Los desafíos del futuro Gobierno en el exterior
España debe tener voz propia en la UE ahora que muchos piden revisar el acuerdo de Schengen y debe participar en la coalición contra el EI. En Latinoamérica, que vive grandes transformaciones, debemos contribuir al desarrollo
La palabra incertidumbre resume los resultados de estas elecciones. No se sabe quién va a gobernar, ni siquiera si se podrá formar Gobierno. Estamos ante un ajedrez endiablado, sin embargo son muchos los desafíos en los que España tiene obligaciones en el agitado, tenso y violento paisaje internacional. Empecemos por la Unión Europea. Siempre se dice que la UE es política nacional, pero conviene reconocer que en los últimos años pintamos poco como actores activos. Según la opinión generalizada, somos los alumnos más aplicados de Angela Merkel y seguimos las recetas de Bruselas para la salida de la crisis, que han generado un rosario de dolores y desigualdades. Ahora, varios países del Sur, entre ellos Italia, Portugal, Francia y Grecia, critican los deterioros, entre ellos la desigualdad, que han provocado las políticas calificadas de austericidio. El Partido Popular, si es que consigue formar Gobierno, carecerá de la fuerza necesaria para limitarse a gestos de resignación ante Europa, la presión de los otras fuerzas políticas imposibilitará la aceptación de los dogmas de Bruselas y sin duda tendrá que unirse a la búsqueda de la salida de la crisis a través de políticas económicas más expansivas.
Europa también se encuentra ante un nuevo problema de corte humanitario de una envergadura hasta ahora desconocida: los refugiados. El Mediterráneo se ha convertido en el mar de la muerte. La imposibilidad de sobrevivir en una de las guerras más crueles de la historia como es la de Siria y otras de menor intensidad, pero ciegamente brutales en Irak, Afganistán, Libia, el Yemen y Sudán están arrojando sobre el continente europeo millones de desesperados. Europa no tiene una política de acogida que haga frente a este desafío y ha ido endureciendo su postura a medida que pasaban los meses. La señora Merkel, que en un principio pronunció y ofreció palabras, gestos y promesas de acogida en Alemania y pidió al resto de países que prepararan cuotas de recepción, ha endurecido su discurso ante la presión interna de su partido y ahora pide el control a la entrada de migrantes. Dentro de la Unión han aumentado las voces que aducen el terrorismo para pedir que se replantee Schengen, el tratado que desde hace veinte años permite la libre circulación de los ciudadanos europeos en un continente sin fronteras. Por su parte, David Cameron ha decidido negociar nuevas condiciones para seguir en Europa y planteará un referéndum en su país para decidir si el Reino Unido continúa en el viejo club. Ahí, también España debe tener voz.
En Latinoamérica se están produciendo seísmos políticos que configuran un nuevo rostro político del continente con el que España tiene vínculos históricos. Hay un hecho que será el gran motor de este cambio: en las relaciones de Cuba con EEUU se está produciendo un giro profundo que desembocará en unas relaciones normales, dicen Barack Obama y Raúl Castro. El fin del bloqueo está cerca.
La gritona política bolivariana de Nicolás Maduro ha perdido estrepitosamente las elecciones parlamentarias, que han sido un clamor contra el chavismo y por muchas maniobras que haga Maduro para mantenerse no podrá dar un golpe de Estado, y si lo da, le será imposible mantenerlo. En Argentina, el peronismo charlatán de Cristina Fernández ha perdido las elecciones, lo que conducirá a una nueva formulación de América Latina que cambiará las relaciones con Washington. España debe estar presente, son muchos los intereses que tenemos en esas latitudes, que deben contribuir al desarrollo de esos pueblos.
Oriente Próximo y el EI. El gran generador de tensiones, terrorismos, guerras y violencia es el llamado Estado Islámico (EI). En su origen se llamó Organización para el Monoteísmo y la Yihad, se basaba en una interpretación rigorista del Corán siguiendo el wahabismo que domina en Arabia Saudí, que les apoyó. Muchas de sus mezquitas se construyeron con el apoyo financiero de Riad y se pagaron a los imanes fundamentalistas que las gobernaban. Una completa esquizofrenia, ahora Arabia Saudí acaba de poner en marcha una coalición de 34 países suníes para luchar contra el EI. Destruirlo se ha convertido en un imperativo para todos y por supuesto para Occidente, al que se ha unido Moscú.
Conseguir la paz en Siria es el desafío medular para imponer una convivencia pacífica en la zona. De esto están convencidos Europa, Washington y Moscú, pero difieren en los métodos de la transición. Moscú quiere que se haga contando con el carnicero Al Assad, a lo que se niegan Washington y Europa, que parece que descartan el envío de tropas de tierra, las deben poner los árabes. En esa coalición debe estar España con los medios que se negocien.


