Los documentos inéditos de la Guerra Civil
Tres cuartos de siglo después, ‘Tiempo’ publica importantes documentos sobre la contienda que nunca antes habían visto la luz.
Setenta y cinco años después del comienzo de la guerra civil española, el 18 de julio de 1936, aún puede descubrirse documentación relevante que no se ha publicado antes sobre estos acontecimientos. Los bombardeos de ciudades y fusilamientos formaron parte de los episodios más trágicos y con más repercusión dentro y fuera de España. En ellos, el papel del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) era crucial. Hoy pueden rescatarse algunos de los documentos clave que esta institución neutral con sede en Suiza ha mantenido inaccesibles en su archivo de Ginebra durante más de 70 años y que traspasó a España en 2008. Los archivos se encuentran hoy en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca y aún no han sido explotados a fondo por los historiadores, según el parecer de la directora de este centro, María José Turrión.
Además, entre los papeles privados que Franco guardó durante años y cuyas copias también solo son accesibles desde hace un año en el archivo de Salamanca, se encuentran documentos tales como un resumen del número de prisioneros en los campos de concentración al finalizar la Guerra Civil. Tal como se puede comprobar en este documento, la cifra asciende concretamente a 177.482 personas, y eso solo entre las que estaban bajo el control del Ejército de Operaciones del Centro.
Uno de los documentos más relevantes del archivo del CICR y que nunca ha sido publicado hasta ahora es una lista con 973 prisioneros que fueron sacados de la Cárcel Modelo de Madrid y que acabaron siendo fusilados en Paracuellos. Se trata de uno de los episodios más negros ocurridos en el bando republicano que aún hoy es motivo de fuertes polémicas.
La historia de la lista 208.
El CICR la clasificó como la Lista 208. Los delegados de esta institución en Madrid realizaron una investigación sobre esta saca y descubrieron las fosas donde habían sido enterradas las víctimas, en los alrededores de Paracuellos. Los documentos y la investigación del Comité Internacional de la Cruz Roja se vieron envueltos, además, en un episodio novelesco. El delegado del CICR, Georges Henny, volaba hacia Ginebra para informar de estas matanzas ante la Sociedad de Naciones, el precedente de la ONU. El conocimiento internacional de las mismas en aquellos meses iniciales de la guerra podría haber hecho cambiar de forma radical la imagen del bando republicano fuera de España. El avión donde volaban los documentos con el delegado del CICR, identificado con bandera francesa (neutral), fue derribado en su vuelo hacia Suiza. El bando republicano informó en un principio de que había sido abatido por cazas franquistas. Posteriormente otros testimonios señalaron que, por el contrario, el derribo había sido provocado por cazas republicanos. Los ocupantes del avión, que resultaron heridos, quemaron algunos documentos en tierra, no se sabe si por el frío de la noche del 8 diciembre en la que sufrieron el ataque o por temor a las represalias de las que pudieran ser víctimas si les encontraban con información tan delicada.
Hoy, sin embargo, el largo listado de los 973 prisioneros puede estudiarse después de décadas durante las que ha sido inaccesible. En folios con el anagrama del Comité Internacional de la Cruz Roja con sede en Ginebra, la delegación de Madrid, que entonces se encontraba en el número 55 de la calle Abascal, recogió la “relación de los reclusos conducidos fuera de esta prisión [Cárcel Modelo] durante los días 6, 7 y 8 de noviembre de 1936”. Por orden alfabético se pueden seguir los nombres de aquellos prisioneros, entre los que se puede encontrar, por ejemplo al político conservador Ricardo de la Cierva Codorniu, padre del historiador Ricardo de la Cierva. De la Cierva Codorniu se había afiliado a Falange y en ese momento trabajaba de abogado para la embajada de Noruega. Las pesquisas de esta legación diplomática para encontrar a su empleado fueron también clave para destapar este episodio. En la lista se encuentran otros nombres relevantes, como el de Carlos Stuart Falcó, duque de Peñaranda y hermano del duque de Alba o Federico Primo de Rivera Cobo Guzmán.
Una nota manuscrita en francés en varios folios con el membrete del CICR, que antecede al listado de presos, explica el contenido de este documento. Según señala, se trata de los hombres arrestados en Madrid al declararse la Guerra Civil en julio. “Los días 6, 7 y 8 de noviembre de 1936 –señala el documento– estos 973 hombres fueron sacados de la cárcel Modelo y sus cuerpos encontrados unos días más tarde en los alrededores de Madrid (Paracuellos de Jarama?)” (sic). A continuación, explica que el CICR recibió contestación a sus demandas realizadas a las autoridades republicanas sobre el paradero de algunos de los presos. La contestación, según transcribe, fue la siguiente: “Habiendo sido trasladado en fecha 6 al 8 de noviembre 1936 de la cárcel Modelo de Madrid, y no teniendo noticias de su llegada a destino, ignoramos si le ha sucedido alguna desgracia o si se encuentra oculto”. El listado, según afirman otros documentos explicativos del CICR, es un documento diplomático fruto de las gestiones de esta institución para conseguir la identidad de las personas que fueron conducidas fuera de la Cárcel Modelo de Madrid.
