La fuerza urbana de Rivera atenaza al PP
Moncloa teme que no quede tiempo para desinflar el suflé de Ciudadanos, que ha cogido impulso tras el 27-S
Desde el 27 de septiembre Génova se esfuerza por transmitir la consigna de que los resultados de las elecciones catalanas no son extrapolables a unas generales. Si bien no les falta razón, esta consulta ha servido, sin embargo, para terminar de encender las alarmas en Moncloa y en el cuartel general popular, que han visto confirmados sus temores de que el buen resultado catalán de Albert Rivera le catapulta para el 20-D. Así, los recientes sondeos de Metroscopia –los que usa Pedro Arriola en sus análisis–, arrojan un práctico empate técnico entre PP, PSOE y Ciudadanos o, lo que viene a ser lo mismo, cercenan la posibilidad del “despegue” popular en el que confiaba Mariano Rajoy.
En los últimos meses, la tendencia del PP marcaba una tímida curva al alza, nada exagerada, pero que permitía ser optimistas sobre la hipótesis de cruzar el umbral del 30% de los votos y, con un poco de suerte, tal y como ha ocurrido en el Reino Unido o Portugal, esprintar para acabar más cerca del 35%, aún insuficiente para gobernar sin apoyos, pero sí para hacerlo desde una posición de mayor fuerza.
En cambio, del análisis de los resultados catalanes y de su proyección a las generales, los populares han sacado dos conclusiones inquietantes para sus aspiraciones electorales: Ciudadanos puede conseguir “una muy buena representación en los grandes núcleos urbanos” pero, además, “minar las posibilidades del PP en las circunscripciones más pequeñas”, según admiten fuentes populares.



