La maquinaria que dirige De la Vega

20 / 04 / 2007 0:00 Carolina Martín
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El día a día del Ejecutivo está en manos de una treintena de altos cargos políticos y técnicos con escasa proyección pública. Al frente, la vicepresidenta.

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”Secretario vs subsecretario”

María Teresa Fernández de la Vega se ha ganado el sobrenombre de La Apagafuegos del Gobierno y es la mejor valorada de los miembros del Gabinete Zapatero entre los ciudadanos por su proyección pública. Sin embargo, uno de sus trabajos clave en la labor del Ejecutivo está alejado de los focos.

Como ministra de la Presidencia dirige la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios, una reunión semanal previa a la adopción de acuerdos en el Consejo de Ministros, donde se debaten las iniciativas del Ejecutivo y se deciden los temas que verán los ministros y el presidente unas semanas más tarde. En estos cónclaves, a los que asisten 36 altos cargos de los ministerios, es donde la vicepresidenta “se remanga y entra a fondo en los temas”, explica uno de los asistentes; es donde ejerce su “autoridad, entendida como prestigio por su calidad y competencia”, resalta uno de sus colaboradores; donde “pone firmes a todos. Ahí tiene el bastón de mando”, afirma un mitercero, que al igual que sus compañeros pide que se mantenga su anonimato. En definitiva, es donde se fijan las líneas de actuación del Gobierno y De la Vega toma la última decisión.

La autoridad

Casi todo son parabienes al referirse al papel de De la Vega como directora de estas reuniones. La mayoría coincide en resaltar el rigor.“Tiene imagen de fría y dura, pero su característica principal es la rigurosidad”, señalan sus allegados. Otra de las cualidades que resaltan en su entorno es la capacidad para lograr acuerdos y solventar los roces que surgen en el debate de las iniciativas. “Siempre toma cartas en el asunto, da la pauta y se reúne con quién corresponde”. A veces el proceso es a la inversa y la vicepresidenta es receptora de llamadas de los ministros para que intermedie y desbloquee alguna iniciativa. Subrayan además, la “faceta dinamizadora” de la vicepresidenta. Poco amante de la burocracia, trata permanentemente de agilizar los procesos e impulsar iniciativas. Como destacan sus colaboradores, “tiende a poner en marcha al que se relaja. No deja que nos aletarguemos”. Más de un enfado se han cogido en algún ministerio cuando la vicepresidenta “les ha puesto las pilas”.Y no faltan las quejas, principalmente, por las largas jornadas laborales y las críticas, por el “férreo control”que ejerce en todos los temas.

Aunque no son frecuentes, también los fallos han provocado más de una situación incómoda. La más reciente, la concesión de la Gran Cruz de la Orden de San Raimundo Peñafort al abogado Manuel Cobo del Rosal. La Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios se la concedió y unas horas más tarde, cuando el entonces ministro de Justicia López Aguilar tuvo noticias, se esfumó. Se eliminó la condecoración del índice verde. Los errores son raros, pero suceden.Y en todos los Gobiernos. El secretario ejecutivo de Comunicación del PP, Gabriel Elorriaga, que asistió a esas reuniones durante los ocho años de Gobierno de Aznar,aún recuerda cuando, siendo Álvarez-Cascos ministro de la Presidencia, llegó al Consejo de Ministros un tema sobre el que no había acuerdo: “Montó tal bronca que no volvió a ocurrir”. Entre otras cosas, porque el trabajo del ministro de la Presidencia es garantizar que lo que llega los viernes al Consejo de Ministros no es polémico.

Segunda línea

La treintena de altos cargos, alejados del escrutinio público a diferencia de los ministros, asisten a la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios y ponen en marcha la maquinaria gubernamental.Tienen trato directo con la vicepresidenta De la Vega y acumulan un buen número de competencias, ordinarias y extraordinarias. Los secretarios de Estado son, oficialmente, los número dos de los ministerios y los subsecretarios, que están a la cabeza de la estructura administrativa, son los número uno en organización.

El profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Pompeu Fabra Carles Ramió señala que, desde el punto de vista interno del ministerio, manda mucho más el subsecretario: “Son los reyes de la cocina; tienen un cargo con poder y sin el escrutinio de la opinión pública”. Pero desde el punto de vista legal, el número dos es el secretario de Estado. El politólogo reflexiona sobre la necesidad de esta figura para repartirse el trabajo mediático y el de carácter estrictamente político: “La dimensión hacia el exterior no la puede tener el ministro en todas las parcelas de su ministerio porque es un trabajo muy complejo. Los secretarios de Estado les ayudan. De ahí que sean claramente conocidos como viceministros”.

Ministerios sin secretarios

A diferencia de la Secretaría de Estado, que es opcional y de reciente tradición en la Administración española, los ministerios deben contar con una subsecretaría por ley. Cinco ministerios han optado por prescindir de la Secretaría de Estado: Agricultura y Pesca, Cultura, Sanidad y Consumo,Medio Ambiente y Vivienda. El resto tiene entre una y cuatro secretarías de Estado, como el Ministerio de Exteriores. La estructura del ministerio determina el perfil de los altos cargos y su funcionalidad. “Cada ministerio es un mundo. Pero históricamente la Comisión ha sido de subsecretarios. Ellos son el alma de la reunión, los que canalizan la opinión de su ministerio y quienes hablan”, explica Gabriel Elorriaga.

