Las caras del tamayazo, una década después
Los tránsfugas más célebres de España no se arrepienten de haber negado su voto al socialista Simancas y haber propiciado el Gobierno de Esperanza Aguirre, pero diez años después tampoco han vuelto a la normalidad desde aquella polémica votación.
"Iba a ser un pulso político diseñado por Tamayo para que nos dieran las cuatro consejerías que nos habían prometido”. Así explica José Luis Balbás, el líder de la corriente socialista Renovadores por la Base, de la que formaban parte Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, que en junio de hace diez años dejaron plantado a Rafael Simancas, que debía ser investido presidente de la Comunidad de Madrid, para pasarse al Grupo Mixto y forzar unas nuevas elecciones que meses después ganaría Esperanza Aguirre. El 10 de junio se cumplen diez años del tamayazo, un escándalo político cuyos protagonistas justificaron por cuestiones ideológicas –su oposición a conceder excesivo poder a IU– y por la ruptura de un acuerdo previo para repartir el poder entre corrientes internas. Sus damnificados, con Simancas a la cabeza, mantienen hoy en día que se trató de una trama que contó con la participación del PP y de constructores madrileños.
Fugaces y turbias reapariciones.
Una década después, sus protagonistas han dejado la política, pero no han conseguido llevar una vida normal fuera de la polémica. Eduardo Tamayo vive fuera de España y María Teresa Sáez convive con la fama no deseada que le dio haberse convertido en una de las tránsfugas más conocidas de España. Por supuesto, todos niegan haber recibido nada a cambio de impedir que el PSOE gobernase y rechazan la teoría de la conspiración que les relacionó con oscuros intereses inmobiliarios que se hubieran esfumado si se hubiera impuesto la intención de IU de cambiar la ley urbanística madrileña.
En todos estos años, Tamayo ha protagonizado fugaces (y turbias) reapariciones en la vida pública. Ha intentado en dos ocasiones volver a la política, con un partido llamado Nuevo Socialismo y con la formación PSD, relacionada con Balbás. Ambos aparecieron en documentos incautados a la trama Gürtel como “un montaje” necesitado de apoyo económico. En 2010 el primero reapareció con la intención de reunirse con Aguirre para hablar de “lo ocurrido en 2003”. Ella se negó y Tamayo volvió a desaparecer. Desde el año pasado cambió el bufete de intermediación urbanística que tenía en Madrid, de capa caída por la crisis, por sus negocios en Guinea en una empresa de construcción de prefabricados. Pasa mucho tiempo fuera del país y desde hace meses solo mantiene contacto telefónico y por correo electrónico con su hijo Eduardo, también abogado, residente en Madrid.
España también se le ha quedado pequeña a Balbás, dedicado en exclusiva a sus negocios de consultoría internacional, que hasta junio de 2003 compaginó con puestos orgánicos en el PSOE de Madrid con el liderazgo de Renovadores por la Base, germen del tamayazo. Además de consultor y auditor, recalca que es “experto” en inversiones en el Magreb, países del Golfo e Iberoamérica y se dedica a aconsejar inversiones, sobre todo a empresas españolas, pero también extranjeras y a “algún gobierno” latinoamericano. Tiene a su nombre otras “siete u ocho” empresas que se dedican a la prestación de servicios como asesoría financiera, legal o consultoría.
En sus ratos fuera del despacho, Balbás es tertuliano de la Cope y de Intereconomía. Pasa entre tres y cuatro meses al año viajando. En España le quedan, dice, muy buenas relaciones “con mucha gente del partido”, aunque ya no con su entonces compañero Tamayo, con quien dice que ya no tiene relación. A pesar de ello, le sigue destacando como “el único abogado” que en 2003 sabía de urbanismo en el PSOE madrileño y que merecía que Simancas le hubiera hecho consejero del ramo. Balbás tiene también un procedimiento pendiente en el PSOE. Como Tamayo, Sáez y otros socialistas implicados en el tamayazo, fue expulsado del partido, decisión que recurrió y contra la que aún espera respuesta para ser readmitido. “Todavía me considero del PSOE”, dice.
Quien no lleva tan bien estos recuerdos es Sáez. La diputada desconocida por todos que siguió a Tamayo en su espantada de la votación de junio de 2003 mantiene una existencia bastante más apesadumbrada por la fama que le dio ese acontecimiento. A pesar de llevar décadas en el partido, de estar casada con otro dirigente y de formar parte de la comisión de ética de la Ejecutiva, Balbás, su entonces jefe en la corriente renovadora, no la recuerda hoy más que como “la chica”, la amiga de Tamayo que en ese momento “no pintaba nada” pero que decidió dar el paso por convicciones personales.
Recuerdos dolorosos.
