La multinacional de Burgos de los Antolín

22 / 07 / 2015 Miguel Cifuentes
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Avelino y José, dos hermanos mecánicos, fundaron un imperio de componentes del automóvil. Ernesto, la segunda generación, gobierna un grupo presente en 27 países. Factura más de 2.000 millones de euros con 15.000 empleados.

Ernesto Antolín, nuevo presidente del grupo, tomó el testigo de la gestión en la remodelación del pasado febrero.

Esta es la historia de dos mecánicos de Burgos capital, dueños de un pequeño taller de reparaciones de vehículos y maquinaria agrícola. El taller se llamaba Avelino Antolín e Hijos. Corrían los años 50 del siglo pasado cuando diseñaron una pieza novedosa, una rótula de dirección de los coches, más resistente y segura, de más duración. Es el inicio de su colaboración con fabricantes españoles de la época como Pegaso, Barreiros y Fasa Renault, cuando España no era ni la sombra de la gran fábrica de coches que es hoy. Entonces cualquier mejora o hallazgo en un país carente de todo podía ser fuente de riqueza.

Así, de modo casual, gracias a la audacia y la intuición, dos mecánicos con mono ponían los cimientos de un grupo empresarial, lo que es hoy, 60 años después. Se llamaban Avelino y José y eran los hijos de otro mecánico, también llamado Avelino Antolín. Han conseguido algo insólito: ser proveedores de techos, asientos e iluminación de los principales fabricantes de coches del mundo. Son suministradores de grandes grupos automovilísticos norteamericanos, europeos y japoneses. Hoy se encuentra al frente ya la segunda generación, Ernesto y María Helena Antolín. El presidente ejecutivo es Ernesto Antolín, hijo y sobrino de los fundadores, Avelino y José. Hace cinco meses que es presidente, puesto en el que ha sustituido a su tío José. Lleva el timón de la multinacional, a la que ha dado proyección internacional en los últimos 20 años desde su puesto de vicepresidente ejecutivo, a la sombra de su tío José.

Ernesto Antolín, el gestor.

El año 1995, tras la súbita muerte de su padre, Avelino, con poco más de 30 años, Ernesto Antolín es nombrado vicepresidente del grupo. Entonces inicia una andadura cuyo objetivo es colocar Antolín-Irausa en el top ten del ranking mundial de la industria auxiliar de componentes del automóvil. Licenciado en Derecho, con formación empresarial, empezó a trabajar en Antolín con 26 años, desde abajo, pasando por todos los departamentos. Su padre y su tío tenían claro que debía hacer carrera desde abajo y empaparse de la empresa, sin privilegios ni protecciones.

En ese momento el grupo facturaba apenas 200 millones de euros, con una plantilla de 2.000 empleados en un puñado de países. Se le puso a prueba haciéndole responsable de la implantación de la primera fábrica en Chequia. Fue la prueba del nueve de la expansión internacional ya que apenas tenían presencia mundial. Ernesto Antolín Arribas, de 50 años, políglota, casado, dos hijos, es el autor de la internacionalización. Medios de la empresa subrayan que “si los fundadores tenían en la cabeza que había que estar pegado a los clientes, los fabricantes de automóviles, Ernesto tenía la formación y el conocimiento, los idiomas, para andar por el mundo. Los fundadores tenían limitaciones en su formación y conocimiento de idiomas, Ernesto no tiene ninguna, habla cuatro idiomas y su prima María Helena Antolín Raybaud, vicepresidenta, de 49 años, dos hijos, tampoco las tiene. Habla tres idiomas y no tiene carencias en ninguna de las dos facetas. Se formó en Estados Unidos en un máster empresarial y está muy bregada”.

Hay un dicho en su tierra natal que retrata a los Antolín: “en Burgos nos atrevemos con todo”. Este dicho se usa a menudo en la patria de El Cid, el guerrero medieval que ganaba batallas después de muerto. El periodista Luis Ángel de la Viuda, un referente del burgalesismo, lo emplea con frecuencia para subrayar la determinación que se gasta en esa tierra.

De Burgos son también los fundadores de Campofrío, una multinacional cárnica y de embutidos, la famosa familia Ballvé, o Méndez Pozo, el constructor, dueño del imperio periodístico Promecal, con emisoras de televisión y diarios en Castilla y León y Castilla-La Mancha. También son burgalesas las hermanas Dancausa, Dolores y Concha, consejera delegada de Bankinter y delegada del Gobierno en Madrid, respectivamente.

De Burgos al mundo.

