La hija secreta de Companys
El líder catalán tuvo una niña en 1930 fruto de una relación extramatrimonial. Montserrat tiene ahora 86 años y reclamará el apellido en los tribunales.
“He llevado el apellido Capdevila durante 86 años, creo que ya es hora de adquirir mi verdadera identidad”. Montserrat Capdevila Bernardó (1930) ha sufrido dos ictus recientemente, pero aún tiene buena dosis de lucidez y el arrojo suficiente para desear dar el paso más importante de su vida: buscar en los tribunales el reconocimiento que nunca tuvo hasta ahora. Para ello, pedirá a los jueces que certifiquen que es hija de Lluís Companys i Jover (1882-1940), uno de los fundadores de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y el presidente de la Generalitat durante los aciagos años de la Guerra Civil. Fue fusilado en 1940 por el régimen franquista en el foso del castillo de Montjuic tras ser capturado por la Gestapo alemana en su exilio francés.
TIEMPO ha tenido acceso al libro La hija secreta de Lluís Companys, que está terminando el periodista Julián Fernández Cruz, en el que se aportan una serie de documentos que acreditan esta presunta relación paterno-filial entre el fundador de ERC y Montserrat, una persona que ha pasado por todo tipo de penalidades a lo largo de su vida, que hoy se mueve en silla de ruedas gracias a la ayuda de su hija Lidia y el marido de esta última, y que se siente “realmente feliz” por todos los que la rodean y la quieren tal y como es: “No por lo que pude ser si mi vida hubiese transcurrido por otros cauces”, según relata ella misma en el prólogo del citado libro.
“Nací de una relación prohibida y no solo en el seno familiar, sino más bien político y económico, en una Cataluña convulsa, preparada para una guerra dentro de una guerra, donde los valores afectivos en mi casa eran una mala compañía. Pero de todo ello me enteré hace tan solo un año, he permanecido 85 años con una venda en los ojos, sin identidad. Jamás entendí aquel odio hacia mi persona, los rechazos, los malos tratos, los desprecios por parte de quienes yo creía que eran mi familia”, afirma con un poso de amargura.
¿A qué familia se refiere? Montserrat nació el 10 de marzo de 1930, pero no está segura que fuese ese día, pues su certificado de nacimiento fue falsificado. En el documento se dice que es hija de Juan Capdevila y Engracia Bernardó, pero esta última en realidad era la hermanastra de su verdadera madre biológica, María Antonia Bernardó Coll (1883-1960), quien por aquel entonces era una mujer que llevaba muchos años separada de su marido, por serle infiel con una vecina, y que tenía 36 años cuando conoció a Lluís Companys.
María Antonia se había casado en 1915 con un señor llamado Ramón Company Rossinyol, que nada tenía que ver con aquel político surgido de la alta burguesía catalana al que conoció en las postrimerías de la dictadura del general Primo de Rivera, concretamente en un mitin que en 1929 dio en Manresa ante un grupo de payeses de la comarca del Bagés. Lluís Companys, por su parte, se había casado en 1910 con Mercé Micó y había tenido dos hijos con ella: María, nacida en 1915, que acabaría en el exilio mexicano tras la Guerra Civil, y Luis, su querido Lluiset (1911-1954), que tan mal lo pasó desde mitad de los años treinta por culpa de una esquizofrenia y que, sin embargo, se salvó de ser capturado por la Gestapo al perderse durante un bombardeo de la aviación nazi. Cuando Companys conoció a María Antonia ya se encontraba muy distanciado de Micó, aunque aún no había conocido a la que sería el verdadero amor de su vida: Carme Ballester, con quien contrajo matrimonio en 1936, tras divorciarse de su primera mujer.
María Antonia guardó en una caja todas las cartas y recuerdos que tuvo con Companys, una persona a la que siempre le persiguió la fama de donjuán y mujeriego, como a otros muchos políticos catalanes de la época. El presidente del Parlamento catalán, Joan Casanova, se había casado con una cabaretera, según recuerda Enric Vila, autor de una biografía que desmitifica al precursor del nacionalismo catalán bajo el título Lluís Companys. La verdad no necesita mártires.
Uno de estos recuerdos que Montserrat y su hija Lidia encontraron recientemente fue un folleto de la Exposición Internacional celebrada en 1929 en Barcelona, en la que se puede leer una anotación escrita a mano en su dorso con el siguiente deseo: “Nos vemos esta semana en Manresa”. La relación sentimental entre Companys y María Antonia Bernardó fue intermitente, ya que el político catalán ingresó en prisión en varias ocasiones y sus quehaceres políticos no le permitían acudir a las citas clandestinas con la periodicidad que hubiese deseado. A veces pasaba una semana entre encuentro y encuentro, en otras el tiempo se espaciaba y los dos se reunían en uno de los llamados “domicilios de amistad” que proliferaban en Barcelona para este tipo de encuentros furtivos. El resultado de todo ello fue el nacimiento de Montserrat en marzo de 1930.
Es en ese momento cuando Lluís Companys, o alguien de su círculo más próximo, entrega 100.000 pesetas de la época (una suma considerable, más de un millón de euros al cambio de hoy) al matrimonio Capdevila-Bernardó para que se hiciera cargo de la niña con el beneplácito de María Antonia, tal y como se indica en una carta que un secretario o abogado del político catalán entregó a esta última.
Una de las incógnitas de esta historia es por qué la madre biológica prefirió entregar a su hija a la hermanastra en vez de quedarse con ella y el dinero. Julián Fernández Cruz apunta una hipótesis: “No quiero disculpar a María Antonia por acceder a ello, pero sí decirte que para su tiempo era muy bohemia y muy libre. Quizás pensó que sería la mejor opción. Lo que la honra es que ella no percibió nada de aquel dinero”.
