Los caprichos de Monzón en Indra
El presidente de la compañía durante más de 22 años se llevó un restaurante a la sede principal para que le preparasen sus platos preferidos. El equipo de cocineros será incluido en el ERE de la empresa tras su polémica salida
El 8 de julio se celebró en Indra el día de inversores con Fernando Abril-Martorell y el resto de la nueva dirección de la compañía al frente. Atrás quedaba la etapa de Javier Monzón en la empresa más importante de tecnologías de la información de capital español. Más de 22 años en los que este último había logrado transformar una empresa pública del antiguo Instituto Nacional de Industria (INI), creada en 1992, en una de las más punteras a nivel internacional en su sector. Tras su salida recibió una indemnización económica de 16 millones de euros.
Abril-Martorell anunció ese día que Indra preveía hacer aflorar este 2015 pérdidas extraordinarias de 395 millones de euros por desviaciones en los costes, aunque muchos de los asistentes se quedaron impactados por la cocina de última generación que había en la habitación de al lado donde se impartía la conferencia.
“¡Qué bien os cuidan en Madrid!”, dijo uno de los invitados a un directivo de la compañía, ante la sorpresa de encontrarse una cocina de grandes dimensiones en el centro de una de las salas de la zona noble del edificio. “¿Lo dices por esto? En realidad, es el restaurante de Monzón”, contestó el aludido.
Una única comida. La historia de esta cocina viene de unos años atrás, después de que Monzón quedase muy contento con la comida que pidió en un restaurante de la capital. En vez de volver a degustar las exquisiteces culinarias en este sitio, el presidente de Indra decidió contratar a todo el equipo de cocina del restaurante. Tras ponerles a nómina de la empresa, se los llevó a la sede principal para que le preparasen sus platos preferidos y, eventualmente, los del resto de altos directivos. Los nuevos empleados firmaron encantados el contrato de Indra pues pasaron de elaborar a diario decenas de platos para un buen número de comensales a meterse en unos fogones bendecidos con los últimos avances tecnológicos a cambio de preparar, la mayoría de los días, un único menú, el del citado Monzón.
Este capricho culinario se vino abajo con la salida del presidente en enero. Su destitución se produjo tras la entrada de Telefónica en el accionariado de la multinacional, en la que el Estado sigue siendo –a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI)– el accionista mayoritario con el 20%.
La consecuencia de la salida de Monzón fue que los fogones se apagaron y el equipo de cocina espera ahora a ser incluido en el ERE que afectará a 1.750 trabajadores de la empresa de aquí a finales de 2016. Indra cuenta en la actualidad con 40.000 empleados, de los que la mitad están en el extranjero.
Monzón sobrevivió a tres presidentes del Gobierno (Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero) gracias a los beneficios de la empresa y a amistades personales como las del rey Juan Carlos. “Se comportaba como un hombre poderoso e influyente al frente de una compañía estratégica, con programas importantes de seguridad para Interior y Defensa”, reconoce a esta revista un ex alto cargo de Zapatero.
Jet privado. Tal condición le llevó a adquirir en 2010 un jet privado mediante un contrato de leasing –alquiler con opción de compra–, por el que Indra pagaba un canon anual de unos dos millones de euros por el arrendamiento en exclusiva del aparato. Lo más grave, según fuentes de la compañía, es que dicho contrato se hizo sin conocimiento ni permiso del consejo de administración, lo que supondría un grave fallo de los controles internos y las auditorías externas.
El aparato, un Gulfstream G200 de 19 metros de longitud y equipado con baño, vestuario, acceso a Internet, teléfono, fax, cocina equipada con todo tipo de lujos, lector de CD y DVD... pasó a manos del futbolista Cristiano Ronaldo después de que Indra cancelase la renovación del contrato de leasing. Tras el escándalo, Abril-Martorell y el resto de miembros del consejo de administración decidieron desposeer a Monzón del cargo de presidente de honor, un título no remunerado pero que le seguía dando un cierto estatus dentro de la compañía.
Fuentes sindicales de Indra subrayan a TIEMPO que durante las más de dos décadas en las que Monzón estuvo al frente de esta empresa tecnológica apenas se le conocieron gestos de ostentación y riqueza, más allá de tener un elevado número de secretarias y ayudantes de dirección, o de aprobar la polémica mudanza del centro de Madrid a la periferia norte (ver apoyo de la izquierda). Sin embargo, la caída en desgracia del presidente fundador de Indra ha sido tan rápida como las malas noticias para la compañía. Por ejemplo, estas elecciones del 20-D serán las primeras en las que no se encargará de recopilar los datos electorales. Un trabajo que Interior remuneraba a razón de más de 10 millones de euros.
Además, a lo largo del presente ejercicio han aflorado otras operaciones ruinosas para Indra, como la aventura empresarial en Brasil, que se ha saldado con más de 600 millones de euros de provisiones.