Diez años después Sáez rechaza el recuerdo de esos momentos tan “desagradables” y tiene muy presente “el maltrato” en la calle y en el trabajo al que fue sometida en los días posteriores al tamayazo, según recuerda su marido, el también exdirigente socialista Enrique Prieto, que en estos días de aniversario actúa como filtro para que su mujer no tenga que enfrentarse a la prensa: “Ella lo pasa muy mal cuando empiezan a rememorar”. Poco después, Sáez recuperó su plaza de funcionaria y empezó a trabajar en el hospital Doce de Octubre como administrativa de la UVI Polivalente. Allí permanece hoy, organizando las historias clínicas e informes en horario de 8 a 15.
Quienes han trabajado con ella afirman que nunca la han oído hablar del suceso, a pesar de que a su llegada al hospital tuvo que tragarse el recibimiento que le hizo otra auxiliar, militante socialista, que en otra personal seña de protesta dejó en su mesa una rosa. “Le sentó fatal”, dice un excompañero, que no recuerda más momentos en los que pudiera relacionarse con su antigua vida política. Otros compañeros hablan de ella como una trabajadora agradable pero “retraída”, cumplidora y poco dispuesta al escaqueo.
No están arrepentidos. Tanto Balbás como el entorno de Sáez insisten en que fue un trastorno para un partido que estaba destruido por luchas internas pero que fue inevitable en protesta por la intención de Simancas de conceder demasiado a IU en detrimento del reparto de poder del 40% a los Renovadores por la Base que Balbás había pactado con el mismo José Luis Rodríguez Zapatero. “Hice lo que me pareció porque Zapatero hizo lo que le dio la gana”, recuerda Balbás, que recalca: “Yo no soy un traidor”. “Fue muy mala cosa para el partido, pero un partido es una serie de voluntades, no puede haber un fascista que imponga”, reflexiona. Su única autocrítica tiene que ver con el “pucherazo” que consintió para que se eligiera directamente a Simancas. “Nunca debía haberse hecho el pacto para quitar las primarias y poner a Simancas”, dice Balbás, cuyo odio por Zapatero y José Blanco no parece haber hecho más que crecer a medida que han pasado los años. Ellos son, a su juicio, los verdaderos “traidores” de esta historia.
La dolida Sáez no se arrepiente “en absoluto”, a pesar de que, según su marido, “ella fue impulsada de manera impensable” a ausentarse de la votación. Frente a las “traiciones” y razones ideológicas contra el “socialismo radical” que suponía pactar con IU, el quizá principal damnificado, Rafael Simancas, presidente frustrado, insiste aún en que “fueron razones contantes y sonantes”. “Lo llevo diciendo años y aún nadie ha tenido el valor de querellarse contra mí”. A su juicio, el tamayazo fue una operación encaminada a torcer el rumbo de la política, la economía y de la sociedad madrileñas. “Los ciudadanos no querían un modelo de burbuja inmobiliaria, especulación y privatizaciones. Quizá ahora no tendríamos el paro que tenemos o la sanidad y la educación contra las cuerdas”.
Simancas insiste en que el PP estaba “en mitad de la tormenta”. Aunque personas relacionadas con Renovadores por la Base aseguran, sin pruebas, que hasta Aguirre conocía lo que iba a ocurrir, uno de los populares más expuesto en aquellos días fue el ex secretario general del PP madrileño, Ricardo Romero de Tejada, que, como otros protagonistas de aquellos días, está “totalmente out” de la política, dicen en el PP, donde dejó de ser dirigente en 2003. Considerado el “hombre de Rato” en la zona norte de Madrid, Romero de Tejada fue alcalde de Majadahonda y hoy reside “discretamente” en Torrelodones. Pero sí ha mantenido su vinculación con el PP, puesto que durante años ha sido consejero de Caja Madrid y después de Bankia. Recientemente ha comparecido ante la Audiencia Nacional para declarar en la instrucción que se sigue sobre la salida a bolsa de la entidad.
“Alguien hablará”.
Aunque admite que no puede probar nada, Simancas cree que las evidencias son tan abrumadoras que resultaría ridículo negarlo y se queja de que la Justicia se negara a investigarlo. “Hubo una instrucción clara del fiscal general del Estado Jesús Cardenal a la Fiscalía de Madrid para que no se hiciera nada. Ordenó que no se investigara y se trabajó para cegar todas las vías de investigación”, recuerda. Destaca los negocios particulares de Tamayo: “Está haciendo negocios en Guinea Ecuatorial con un dinero que no se sabe de dónde sacó. También tiene que explicar cómo ha mantenido un gabinete de intermediación urbanística vivo en Madrid. Es bastante evidente de dónde venían esas intermediaciones”.
No pierde la esperanza de que tarde o temprano alguien ceda y cuente lo que pasó. “Habrá deserciones. Alguien hablará y se podrá probar todo lo que digo”, sostiene.



