La culpa
03 / 03 / 2017 Luis Algorri [Foto: Javier Etxezarreta/Efe]
San Sebastián
Vamos a ver. Es un fenómeno provocado por el viento, cuya fricción sobre la superficie del agua produce un cierto arrastre que da lugar a rizaduras. Son muy pequeñas y apenas se ven, pero obstaculizan al viento todavía más y van aumentando de tamaño hasta que entran en acción los culpables: la fuerza de la gravedad y la tensión superficial, que hacen que entre ola y ola haya profundos valles. Cuando se aproximan a la costa, los obstáculos del fondo cambian esa dinámica y pueden provocar fenómenos devastadores. Quiero decir que la culpa no la tiene Trump. Al menos, no en este caso. Bien: no del todo, caramba, no del todo.