Por su parte, Franco tenía en su poder un documento que resume los prisioneros que estaban recluidos en campos de concentración en el instante de terminar la guerra realizado por el Ejército de Operaciones del Centro. La relación aparece fechada en “Toledo, 5 de abril de 1939. Año de la Victoria”. Solo cuatro días después del famoso parte que proclamaba el fin de la Guerra Civil, y suma un total de 177.482 prisioneros.
Estadísticas de condenados a muerte.
También tenía a su disposición resúmenes estadísticos de los detenidos y condenados por fuerzas falangistas y de requetés, uno de ellos de un total de 1.521 personas. Igualmente recibía y guardó entre sus papeles informes estadísticos sobre la represión, con gráficos sobre el número de detenidos, procesados y fusilados. Así puede observarse en una Auditoría del Ejército de Ocupación de la Plaza de Bilbao. Solo en las plazas de Bilbao, Santander y Santoña, según este resumen, había en aquel momento 27.221 procesados. El informe desglosaba los diferentes fallos judiciales. Destacan las 405 penas de muerte que recoge que fueron dictadas en Bilbao hasta el momento de elaborar el informe, las 523 de Santander o las 439 causas falladas con pena de muerte en Santoña. Unos fríos gráficos resumían los resultados y los cargos y descendió al detalle hasta realizar uno específico sobre sacerdotes. Entre ellos, 792 habían sido sometidos a información. Tres ya habían sido condenados a muerte.
Franco tuvo en sus manos un libro de claves descubiertas al ejército republicano. Si uno de los episodios más destacados en la Segunda Guerra Mundial fueron los esfuerzos de Inglaterra por descifrar los mensajes de la Alemania nazi y de su famosa máquina para encriptarlos llamada Enigma, en la guerra española también se produjo un caso similar. Y Franco estuvo al tanto. Entre los papeles del dictador se encuentra un cuaderno que, curiosamente, está manuscrito. Se titula Claves descubiertas al Ejército Rojo y lo firma José María Íñiguez Almech, decano de la Facultad de Ciencias de Zaragoza y jefe del servicio de decriptado del Ejército de Aragón. Sorprende que estuvieran en manos del Generalísimo, ya que se desconoce si tenía conocimientos sobre el tema o lo conservaba por otras razones. El experto, famoso entre los criptólogos, pero discreto en su labor académica y profesional en la posguerra, destapa, por ejemplo, el significado de unas claves numéricas que se usan en aviación. Así, el número 61.429 se corresponde con la palabra “bombardeo”, el 61.425 con “víctimas”. En otra página da instrucciones sobre el descifrado de telegramas de la División 32, solo comprensibles para iniciados, y advierte que “el telegrama se transmite en grupos de cinco cifras, siendo falsa la última de cada grupo”.
En cuanto al archivo del CICR, sus documentos sacan a la luz sus gestiones para el intercambio de prisioneros. En un informe que resume los casos más relevantes, aparece su intervención en el intercambio de los hijos y el ayudante de campo del general franquista Goded, fusilado en Barcelona. También intervino el CICR en el intercambio del hijo del general republicano Miaja a cambio de Miguel Primo de Rivera, hermano de José Antonio, el líder de Falange.
El comité con sede en Suiza también intervino en el caso del líder nacionalista catalán Manuel Carrasco i Formiguera, sin éxito, ya que finalmente fue ejecutado por las tropas franquistas. El político catalán, que fue acosado en la Barcelona republicana por sus convicciones católicas, fue detenido en un barco que lo trasladaba a Bayona. El bando franquista lo fusiló finalmente en Burgos, por “adhesión a la rebelión”, a pesar de la intercesión a su favor del Vaticano. El Congreso de los Diputados acordó en 2005 pedir al Gobierno que anulara el consejo de guerra que le condenó.
En el mismo documento que enumera los casos más significativos de prisioneros sobre los que intervino este organismo se encuentra el de Pilar Millán Astray, hermana del general fundador de la Legión, que se encontraba en manos de los republicanos. También se puede encontrar el del líder falangista Raimundo Fernández Cuesta, que fue intercambiado en 1937 por el hermano de un embajador republicano. Además, el CICR intervino en varios intercambios entre soldados de diferentes nacionalidades, como combatientes italianos en el bando nacional, padres de familia, a cambio de la tripulación de los barcos rusos Konsomol y Smidovich, que estaban atracados en la zona franquista al comienzo de la guerra.
Informes sobre bombardeos.
