La pesadilla de Gürtel hecha realidad

17 / 10 / 2016 Javier Otero
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El primer gran juicio de la red de corrupción coincide con un complicado escenario político

Si todo hubiera sido normal, a estas alturas del año 2016 podría haber un Gobierno, ya fuera del PP como otro alternativo. También habría pasado casi un año desde la celebración de las últimas elecciones. En este escenario, el primer juicio importante sobre el caso Gürtel no tendría grandes consecuencias electorales. Sin embargo, todo ha sido distinto a lo esperado en el calendario político. El juicio coincide con negociaciones para una investidura y con la posibilidad de una convocatoria de terceras elecciones sobrevolando el ambiente.

Desde que se realizó la investigación del caso, cuando el sumario judicial acumulaba cientos de tomos, los socialistas, personados también como acusación, no creían que este caso de corrupción tuviera repercusión electoral. Eran los tiempos en que Alfredo Pérez Rubalcaba estaba al frente del PSOE. Luego, con Pedro Sánchez, comenzaron a cambiar algo su manera de pensar.

Crisis

 Ahora que el juicio del caso Gürtel coincide con un ambiente político muy caliente, los socialistas, inmersos en su crisis interna, pasan de puntillas. El portavoz de la comisión gestora del PSOE, Mario Jiménez, lo dijo bien claro al iniciarse el juicio: “No merece la pena aportar más”. Más contundente ha sido el presidente de la gestora, Javier Fernández, quien ha señalado que el caso no puede servir para “construir una barricada ética, moral o de los buenos” que “impida hablar con los malos”, señalando al PP.

Mientras, la Fiscalía ha conseguido sus primeras victorias, ya que el tribunal no ha admitido las peticiones de nulidad de las defensas, que argumentaban que el caso estaba viciado por las escuchas telefónicas del primer juez instructor del caso, Baltasar Garzón. Una parte de estas intervenciones telefónicas, realizadas en la conversaciones de los abogados con algunos imputados encarcelados, terminaron con Garzón, que fue condenado y expulsado de la carrera judicial.

El PP, por su parte, ha recibido un duro revés. A esta formación política se le piden responsabilidades como beneficiaria de los fondos que sustrajo la trama liderada por Francisco Correa. Los populares intentaron conseguir un cortafuegos y que la responsabilidad quedara limitada a sus formaciones locales. Sin embargo, la Fiscalía hizo valer su punto de vista, que señala a todo el partido como beneficiario de estos fondos.

Entre los primeros testimonios se encuentran algunos de los más difíciles de digerir, como el del empresario García Pozuelo, que admitió haber pagado sobornos a la trama para conseguir adjudicaciones públicas. Por delante, las declaraciones de los principales encausados, entre ellos el presunto cerebro de la red corrupta, Francisco Correa, o el extesorero popular Luis Bárcenas, contienen el grueso de la información que puede resultar más perjudicial para el PP.

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, no tendrá que acudir a declarar. Al menos por ahora, como ha decidido el tribunal. Sin embargo, la ristra de testigos que pasarán durante el juicio pueden contaminar el escenario político. Son 32 sesiones para 39 acusados.

Entre los testigos desfilarán también  nombres señalados del Partido Popular como Francisco Álvarez Cascos, Ángel Acebes, Rodrigo Rato (que simultáneamente se enfrenta al juicio por las tarjetas black de Bankia), Jaime Mayor Oreja y Javier Arenas. El Partido Popular va a soportar que las noticias de un proceso de negociaciones para la investidura o un escenario preelectoral rivalicen con los testimonios del caso Gürtel y la posibilidad de sufrir sorpresas desagradables si los principales acusados deciden tirar de la manta como estrategia para pactar con la Fiscalía una reducción de penas. 

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