La guerra contra los medios de Trump e Iglesias
El presidente estadounidense y el líder de Podemos coinciden en su rechazo a la prensa crítica. Más que enfrentamientos puntuales contra algunos medios, su estrategia es mantener una guerra permanente contra los periodistas.
“No te voy a dejar hacer una pregunta; tú representas las ‘noticias falsas”. Es probablemente la frase que pasará a la historia de la primera rueda de prensa de Donald Trump en la Casa Blanca. Un recién elegido presidente de Estados Unidos, con tono amenazante y un dedo inquisidor, quita la palabra a un periodista que intenta repreguntar. “No sea maleducado, no le daré la palabra”, espeta. En realidad el periodista únicamente quería que el presidente aclarara una afirmación que había hecho minutos antes y en la que calificaba a la CNN –la cadena del informador– como “fracasada pila de basura”.
“Les veo cara de miedo por primera vez a los periodistas”. Aunque por el tono pueda parecer otra de las perlas del magnate norteamericano, el autor de esta frase es en realidad mucho más cercano. La pronunció Pablo Iglesias con una media sonrisa y un tono desafiante en la presentación de un libro hace casi un año en la Universidad Complutense. El líder de Podemos ironizó varias veces con los posibles titulares que podrían salir del encuentro y terminó por cargar las tintas contra un periodista de El Mundo. “Tengo que evitar que me saque un titular del tipo ‘Pablo Iglesias: ‘Vamos a hacer que España se masturbe con nosotros”, para después añadir que “los periodistas están obligados a hablar mal de Podemos para prosperar”. Unos comentarios que molestaron a los informadores, que no dudaron en interrumpir la alocución de Iglesias y plantarle por semejante “falta de respeto”. Son dos escenas entre las que media casi un año y un océano. Y sin embargo, para los expertos, existen notables paralelismos. “Trump e Iglesias utilizan los mismos métodos”, explica David Sarias, experto en Comunicación Política de la Universidad CEU-San Pablo. A su juicio, los dos líderes pecan de populistas, por mucho que uno tienda a la derecha y el otro a la izquierda. Ricardo Ruiz de la Serna, profesor de Comunicación Estratégica en la misma universidad, puntualiza que en ambos casos existen “ataques personales, descalificaciones e intentos de minar la credibilidad de los medios y los profesionales independientes”.
De hecho, los politólogos consideran que el populismo trasciende cualquier opción política en tanto en cuanto se declaran, independientemente de su ideología, enemigos de las élites, que bien pueden ser el establishment que representan los medios de comunicación en Estados Unidos, o la casta, en lenguaje podemita. Un comportamiento que Donald Trump mostró sin tapujos cuando, durante un discurso ante la plana mayor de los servicios secretos, se declaró “en guerra” contra los medios y describió a los periodistas como “los seres humanos más deshonestos de la Tierra”.
Fake News
Durante su primera rueda de prensa, Trump utilizó hasta en ocho ocasiones la palabra “odio” para referirse al tratamiento informativo que recibe. Y desde ese día no hay comparecencia donde no haya un ataque a la prensa que el magnate califica como “enemiga del pueblo”. La expresión fake news (noticias falsas) se ha convertido en la coletilla habitual de sus tuits cada vez que quiere desmentir una información. “No dejes que las fake news te digan que existe una gran guerra interna en la Administración Trump”, escribió no hace mucho. Un latiguillo que le sirve para deslegitimar a quienes le acusan de mantener conversaciones con Rusia o para desmentir las filtraciones de medios como el New York Times o la CNN.
Una muletilla parecida ha encontrado Podemos en la ya célebre #maquinadelfango. El hashtag (etiqueta) surgió para desprestigiar las informaciones que acusaban a Ramón Espinar, entonces candidato a liderar el partido en Madrid, de especular con un piso de protección oficial. “Repugnante la #maquinadelfango para influir en las primarias. No nos domestican”, escribió Pablo Iglesias en su cuenta de Twitter a pesar de que el propio Espinar reconoció públicamente que la información publicada era cierta. Desde ese día el entorno del líder de Podemos reactiva la etiqueta cada vez que considera que una información no les es favorable. Además, lejos del estilo directo y en primera persona de la Administración Trump, las críticas desde el partido morado suelen llegar desde perfiles de personas no vinculadas directamente a Podemos, que en el mundo Twitter se suelen calificar de trolls, y cuyo objetivo es dinamitar el debate. Para Sarias este tipo de mensajes hay que entenderlos como una fórmula que a los políticos populistas les sirve para afianzar ante su electorado esa imagen de salvadores de la patria frente al poder establecido. “Cada vez que los votantes de Trump leen en el New York Times una información contra el nuevo Gobierno estadounidense, de alguna manera se refuerza la imagen del líder”, explica. Es algo muy parecido, a su juicio, a lo que le ocurre a Podemos cuando una información les es crítica. “De alguna manera les sirve para mostrar que no se amedrentan ni siquiera ante los medios y que son una víctima de los periodistas”, añade De la Serna.
Señalar con el dedo
Y para conseguirlo, ambos líderes se esfuerzan en crear mensajes muy directos, a la par que efectistas. Durante la campaña electoral los ataques concretos a medios de comunicación se convirtieron en una constante en los mítines de Donald Trump. “Hillary Clinton tiene un gran equipo. Ahí están los jefes de la NBC, CNN, CBS, ABC, The New York Times y The Washington Post”, aseguró durante la tradicional cena benéfica Al Smith, mientras señalaba uno por uno a los miembros de cada uno de los medios de comunicación citados. Ya como presidente, Trump ha continuado su campaña contra los que considera “medios fallidos”. El magnate tampoco ha tenido reparos en atacar a periodistas con nombre y apellidos, como cuando en un acto imitó a un reportero que sufre artrogriposis, una dolencia que limita la movilidad de sus brazos. El ahora presidente estadounidense se burló de su condición exagerando su voz y moviendo los brazos de manera extraña. Su pecado había sido publicar un artículo explicando que los musulmanes no celebraron los atentados terroristas del 11 de Septiembre.
Sin llegar a esos extremos, Pablo Iglesias ha dirigido buena parte de sus críticas a los medios de comunicación privados. El espacio Maldita hemeroteca del programa de televisión El objetivo (La Sexta) sacaba a relucir un vídeo en el que el líder de Podemos describía a estos medios como un “privilegio de multimillonarios” y aseguraba que el hecho de que los medios sean privados “ataca la libertad de expresión”. Durante la campaña electoral su partido sí propuso algún tipo de regulación para estos medios, aunque nunca llegó a concretarse. Y no solo contra los medios privados. Iglesias también ha cargado las tintas contra algunos de los periodistas que trabajan en ellos. La semana pasada en el televisivo Salvados, durante una entrevista con simpatizantes de Podemos, acusaba a Susanna Griso de “manipulación” durante una entrevista a Íñigo Errejón, y calificaba a Eduardo Inda de “basura informativa”.
Unos mensajes contra medios de comunicación que siempre se ven reforzados por gente de su entorno. Por ejemplo, apenas habían pasado unos minutos de la puesta en marcha del hashtag #lamaquinadelfango, y otros miembros de la cúpula de Podemos, como Irene Montero o Juan Carlos Monedero, ya lo habían incluido en su timeline. En el caso de Donald Trump, costará olvidar aquellos “hechos alternativos” para justificar las diferencias en número de público entre su toma de posesión y la de Barack Obama. Pero además, Steve Bannon, uno de sus colaboradores más estrechos, ha llegado a calificar a la prensa como “el partido de la oposición” en una reciente entrevista en el New York Times.