El Comité Internacional de la Cruz Roja realizó numerosas gestiones e informes sobre los bombardeos durante la guerra y las acusaciones de ambos bandos sobre víctimas entre la población civil. En una de estas investigaciones en Burgos, además de relato estadístico, donde se describe un ataque al campo de aviación de “siete aviones que volaban a 3.000-4.000 metros para no ser alcanzados por la defensa antiaérea” y que causó “dos o tres heridos y muertos en Burgos”, el delegado del CICR relata cómo se encontraron envueltos en medio del bombardeo. “Me encontré en la batalla con los quince miembros de la colonia suiza en paseo antes del banquete del primero de agosto. Fuimos literalmente rodeados por siete bombas que cayeron a 300 metros del sitio donde nos encontrábamos, en un bosque que nos protegió de la lluvia de metralla de los obuses lanzados por la defensa y de las piedras proyectadas por el estallido de las bombas caídas en el lecho del río y en los campos. Pudimos hacer una amplia recolecta de restos todavía en llamas y vimos los siete enormes agujeros hechos por las bombas, que tenían un grueso calibre”. Luego, continúa el informe, “para evitar la excitación, los periódicos han recibido la orden de no decir ni una palabra de este ataque” que además habría afectado a más localidades.
Los documentos del archivo privado de Franco que se encontraban en manos de la familia del dictador desde su muerte aportan una visión inédita de la guerra. Durante este tiempo el historiador Luis Suárez ha sido prácticamente el único que ha tenido acceso a ellos. Solo desde hace poco más de un año los documentos son de acceso público en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, con lo que pueden ser estudiados sin que intermedie la visión del citado historiador, que es el autor de la definición de Franco en el diccionario biográfico de la Real Academia de la Historia que acaba de protagonizar una fuerte polémica por tratar con condescendencia la figura del dictador.
Entre los documentos que guardó Franco entre sus papeles privados se encuentra una carta manuscrita que el teniente Alfonso del Oso Romero le envió poco antes de ser fusilado y en la que explica el fracaso del levantamiento militar en Bilbao en 1936. El militar franquista escribe a Franco: “Mi general: Puse todo mi empeño en responder al requerimiento de VE, fecha 20 de Julio; no me acompañó la suerte y por causas que VE conocerá al ocupar Bilbao el Ejército liberador, no pudo ser realidad lo que era mi vehemente deseo. Dentro de una hora, aproximadamente, voy a ser fusilado por esta amalgama vasco-roja y sólo le pido a Dios conservar la elegancia de gesto precisa para enseñar a los rojos cómo se muere por un ideal”.
También guardaba Franco como recuerdo copias de sus primeros despachos y circulares. El 20 de julio hacía pública una circular dirigida “A toda España” animando al alzamiento: “En pie todos; no vaciléis; energía y firmeza”, decía en su primera línea. Franco envía también un despacho el 20 de julio en el que da instrucciones a todos los militares que se sublevan para que incorporen a voluntarios y militares retirados y alumnos de academias militares a las unidades. La represión está diseñada desde el comienzo. En su despacho, Franco ordena: “Organizarán campos de concentración con los elementos perturbadores, que emplearán en trabajos públicos, separados de la población”. Igualmente guardó el radiograma del coronel Solans, comandante accidental de Melilla, en el que da cuenta a Franco del triunfo del alzamiento militar en esa ciudad. Franco lo celebra en su contestación: “Gloria al heróico ejército de África. España sobre todo. Recibid el saludo más entusiasta de estas guarniciones que se unen a vosotros y demás compañeros de la península en estos momentos históricos. Fe ciega en el triunfo. Viva España con Honor”.
Los documentos manuscritos de puño y letra de Franco adquieren más valor porque existen pocos en sus archivos privados. Menos aún son los que tienen que ver con la Guerra Civil. Entre esos pocos se encuentran una notas manuscritas sobre operaciones militares en Cantabria. Franco analizaba en ellas las diferentes alternativas tácticas para caer sobre Reinosa y rodear a las tropas republicanas. En una de ellas reflexiona: “Envueltas y sin salida las fuerzas enemigas que ocupan la bolsa, se rendirán con la desmoralización consiguiente y se liberarán unidades que deben avanzar a establecerse”. En otras notas, para preparar otros ataques posiblemente en Barcelona, aconseja: “No bombardear ni destruir los depósitos de combustible ni el arsenal, pues desde ellos no cabe defensa y convendría salvarlos”. También pueden encontrarse los partes en los que se comprueba, en los últimos momentos de la guerra, el desmoronamiento del bando republicano. Uno de estos informes del cuartel general de finales de febrero de 1939 destaca que “es de notar que la información no causa en campo enemigo, ni en el frente ni en la retaguardia, la actividad a que darían lugar los preparativos de un enemigo dispuesto a resistir”.


