la Independencia contra los franceses- o boinas verdes, y son lo más parecido que tiene el Gobierno español para llevar a cabo una operación similar a la que acabó con la vida de Osama bin Laden en Abbottabad (Pakistán).
El nivel de exigencia física y psíquica dentro de los GOE es tal, que en su momento fue uno de los poquísimos destinos que se vetaron a las mujeres tras el ingreso de estas en las Fuerzas Armadas, en 1988. Esta anomalía se subsanó hace unos años y los GOE, en la actualidad, los forman alrededor de un millar de hombres y mujeres boinas verdes.
Su misión más conocida fue la ocupación del islote de Perejil en julio de 2002, en la que 28 miembros de esta selecta unidad desalojaron a los militares marroquíes que se habían instalado allí. La operación Romeo Sierra culminó con éxito sin disparar un tiro, pero antes de ella, en la década de los noventa, hubo incursiones secretas a cargo de los GOE en Bosnia y Kosovo en las que se realizaron acciones de sabotaje, señalización de objetivos para los cazas aliados y tareas de espionaje tras las líneas enemigas.
Las misiones de los GOE suelen ser encomendadas a pequeños grupos de entre seis y doce miembros, y actualmente hay equipos dentro de los contingentes de Afganistán y Líbano que participan en operaciones especiales de las que no se informa a la opinión pública, según han reconocido fuentes militares a la revista Tiempo.
El Ejército de Tierra creó en 1997 el Mando de Operaciones Especiales (MOE), con base en el acuartelamiento de Rabassa (Alicante), para coordinar a todos los GOE, mientras que la Armada y el Ejército del Aire cuentan con sus propias fuerzas de élite, a las que dan una particular especialización (ver recuadro). Una fragmentación que es criticada por varios analistas militares españoles, quienes piden una unidad conjunta de Tierra, Mar y Aire como la ahora famosa Navy Seal de Estados Unidos que, si bien pertenece orgánicamente a la Marina, en la práctica capta a miembros de los tres ejércitos y cubre todo tipo de operaciones especiales con la más alta tecnología de que dispone Washington en estos momentos.
Duro programa de instrucción.
La estructura del MOE tiene una particularidad que la distingue del resto del Ejército de Tierra: todos sus oficiales están diplomados en la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales de Jaca (Huesca); mientras que la tropa debe superar un variado y exigente programa de instrucción sin parangón, muy distinto al del resto de ramas que hay en las Fuerzas Armadas.
Los GOE están habituados a vivir en plena naturaleza, donde se entrenan al menos diez días de cada mes adaptándose al frío, a la lluvia, a la nieve, a dormir a la intemperie y a caminar en la oscuridad campo a través por barrancos y montañas. Además, los boinas verdes aprenden a subsistir, si es necesario, con recursos naturales como una parte más de su adiestramiento.
El programa de instrucción abarca materias tan dispares como escalada, esquí, buceo, manejo de explosivos, transmisiones, orientación, supervivencia, evasión, tiro instintivo, defensa personal, combate en poblaciones y bosques, así como golpes de mano, emboscadas, protección de convoyes, defensa de puntos sensibles, rescate de prisioneros, obtención de información y guerra de guerrillas.
Para formar parte de un equipo operativo de los GOE hay que superar un curso que tiene tres fases. La primera es de paracaidismo, con un mínimo de seis saltos que se suelen realizar en la base aérea de Alcantarilla (Murcia). Luego llega el curso básico, que sirve para hacer la criba principal y que consta de pruebas de supervivencia, patrullaje, resistencia física y las dos pesadillas que atormentan a cada uno de los aspirantes que quieren formar parte de los GOE: el trato de prisionero y la llamada prueba de la boina verde.
La primera de las dos, como su nombre indica, es una prueba muy exigente en la que se simula lo que a uno le puede pasar si cae en manos del enemigo: comida a cuentagotas, encierro en salas oscuras o con luz artificial durante muchas horas, entre otras cosas. Por su parte, la prueba de la boina verde es una especie de examen final en el que los aspirantes afrontan desafíos durísimos de resistencia física y psicológica.
Sardinas crudas.
La de 1995, por ejemplo, consistió en 41 horas sin apenas descanso en una isla, a la que se llegó tras diez horas de remar en una embarcación, cuya vela tuvieron que construir con un poncho de una tienda de campaña. Ya en tierra, a los participantes se les exigió lanzarse al mar desde un acantilado de diez metros, comer sardinas crudas y hacer descensos en cuerda con una pesada mochila a cuestas. Aquellos que superan el curso básico y el de paracaidismo pasan a otro avanzado, de medio año de duración, en el que se prima el trabajo en equipo en condiciones extremas. La edad media de los miembros de los GOE está entre los 23 y 27 años, aunque desde el Ejército se insiste en que los candidatos no tienen que ser superdotados. “El comando se hace, no se nace”, es uno de sus lemas.
La reputación de los GOE trasciende nuestras fronteras ya que forman una de las cuatro mejores unidades de operaciones especiales dentro de la OTAN, solo por detrás de las de Estados Unidos, Reino Unido y Francia.



