La crisis ajusta las clases sociales

18 / 06 / 2013 11:10 Clara Pinar
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La recesión económica provoca situaciones de difícil encaje en la tradicional división de la sociedad.

La crisis está provocando la aparición de situaciones y de perfiles sociales que no se corresponden con las clasificaciones sociales tradicionales y que afecta especialmente a la mayoritaria clase media. Los efectos de la crisis sobre ella han sido analizados en los últimos tiempos desde distintos ángulos: en comparación con otras regiones, cómo le afecta el desempleo o la desigualdad por recortes en educación o sanidad.

Las conclusiones van desde quienes opinan que el tradicional esquema de clases altas, medias y trabajadoras aún es válido, a pesar del aumento de circunstancias no previstas en esta clasificación, como los parados de larga duración, los hogares con todos sus miembros en paro y las familias que tienen como único sustento la pensión de los abuelos. Hay también quien ve un adelgazamiento de la clase media y alerta de sus efectos sobre la estabilidad política.

La definición de clase media no es sencilla. Estados Unidos utiliza el criterio de los ingresos, pero el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) constata que en un 50% de los casos se suelen dar cifras más bajas que las reales y cruza el dato de los ingresos con otras variables como formación y ocupación. Así, salen dos tipos de clases medias: la vieja clase media, donde se ubican propietarios de pequeños negocios y trabajadores autónomos de cuello azul y la nueva clase media, que incluye a administrativos y trabajadores del sector servicios.

“El problema es que es fácil entender quiénes son los ricos y quiénes los pobres, pero la clase media es algo más amorfo”, explica el catedrático de Sociología David Reher, que incluye en ella a personas “que tienen una casa en la sierra y pueden viajar al extranjero” pero también a quienes con su ausencia han vaciado los comercios y los restaurantes. Estos, dice, son “indicios” de que la crisis está golpeando especialmente a la clase media, que es también la que ha sufrido recortes de salarios que han disminuido su nivel adquisitivo. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la renta disponible de las familias lleva cayendo desde 2010 y el ahorro batió el récord a la baja en ese mismo año, el 7,6% de su renta.

“Hay sobre todo una fragmentación social que afecta especialmente a la clase media”, afirma Jorge Calero, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona. A su juicio, lo que está ocurriendo en los últimos años es un desdoblamiento de la clase media, que se está dividiendo entre quienes tienen un trabajo estable y aceptablemente remunerado y los precarios, que alternan el paro con el empleo y tienen sueldos insuficientes. “Los fragmentos se establecen entre la posición que se tiene en el mercado de trabajo y el de consumo”, explica Calero, que confiere especial importancia al factor edad, porque son los más jóvenes los que, dentro de esa clase media, se encuentran en situación precaria. Esta precarización puede hacerles descender de clase, apunta.

Empleo y consumo.

Las diferencias están entre tener acceso al consumo y al empleo o no. Estos últimos forman parte de una clase media “empobrecida” e integrante del grupo de “trabajadores pobres”, aquellos que teniendo un empleo no reciben un salario que les permita salir de la pobreza.

Precisamente los salarios insuficientes son uno de los motivos de las desigualdades que detecta el primer Informe sobre Desigualdad en España de la Fundación Alternativas, que analiza el impacto de los recortes, fundamentalmente en sanidad y en educación, sobre la población. El documento concluye que han empeorado las condiciones salariales: entre 2007 y 2010 el número de trabajadores por debajo del umbral de la pobreza aumentó del 10,8% al 12,7%. Belén Barreiro, directora de este estudio y exdirectora del CIS, considera que esta última institución ofrece una información “bastante rica” sobre la estratificación social, aunque apunta que “es cierto que haría falta afinar más en las categorías”. No sería la primera vez. En el Reino Unido, un estudio de la London School of Economics y la Universidad de Manchester ha dejado atrás las tres categorías tradicionales –clase alta u opulenta, media y trabajadora– para dar cabida a más matices que dividen la sociedad en siete clases.

Aunque el CIS no tiene de momento intención de cambiar sus parámetros, al término precariato, con el que, en alusión a la voz inglesa, se habla de individuos en esta situación sin tener en cuenta la clase social, se suma el de clase X, que hace referencia a la población que por estar desempleada debería quedar excluida de la clasificación tradicional.

Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) el paro hace tambalearse el esquema de clases. En un reciente informe certifica que “la clase media ha disminuido” en Europa por el desempleo, especialmente grave en países como España. Para Raymond Torres, autor principal del estudio, no se trata solo de un cambio demográfico, también es económico: “Muchas empresas se localizan en Europa porque su clase media era dinámica, estable y con poder adquisitivo”.

Descenso social.

En noviembre de 2012 la empresa de Barreiro, Myword, realizó una encuesta en la que preguntó a los participantes si creían que la crisis económica les había hecho “descender posiciones en la escala social”. Más de la mitad (50,6%) dijo que sí: un 7,3% de la clase media-alta, a la media; un 29,7% de la media, a la media-baja; un 9,5% de la media-baja, a la baja; y un 4,1% respondió que había pasado de la clase baja a “una situación muy delicada, con temor a caer en la pobreza”. Estos cambios de percepción son especialmente sifgnificativos si tenemos en cuenta que, según Reher, la conciencia de clase media perdura aunque su situación se haya degradado. “El pensionista de 70 u 80 años al que le recortan la pensión seguirá pensando que lo es hasta que se muera”, afirma

Si la crisis afecta a las clases sociales también lo hace -a la inversa- el crecimiento económico. Frente a la situación en España, los países de América Latina experimentan un crecimiento que, en el peor de los casos, se sitúa en el 3% anual, que se traduce en parte en un proceso de reducción de desigualdades que también da lugar al florecimiento de una clase media. Reher fue uno de los ponentes en unas jornadas de la Fundación Ramón Areces para analizar la clase media en Latinoamérica en comparación con la recesión europea. En sus conclusiones, Ramón Casulda Béjar, de la Universidad de Alcalá, afirmaba: “Va a surgir una nueva clase media en España por los imperativos de la crisis, como está surgiendo una nueva clase media en América Latina”. 

En España hay colegios que alimentan a sus alumnos porque han constatado que pasan hambre, decenas de miles de personas al año son desahuciadas de sus casas porque no pueden pagar la hipoteca y hasta 300.000 familias sobreviven con las pensiones de sus mayores como único sustento económico, según un estudio de la Fundación La Caixa. ¿Son estas circunstancias propias de un Estado donde, hasta ahora, imperaba la clase media? Barreiro responde que “no, no son propias de la clase media”, mientras que Calero apunta a que estas situaciones demuestran que, igual que parte de la sociedad, el Estado del bienestar –entendido como “la red que protege a los ciudadanos frente a [situaciones relacionadas con] desempleo, sanidad o edad”– también pasa por un momento de “degradación”. “Que el sistema educativo proporcione comida a los niños está bien, pero debería suceder como ultimísimo recurso, porque debería haberse solucionado antes con otros recursos, por ejemplo, con una renta mínima”.

La disminución de la clase media es una “mala noticia para sus integrantes”  para toda la sociedad, dice Reher, que le otorga el papel de estabilizador social porque garantiza las aspiraciones de ascenso social de clases inferiores y los métodos pacíficos para conseguirlo. Calero señala que su división hace que intereses comunes y la solidaridad se sustituyan por intereses propios y se pierda cohesión social. La clase media “tiene importancia sobre el sistema electoral, sobre los partidos. Que haya una fragmentación importante provoca una falta de objetivos comunes y de solidaridad”, advierte.

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