Los desarmadores de ETA

03 / 04 / 2017 Clara Pinar
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Un sindicalista, un viticultor, un ecologista y un activista por los derechos humanos son los cuatro franceses que confirmarán el desarme de la banda terrorista ETA el próximo 8 de abril.

Urkullu informó a Rajoy de los planes de desarme en una reunión secreta en La Moncloa a mitad de marzo. Foto: Juan Manuel Prats

El pasado 14 de marzo, el lendakari, Íñigo Urkullu, acudió en secreto a La Moncloa para entrevistarse con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. La cita se había gestado apenas unos días antes, a través de un mensaje de móvil que el primero envió al segundo. Tenían que verse, le vino a decir, porque había algo importante en relación con ETA que debía contarle. Rajoy rápidamente hizo un hueco en su agenda y así, hace poco más de dos semanas, escuchó por medio del presidente del Gobierno vasco que ETA estaba dispuesta a desarmarse de manera definitiva. La banda, le contó Urkullu a Rajoy, estaba dispuesta de entregar a la Justicia francesa información de la ubicación de sus arsenales a través de un grupo de civiles. Desde entonces, las cosas han cambiado, porque según explica dos semanas después a Tiempo uno de ellos, Mixel Berhokoirigoin, “en el escenario actual, no seremos nosotros los que transmitamos la localización del arsenal”, aunque los “contactos” con “todas las partes” siguen en marcha y todo puede volver a cambiar. “Sabemos que tenemos una responsabilidad y por eso queremos que este desarme tenga lugar y que se haga en buenas condiciones. Estamos buscando esas nuevas condiciones”, decía diez días antes de la fecha fijada

Nadie parece saber qué ocurrirá el 8 de abril. Lo único asumido por todos es que en Bayona habrá una concentración de apoyo al desarme, que se espera numerosa, y a la que asistirán dirigentes de Bildu, empezando por Arnaldo Otegi, y también el presidente del Ipar Buru Baztar, del PNV vascofrancés, Pako Arizmendi. La discreción es máxima en torno a la información que se facilitará sobre los arsenales, por parte de quién y quién la recibirá, puesto que una semana antes el Estado francés rehusaba desvelar su grado de implicación.

El 8 de abril es también la fecha en la que se dará por concluida la misión que hace alrededor de un año y medio se fijaron tres respetados miembros de la comunidad aberzale del País Vasco francés, el Iparralde euskaldún. “Hicimos un grupo [para hablar] de cómo podríamos ayudar a desbloquear la situación”, explica en conversación telefónica con Tiempo Mixel Berhokoirigoin, dueño de una explotación ganadera de tamaño familiar en Gamarte. Los otros dos miembros vascofranceses del grupo son el agricultor vinícola Mixel Bergougnan y el sindicalista de ELA y activista ecologista Jean Noël (Txetx) Etcheverry. Los tres son personas de reconocido prestigio, labrado en luchas agrícolas y sindicales y con una probada oposición a ETA, aun en los tiempos en lo que adoptar esta posición no era nada fácil en un territorio que hasta los años 90 del siglo pasado fue un santuario donde los etarras huidos de España eran considerados refugiados y se movían a sus anchas. “Son muy conocidos aquí”, dicen desde la organización del PNV en el País Vasco francés. “Pertenecen al mundo del aberzalismo pero desde hace mucho tiempo han estado en contra de la violencia de ETA. No estaban bien vistos por ETA porque han trabajado aquí por que la gente no caiga en la violencia”, añaden las mismas fuentes. Paradojas de la vida, en el proceso de desarme que debería culminar el 8 de abril, se han visto convertidos en mediadores entre ETA y el Gobierno francés.

También fueron detenidos, en diciembre pasado, cuando se encontraban en una casa en Louhossoa, cerca de Bayona, con nueve fusiles, 12 metralletas, 29 pistolas y diverso material explosivo. Según informó el Ministerio del Interior, la operación supuso un “nuevo golpe contra los arsenales de ETA”. Según contaron ellos cuando poco después quedaron en libertad, su intención era inutilizar con sus propias manos lo que dijeron que es el 15% de las armas que ETA aún tiene en su poder y grabarlo para llamar la atención sobre la necesidad de acometer del desarme. Por eso, fueron arrestados también dos periodistas que se encontraban en la casa con ellos. Como ocurre en las operaciones antiterroristas, fueron trasladados a París y cuatro días después fueron liberados con cargos por posesión de armas pero no con el de pertenencia a banda armada, que les fue levantado. Fueron recibidos por cientos de personas a su llegada a Bayona e investidos con el título de “Artesanos de la Paz” por medios aberzales como el diario Gara o Mediabask.

El cuarto integrante del grupo de civiles del desarme, Michel Tubiana, francés y presidente de honor de la Liga de Derechos Humanos (LDH), con sede en París, es un habitual participante en foros sobre el fin de ETA y conoce a los otros tres desde hace años. A él la detención de diciembre no le pilló por poco. “Efectivamente, yo tenía que estar allí [en la casa], pero frente a las informaciones que dio el Gobierno español y asumidas por el francés, yo no estaba”, recuerda a Tiempo un experto en mediación de conflictos y ajeno a la Comisión Internacional de Verificadores que en 2014 escenificó junto a miembros de ETA una especie de desarme, difundida en todo el mundo por la BBC y que terminó siendo un fiasco (ver recuadro en la última página). Sí tiene experiencia en negociaciones de paz con el Gobierno francés, a quien se dirigen ahora estos civiles para hacer efectivo el desarme de ETA, porque actuó como abogado de una de las partes en la independencia de Nueva Caledonia de Francia en 1988.

Tubiana, en nombre de la LDH, es el componente exógeno de un grupo formado por un sindicalista y activista ecologista ligado en su día con Abertzalean Batasuna (el equivalente a Aralar en el País Vasco francés), un líder sindical agrícola y un viticultor. Ellos son las caras de un desarme con unos términos confusos.

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