Los partidos se aprietan el cinturón

31 / 03 / 2016 Luis Calvo
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La caída de ingresos por los malos resultados electorales obliga a los partidos a mirar con lupa sus cuentas. 

El empeño de Izquierda Unida durante los primeros días de la legislatura para formar grupo parlamentario en el Congreso no solo tenía que ver con la representación política y los tiempos de debate. Tras las maniobras de la formación, fallidas a la postre, se encontraba una razón mucho más mundana, el dinero. Concretamente los dos millones de euros que la formación gastó en el mailing electoral, la principal partida del presupuesto de campaña, y que el Estado solo devuelve a aquellas formaciones que consiguen conformar grupo propio. Esos dos millones, de por sí un agujero para un partido relativamente pequeño, se unen a la caída de ingresos que ha provocado el desplome de la formación en los comicios de 2015. Cada escaño, nacional o autonómico, y cada concejal que han perdido son un recorte de músculo económico para IU, que calcula que en total ha perdido durante este año el 40% de sus ingresos. Y sin ingresos no puede haber gasto. La coalición, que para colmo tiene que afrontar el pago de una deuda multimillonaria heredada de anteriores legislaturas, ha pedido a militantes y cargos públicos que arrimen el hombro y en lo posible aumenten sus aportaciones a la coalición. Ni con eso será suficiente. La formación ultima en estos días un ERE que afectará a cerca del 60% de la plantilla, es decir, a tres de cada cinco trabajadores.

Es una situación que afecta en mayor o menor medida a todos los partidos que hace solo cuatro años se repartían el espacio político, copado ahora por los emergentes. El caso más evidente es el de UPD, del que han salido todos sus trabajadores y cuya estructura se mantiene sobre los escasos cargos públicos que aún conserva. Pero también PSOE y PP sufren los rigores del presupuesto.

Los socialistas están ya acostumbrados. Hace cuatro años, tras el fiasco electoral que provocó la segunda legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, ya tuvieron que apretarse varios agujeros el cinturón. Entonces los socialistas pasaron de 169 diputados a solo 110 y se dejaron por el camino varios Gobiernos autonómicos. El recorte fue brutal. Los socialistas tuvieron que prescindir de 123 personas, la mayoría (100) a base de prejubilaciones, pero también despidos y bajas voluntarias. En total, el 40% de la masa salarial. En 2015 han recuperado algunos Gobiernos regionales, pero su peso en el Congreso sigue bajando. Esta vez hasta los 90 diputados. La caída supone perder parte de las subvenciones que reciben todos los partidos por cada escaño y voto siempre que los sufragios se hayan traducido en algún representante. De hecho, el presupuesto para 2016 de los socialistas baja después del incremento que registró entre 2014 y 2015. Pasa de poco más de 49 millones de euros a menos de 41 millones. El recorte es especialmente significativo en recursos humanos, donde se reduce de 18,3 millones de presupuesto a 16,7 millones, casi un 9% menos. Eso no implica despidos, sino que refleja el traslado de algunos de los profesionales del partido a labores de Gobierno o institucionales.

El caso de los populares es una incógnita. Aunque la pérdida de peso municipal, autonómico y nacional es evidente y conlleva una reducción drástica de los ingresos, todavía no se conocen sus presupuestos ni en el partido desvelan si la nueva situación económica obligará a emprender recortes en sus sedes. La formación, además, está zarandeado por cada vez más casos de corrupción que ponen en duda el origen de buena parte de sus fondos, tanto los de campaña como los estructurales, y que podrían complicar su salud financiera.

El fantasma de las elecciones

 Es precisamente en un momento de inestabilidad económica generalizado cuando unas nuevas elecciones podrían causar más daño a las cuentas de los partidos. El desembolso que supone la campaña, aunque cubierto en parte con subvenciones, supone un esfuerzo que puede descuadrar por completo sus balances. Y en este caso también afecta a los partidos emergentes. Podemos y Ciudadanos, que tienen la ventaja de no contar todavía con el peso de las estructuras que tienen los otros partidos, carecen, sin embargo del músculo financiero de sus competidores. Los de Iglesias nunca han pedido créditos bancarios ni reciben cuotas de afiliados. Se financian a través de donaciones voluntarias y microcréditos. Durante 2015 devolvieron los relativos a las campañas municipal, andaluza y catalana. Tienen pendientes los de las generales, por lo que les resultaría complicado volver a apelar a sus simpatizantes.

En el caso de Ciudadanos, sí solicitan créditos bancarios, pero estos se conceden en parte en función de las expectativas electorales. Con unas encuestas que aseguran una cosa y la contraria, a los de Rivera les puede resultar complicado volver a negociar financiación para sus campañas. Pero el peor caso sería de nuevo el de IU, aplastada por las deudas y a la que le resultaría muy complicado que le volvieran a conceder suficiente dinero para pelear en las urnas. Todos llegan, en resumen, ahogados a una nueva cita electoral. Una razón más, el bolsillo, por la que ponerse de acuerdo en que haya, de una vez por todas, Gobierno.  

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