Hoy el Grupo Antolín-Irausa es una multinacional de la industria de componentes del automóvil. Factura más de 2.000 millones de euros, con más de 15.000 empleados en 25 países. Tiene 120 fábricas repartidas por Estados Unidos (9 plantas), China (14 factorías), Alemania (en 11 ciudades), Europa del Este (7 plantas en Chequia), Rusia, Centro y Sudamérica, India ,Tailandia y Sudáfrica. Trabaja o ha trabajado para más de 45 marcas, para la mayoría de las grandes marcas mundiales del automóvil. Sus clientes principales son hoy por ventas Ford (que supone el 18,9% de su producción), Volkswagen (18,3%), Renault Nissan (15,2%), Fiat-Chrysler (11%), Daimler–Mercedes Benz (5,3%), y la Hyundai-Kia, con el 3,9% de sus ventas.

De su facturación total, el 51,1% corresponde a techos de automóvil; el 31,2%, a puertas; el 9,3%, a asientos; y solo el 7,4%, a la iluminación. En el sector de techos para automóvil Antolín es el fabricante número uno del mundo. La fabricación de este componente de las carrocerías empezó en los años 70 del siglo pasado y aunque parezca un producto menor no lo es en absoluto. Existe una cierta minusvaloración de los componentes de interiores, pero los fabricantes de todo el mundo saben que el consumidor mira también la confortabilidad, tanto como el motor o las prestaciones. “En un automóvil también se vive, aunque sea en movimiento. La comodidad no es irrelevante, de hecho, el comprador lo primero que hace es sentarse y comprobar el panel de mando”, dicen en la firma.

Operación Magna.

El último hito de los Antolín ha sido la reciente compra, el pasado mes de abril, de la división de componentes de interiores de automóvil firma Magna, un fabricante de componentes canadiense que se encuentra entre los líderes mundiales del sector. Con esta operación, Grupo Antolín duplicará su tamaño hasta superar los 4.000 millones de euros en ventas y los 27.000 empleados. Magna es un gran bocado ya que esta firma produce motores y suspensiones de vehículos, y es un referente mundial. Es muy llamativo el que una empresa española se haya atrevido a tanto, y más todavía en un país superindustrial como es Canadá.

Fuentes del grupo señalan que “la operación se ha podido financiar gracias a la solvencia del grupo con una emisión de bonos al 5,125% y un crédito sindicado por 200 millones de euros, en el que están doce bancos españoles.

Pero el camino no ha sido solo de rosas. También ha habido momentos duros en los que han tenido que bregar con todo tipo de dificultades para salir de España. Para ello, a poco de llegar a la vicepresidencia, y con poca presencia y operaciones del grupo en Estados Unidos, Ernesto Antolín visitó a todos los fabricantes y los convenció de que sus suministros eran mejores, y que con ellos podían hacer también mejores productos que los que hacían hasta entonces. El “pequeño empresario español”, como le llamaron en Detroit, les dejó con la boca abierta. Así, en mayo de 2014 se inauguró la décima fábrica en
 Estados Unidos, en la que se producen 6.000 te-chos de automóvil diarios. Hay productos Antolín hoy en día en uno de cada tres coches fabricados en EEUU, y la facturación de la firma en ese país supone el 30% del grupo.

Si la penetración en el mercado de Estados Unidos fue dura, más lo ha sido entrar en Asia. Tuvieron que pelear mucho, buscando socios y apoyos. En 2007 este mercado apenas suponía el 1% de las ventas, y hoy es el 14% del total. En China tienen 14 fábricas, y el grupo está instalado en India, Corea del Sur, Tailandia y Japón. La presencia en Japón y Corea es todo un atrevimiento, ya que son dos potencias del automóvil de primer orden. En Japón está el fabricante número uno del mundo, Toyota, líder indiscutible en los últimos años.

Las claves del éxito.

Grupo Antolín tiene dos claves para su éxito: la proximidad de sus fábricas a los grandes constructores de coches en todo el mundo, y su apuesta por el I+D. La compañía invierte el 3,1% de las ventas en Investigación y Desarrollo, tiene 800 ingenieros y ha crecido en I+D por encima del 40% en los últimos cuatro años. El grupo no quiere perder el tren en la innovación, ya que los contratos de suministro dependen en buena parte de mantenerse permanentemente vivo en un mundo en continuo avance. El sector del automóvil se mueve a velocidad vertiginosa: “Salen los avances en motorización, prestaciones, consumos, mejoras medioambientales, pero los componentes también avanzamos al mismo ritmo”, dicen en el grupo.

A buena velocidad crece también su plantilla y para ello basta con un dato: en 2014 Antolín aumentó su plantilla en España el 4,5%, lo que supone el doble que la tasa de crecimiento del empleo el país.

Antolín es muy fiel a sus orígenes. La cultura de la empresa es la de una empresa familiar en la que se cuida al máximo a los empleados, “porque son la clave de la productividad y eficiencia que nos exigen los clientes, los más exigentes del mundo, todas las multinacionales del automóvil con fábricas en los cinco continentes”, dice un portavoz de la firma.

La fidelidad a Burgos es total. “No nos hemos ido de Burgos, pese a la tentación de poner central en Madrid. La empresa nació burgalesa y así seguirá de por vida. La familia fundadora lo tiene muy claro”, dicen en la compañía.

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