Expertos y miembros de la Administración coinciden en que el secretario de Estado ha relegado al subsecretario, sobre todo en competencias políticas. Aunque eso no implica que sus atribuciones sean secundarias. Como explica Ramió, los subsecretarios tienen dos fuentes de poder: “La gestión de la maquinaria del ministerio y su presencia constante en la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios.” Todos son interlocutores de sus correspondientes ministerios ante la vicepresidenta del Gobierno en las reuniones preparatorias del Consejo de Ministros.

Los miércoles, en el edificio INIA de La Moncloa, se reúnen y debaten los asuntos que cada cartera ministerial quiere sacar adelante. Hay iniciativas que presenta el subsecretario y otras el secretario de Estado. Sin embargo, el trabajo comienza mucho antes de la propia reunión para no llegar con el debate abierto a la Comisión. Elorriaga señala como momento clave de su época el café previo: “Éramos convocados a las 9.30, pero llegábamos a las 9.00 para tomar un café en el hall contiguo y tratar temas espinosos, cuando un ministerio no quería aprobar algo importante... Era una ocasión para limar asperezas entre muchos departamentos”.

El contenido de las reuniones de la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios, como el de los Consejos de Ministros, es secreto. En el entorno de Fernández de la Vega aseguran que no ha faltado nunca, ni siquiera por los viajes oficiales. Si ocurriera, la presidencia la detentaría el representante del ministerio con mayor rango, Asuntos Exteriores. A esta cita están convocados 36 miembros: la vicepresidenta, 17 secretarios de Estado, 16 subsecretarios, el director de Gabinete del presidente del Gobierno, José Enrique Serrano, y la directora general del secretariado del Gobierno, Isabel Goicoechea.

Las voces de la Comisión

Fuentes de varios ministerios confirman que todos los convocados suelen asistir puntuales los miércoles porque, más allá de defender sus proyectos, que a veces son conjuntos, las iniciativas tienen efectos colaterales en ministerios distintos al proponente. Según las fuentes consultadas, de entre todos los asistentes los que siempre tienen algo que decir son “los de Economía”, que tienen los dineros. Y de entre los representantes económicos, quien interviene mucho es la subsecretaria, Juana Lázaro.“Es una persona brillante, con personalidad y exquisita en las formas, que defiende muy bien su negociado”, señalan quienes la conocen. Ahora bien, más que por cantidad lo relevante es que “escuchen quienes tienen que escuchar”, como De la Vega. Una de las intervenciones más valoradas en estas reuniones es la del secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, Fran Caamaño. Se ha ganado la confianza de todos, especialmente de la vicepresidenta, por su trabajo y discreción. En esta legislatura ha demostrado su buen hacer en más de una ocasión y la mayoría de las veces en la sombra, excepto con la gestión del Estatuto de Cataluña. Dentro del equipo de Vicepresidencia es de los más apreciados.

Programa electoral

El calendario de asuntos a tratar por la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios en la etapa Zapatero tiene su base en el programa electoral del PSOE y, sobre todo, en su discurso de investidura porque “al no tener mayoría absoluta hay que consensuar con otros”, explican en el entorno gubernamental. A partir de ahí se marcan las prioridades legislativas. Los representantes en la Comisión saben que el orden del día se altera muchas veces ya sea por oportunidad política o por cumplimiento del calendario. Desde que un asunto entra en el orden del día o índice negro, cuando no hay acuerdo, hasta que llega al Consejo de Ministros, es objeto de debate –con objeciones y contestaciones– entre los secretarios de Estado, en los aspectos más políticos, y los subsecretarios, en los más técnicos. En realidad, en la Comisión General sólo se debaten los temas en los que no hay acuerdo previo. Si hay demasiadas cuestiones abiertas cuando se trata en la reunión es probable que se quede sobre la mesa una semana más.

Aquellos en los que sí hay acuerdo, pasan al índice verde o rojo (ver recuadro página 15). Estas reuniones no están exentas de roces entre ministerios, por intromisión, por plazos o por cuestiones económicas. “Los que tienen menos presupuesto, como Sanidad o Cultura, por ejemplo, son los que más problemas pueden tener”, apuntan desde el Ejecutivo. Lo cierto es que la mayoría de las fricciones surgen con Economía. “La pugna con ellos, ya sea en la Comisión General, en la Comisión Delegada de Asuntos Económicos o en el Consejo de Ministros es habitual. Primero dicen que no y luego empiezan a hablar”, señalan las mismas fuentes.

Proyección profesional

Secretarios de Estado y subsecretarios han mantenido tradicionalmente pequeñas batallas internas para defender sus parcelas de poder. Su asistencia a la Comisión General es importante para su propio futuro profesional y quién sabe si un posible ascenso. Por ejemplo, la vicepresidenta ocupó desde 1994 hasta 1996 la Secretaría de Estado de Justicia. En la historia democrática son más frecuentes los casos de viceministros que llegan a ministros que los de subsecretarios. Aunque también los hay, como la ex ministra de Sanidad y Consumo, Ángeles Amador, que fue subsecretaria en ese departamento en 1991. Durante los años del Gobierno del PP, escalaron todos los peldaños el ex ministro de Defensa Eduardo Serra y la ex ministra de Sanidad Ana Pastor.

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