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La lucha contra la contaminación en España

27 / 11 / 2015 Javier Otero
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Madrid toma medidas severas respecto al tráfico por la polución. A Tokio le fue muy bien desterrar el diésel

Una vista de Madrid a las 10 de la mañana este mismo mes donde se puede observar el manto de polución que cubre la ciudad.

Madrid acaba de estrenar la reducción de la velocidad en las vías de acceso a la capital y la prohibición de aparcar en el centro como medidas para paliar la contaminación atmosférica. Barcelona fue la pionera en España, pero solo llegó a reducir la velocidad. Durante años, Madrid ha superado los niveles máximos de contaminación atmosférica establecidos por la Unión Europea, que obligaban a dar información a los ciudadanos y aplicar restricciones. El causante de estas medidas es el dióxido de nitrógeno, un contaminante asociado a los motores diésel. Algunas grandes ciudades han aplicado o van a aplicar drásticas medidas contra los automóviles que consumen gasoil. Mientras, la Unión Europea acaba de relajar los límites máximos impuestos a las emisiones de estos motores, justo después de que saliera a la luz que Volkswagen falseó las emisiones que producían sus coches.

Éxito en Tokio. La capital de Japón, Tokio, ha conseguido que el nivel de partículas finas en la atmósfera, otro peligroso contaminante, disminuya un 55% entre 2001 y 2011 tras haber tomado medidas escalonadas, pero drásticas, contra los vehículos diésel. La iniciativa de Tokio ha provocado que otras ciudades, como París, puedan seguir su ejemplo. Los responsables municipales de la capital japonesa empezaron incrementando los impuestos sobre este combustible. Luego acometieron una campaña bajo el lema “Di no al diésel”, un llamamiento para no conducir este tipo de vehículos en la ciudad y estableció posteriormente límites a los niveles de contaminación permitidos a estos vehículos, combinados con subvenciones para la instalación de filtros. La campaña de Tokio hizo que la venta de automóviles diésel se redujera hasta el punto de que estos suponen ahora menos del 1% del marcado japonés.

La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, se ha fijado en esta experiencia y en otra similar en San Francisco (Estados Unidos) para llevar adelante una campaña que pretende desterrar los vehículos diésel de la capital francesa en 2020, aunque con medidas mucho menos estrictas que las japonesas. En París solo se han atrevido a reducir aparcamientos en las zonas que sufren más contaminación y a ofrecer ayudas para favorecer los vehículos eléctricos y las bicicletas.

Cambio de límites. Las recién estrenadas restricciones al tráfico en Madrid coinciden con el cambio en los límites establecidos para emisiones contaminantes. La Unión Europea ha decidido que hasta finales de 2019 los diésel podrán superar en un 110% los límites actuales. La decisión se tomó tras destaparse el caso de los vehículos de Volkswagen que ofrecían datos trucados en las pruebas que medían sus emisiones contaminantes. El juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno investiga esta manipulación y ha citado a declarar a sus responsables el próximo 10 de diciembre.

España, como otros países, ha vivido en los últimos años una gran expansión de los vehículos con motores diésel. Al principio, estos motores ofrecían la ventaja de un combustible más barato que la gasolina y una mayor eficiencia energética. Hoy el precio de ambos combustibles es similar, pero el menor consumo de los diésel les ha hecho mantenerse en cabeza de las preferencias de los consumidores.

Según explica la asociación ecologista Greenpeace, los motores diésel emiten entre el 10% y el 20% menos de CO2 que los de gasolina, pero las partículas en suspensión que emiten son también causantes del calentamiento global. Los diésel son mucho más contaminantes en lo que se refiere a dióxido de nitrógeno y a las citadas partículas en suspensión. Otros estudios han relacionado la polución producida por los motores o las calefacciones que consumen gasoil con el incremento de las alergias al polen.

La preocupación por los episodios relacionados con la contaminación producida por el tráfico ha coincidido con varios extraños episodios de malos olores en Barcelona, de origen desconocido.

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